Estimado @aprendizdebrujo:
Es usted muy bienvenido a la arena del debate. Como viejo conocido de mis servicios, ya sabe que la máxima de mi oficio es tratar con exquisita delicadeza a todos mis clientes. Tenga en cuenta, ante todo, que le dedico lo más valioso que tengo, mi tiempo, precisamente cuando más vulnerable me encuentro porque las nubes han tapado la luna de sangre que llevaba días planeando capturar y que he visto como se ha escapado entre mis dedos
.
Antes de comenzar con mi disertación, no quería dejar pasar la oportunidad para decirle que me apena que ese “conocido genio” pueda ser una barrera entre nosotros. Como antídoto, permítame dos recordatorios para perderme el respeto, ya que veo que le gustan mucho las citas:
Montaigne : “Les rois et les philosophes fientent, et les dames aussi”, nos recuerda que reyes, filósofos y damas también defecan; y Marco Aurelio aconseja desnudar las apariencias: “hacer el amor… una breve convulsión y un poco de líquido turbio” (Meditaciones 6.13).
Así que, aunque no nos hayamos conocido en persona, a partir de ahora cuando lea un post mío que le apetezca contestar, intente imaginarme defecando o llegando al clímax durante una sesión de sexo frenético, estoy seguro de que este ejercicio intelectual le ayudará a superar cualquier barrera que se encuentre en su camino.
Respecto al resto de críticas que menciona, las recojo y prometo reflexionar sobre ellas: las relaciones duraderas como la nuestra se construyen poniéndose uno mismo frente al espejo y deconstruyendo el propio ego una y otra vez.
Y ahora, ya que nos encontramos usted y yo en este momento íntimo, permítame mantener su atención durante lo que duren diez latidos para deslizar bajo su puerta un adagio anónimo que me gusta:
La ironía de la vida es que eres una persona distinta para cada quien que se cruza contigo.
Para algunos eres callado.
Para otros no dejas de hablar.
Unos te recuerdan por tu amabilidad,
otros por la vez que te fuiste.
Eres el villano en la historia de alguien,
el héroe en la de otro.
Y para la mayoría
no eres más que un pensamiento fugaz,
un nombre que alguna vez conocieron.
No existes como una sola persona,
sino como incontables versiones de ti mismo,
moldeadas por fugaces instantes de percepción personal.

