Libertad y negacionismo

A la hora de poner en consideración los distintos valores que guían o deberían guiar nuestra vida, tenemos cierta tendencia a mirarlos en grado absoluto, en lugar de analizarlos respecto a otros posibles valores e intentar entender donde puede tener sentido aplicarlos y donde posiblemente lo tenga bastante menos o incluso no lo tenga.

Aunque soy escéptico, intento respetar el proceso lógico de aquellos que intentan sumar a Dios en la toma de sus decisiones. No obstante uno puede revisar la cantidad histórica de malas decisiones que se han tomado precisamente por no aplicar adecuadamente lo que puede significar tener en cuenta ese factor y lo que no debería poder significar.

Por ejemplo la manera que uno aplica su concepción de Dios a la hora de decidir el respeto que le merece la vida de otra persona. No creo que tenga sentido utilizar a Dios como excusa para no respetar la vida de otros. Bajo el paraguas que puede otorgar la diferencia de religión, hay quien se siente con el poder de quitar a otros uno de sus bienes más preciados. Como si el mero hecho de creer en algo justificara tomar una decisión donde el mínimo error es funesto.

En inversión también podemos encontrar notables ejemplos de mala aplicación o concepción de ciertas ideas. Aquí unas líneas de uno de los mejores inversores contrarian de la historia (John Neff)precisamente aclarando que el mero hecho de ponerse contrarian como pollo sin cabeza es una garantía hacia el desastre no hacia el éxito.

Una advertencia: no hay que regodearse en el simple hecho de ser diferente. Hay una línea muy fina entre los inversores a contracorriente y los que se dejan llevar por la cabezonería. Disfruto de veras cuando doy con una buena oportunidad , pero soy capaz de reconocer que a veces la gran masa también tiene razón. Al final para obtener la recompensa, tu análisis de los fundamentales debe de estar en lo cierto.

Windsor( su fondo) no consiguó sus excelentes resultados por ir siempre a contracorriente, y a las primeras de cambio. Los inversores a contracorriente tercos e irreflexivos aplican una receta que sólo conduce al desastre. Los inversores a contracorriente inteligentes son receptivos a cualquier idea y añaden a su combinaciópn un poco de sentido de la historia y de sentido del humor.

En el mundo de la inversión, todo es susceptible de exagerarse hasta el exceso, incluso las estrategias a contracorriente.

La posibilidad de elegir aquellas opciones que consideramos más adecuadas para nosotros no debería ser excusa para precisamente no ser muy cuidadoso con el proceso que nos lleva a valorar las distintas opciones, sus posibles resultados y aquellos inconvenientes que pueden conllevar.

Supongo que buena parte de los lectores ya han escuchado hablar multitud de veces de los sesgos cognitivos. No son más que procesos mentales que nos ocurren que nos llevan a confundirnos sobre la tipología de decisión que estamos tomando y a terminar tomando decisiones por motivos equivocados.

La derivada que yo quiero intentar hacer aquí es en que medida se cree uno libre si en realidad su decisión está contaminada por todo tipo de sesgos mentales que le dificultan el proceso de poder tomar aquella decisión que más le conviene. Si nuestro proceso lógico se ve influenciado negativamente por razones que no deberían tener tanto peso, es casi inevitable que donde creemos estar tomando una decisión libre, en realidad estemos tomando una decisión de lo más condicionada por factores que somos incapaces de ver hasta que punto condicionan nuestra toma de decisiones.

Aunque en la filosofía griega, y en otros grandes filósofos posteriores, no aparece la noción de sesgo cognitivo, sí eran de lo más conscientes de que bajo las premisas de partida incorrectas, la supuesta libertad de decisión que tienen no pocas personas, es fácil que se convierta en una fuente de malas decisiones para la propia persona.
La mala aplicación del concepto de libertad les hacía tremendamente vulnerables a aquellas razones que les llevaban a un análisis pésimo de sus opciones reales.

La libertad no debería servir de excusa para hacer más caso de la cuenta a aquellos deseos de corto plazo que pueden tener consecuencias significativamente desagradables a largo plazo. O a ceder en exceso ante miedos, que uno termina combatiendo negando opciones que sin embargo terminan constituyendo parte de las opciones que uno debería valorar.

Comparen el comportamiento de un inversor que decide meterse a fondo en una burbuja mientras dura con su comportamiento cuando ya se ha descubierto el pastel.
Durante la primera parte no es raro que cuando alguien le avisa del posible riesgo en el que está incurriendo, haga referencia a su libertar de elección y, no pocas veces, nos encontramos con afirmaciones sobre que incluso está dispuesto a perder todo el capital que ha metido allí, (dependiendo de la naturaleza de la burbuja).

Parecería que estamos ante alguien que efectivamente ha valorado sus opciones y ha decidido asumir un riesgo con todas sus posibles consecuencias, dado que ha valorado incluso la opción de perderlo todo.

Sin embargo el análisis a posteriori no parece “sugerir” el mismo ejercicio de libertad que parecía el a priori. Aquí nos encontramos con la sensación de haberse equivocado gravemente en los posibles escenarios que se podían dar. En no pocos casos también aparece una necesidad imperiosa de buscar culpables externos que nos hicieron creer lo que no era.

