Hay algunos artículos en +D tratando del smart beta y otros factores: Estos dos son especialmente buenos.
Cuidado que desde determinados análisis de inversores con tendencia a tener bastante gestión activa no se termina de entender bien que, en el caso de Bogle, muchos de sus razonamientos y predilección por la gestión pasiva no tienen que ver sobre que la gestión activa no pueda aportar valor sino que la gestión pasiva suele tener un mejor equilibrio en cuanto a riesgo. Y de hecho a ello suele dedicar gran parte del libro: COMO INVERTIR EN FONDOS DE INVERSION CON SENTIDO COMUN.
Y no hablo del pequeñito resumen sino del gordo. Hay razonamientos que requieren degustarlos lentamente y darles algo de empaque.
Tiene mucho sentido que un inversor quiera distintos tipos de gestión activa para asumir algo menos de riesgo que la gestión pasiva pura. O formas de gestión indexada que ponderan ciertos parámetros de forma distinta a una mera ponderación por tamaño. No obstante estamos en renta variable y aquí a veces parece que nos olvidamos todos que estamos ante negocios y no ante algo que sea fácil parametrizar su comportamiento.
Y evitando según que tipo de riesgos en según que escenarios es muy fácil que uno termine exponiéndose a otro tipo de riesgo en otros escenarios.
El caso de Seilern creo que es muy significativo. Y no lo digo tanto porque esté pasando una mala época sino por algunas afirmaciones bastante discutibles del propio Peter Seilern en su libro. Eso de las 100 mejores empresas del índice parece fácil pero luego uno termina con carteras de 20 y pocas.
Otro ejemplo significativo son los fondos clásicos de smart beta, por ejemplo los Robeco conservative. Son fondos que tienen tendencia a caer bastante menos que el mercado, pero su concepción del riesgo muy centrada en evitar según que rangos de caídas olvida otras vertientes importantes del riesgo, y ahí suele ser habitual que aunque caigan menos luego su recuperación tiene tendencia a ser también notablemente peor.
Y es que lo complicado del riesgo es que tiene muchísimas vertientes y no suele ser nada fácil medirlo ni interpretar todas sus implicaciones. Otro ejemplo característico son los intentos de carteras de fondos muy descorrelacionados entre ellos. Ahí suele ser fácil tener algún fondo que caiga menos que el mercado cuando este lo haga con mucha fuerza pero se olvida fácilmente que con esas carteras uno terminará también muy probablemente con fondos que caigan mucho más.
Uno estará contento de tener un fondo que caiga un 35% cuando el mercado caiga un 50% pero no tengo nada claro que le compense tener luego otro que caiga un 60% o más en esos entornos.