Al final la apelación a la libertad de elección solía esconder una pésima valoración de las probabilidades de los distintos escenarios. Yo iría con mucho cuidado con confundir la libertad de elección con la libertad de otorgar la probabilidad que a uno le da la gana a las distintas opciones que se pueden plantear. Incluso a la posibilidad que se puedan dar opciones que nuestra supuesta libertad de elección está considerando como imposibles dado que no cuadran bien con nuestra visión de la realidad.

Que las cosas no son como nos gustaría que fueran y que nuestra capacidad es limitada,aunque capaz de conseguir grandes logros, no son parámetros que van en contra de nuestra libertad, sino una referencia de como intentar aplicarla sin que nos lleve a tomar decisiones cuyas consecuencias no estamos luego dispuestos a aceptar o decisiones que a posteriori hubiéramos preferido tomar de otro modo.

Buscar procesos de toma de decisiones cuidadosos, con mentalidad abierta y crítica, y con capacidad de incluir consideraciones que nos pueden llegar a incomodar, no es una forma de coartar nuestra libertad sino justo al contrario, una forma de poder luego tomar decisiones libres intentando conocer, con limitaciones claro, cuales son las opciones reales que elegir y sus posibles consecuencias.

Aplicar nuestra teórica libertad para ya de entrada negar opciones que nos disgutan al final lo que hace es conseguir un proceso de toma de decisiones completamente alejado de la realidad. Uno ha sido libre de montarse un cuento de ciencia ficción con poco que ver con la realidad, no de tomar una decisión de forma libre acorde con la situación real.

Aquí yo me andaría con cuidado en hacer exceso de caso a aquellas ideologías, teorías, sistemas de inversión o “influencers” que nos gustan. Si nos ayudan a mejorar nuestra consideración de opciones perfecto, pero en la medida que hacen que demos exceso de probabilidad a unos escenarios y, sobretodo, neguemos opciones bastante más razonables de lo que son capaces de admitir, en realidad estamos “sacrificando” parte de nuestra libertad intelectual para valorar opciones distintas a las que se admiten desde las primeras.

Y recuerden, si algo tienen en común ideologías, teorías, sistemas de inversión o influencers, aunque puedan estar en las antípodas en ciertos aspectos, es una tendencia natural al error que todos solemos compartir. Vamos me parece delicado para un proceso de toma de decisiones, partir en exceso de la infalibilidad de cosas que ya sabemos que tienen tendencia a fallar cuando más se las necesita. No digo que, en no pocos casos, no aporten también cosas buenas, lo que digo es que uno no debería tomar decisiones en base a que no pueden equivocarse, porque lo harán.

Es curioso ver la forma que toman ciertos debates. En lugar de buscar una verdadera confrontación de ideas entre unas y otras teorías, ideologías o sistemas de inversión, en realidad lo que se busca es exagerar las virtudes de las que a uno le gustan, y mostrar una versión degradada de las que no.
Curiosa aplicación de la libertad de elección que más bien parece un intento de contaminar a toda costa el proceso de toma de decisiones para que quede mejor lo que uno ya había decidido a priori que era mejor.

Sin un intento de rigor intelectual en los análisis , los cantos de sirena sobre grandes principios, ya sea la libertad, la igualdad, la fraternidad, la deidad,etc. no dejan de ser precisamente excusas para no afrontar la verdadera magnitud de ciertos problemas.

Ante el miedo que producen ciertos posibles escenarios, parece que hay quien prefiere estar bien calentito al lado de ciertos dogmas. Aunque no deje de poder haber una profunda contradicción ante lo que debería significar dicho principio con la aplicación que hacen que él.

Lo más lamentable es que el hecho de no querer afrontar algo como posible, no sólo no lo impide sino que, en no pocos casos, incrementa la probabilidad de que termine pasando dado que no se empiezan a tomar medidas de cierta contención cuando aún se estaría a tiempo de mitigar precisamente las opciones que terminara ocurriendo. Por no hablar de lo que ya habíamos comentado de la mala asignación de probabilidades realizada por aquellos que negaban más de la cuenta ciertas posibilidades.

No es mi objetivo con el artículo atribuir a otros, procesos de toma de decisiones incorrectos en los que yo también caigo. Más bien es una advertencia general sobre lo fácil que es confudirse y autoengañarse sobre los motivos reales que hay detrás de decisiones que uno cree libres. Y que intentando ser disciplinados y críticos en el proceso de análisis, no estamos perdiendo libertad sino intentando aplicarla allá donde realmente es valiosa.

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Acaba de explicar Ud., de forma insuperable, lo que sucede en la toma de una decisión y los peligros a los que nos enfrentamos.

Tras mirar los números y buscar la información que consideré interesante, compré CAL-MAINE FOODS, uno de los mayores, sino el mayor productor, de huevos frescos en USA.

Por mucho que tengas absolutamente claro la totalidad de aspectos cuantitativos y cualitativos en la toma de una decisión de inversión, siempre hay una pregunta clave, depende, evidentemente, del sector, pero que condicionará a futuro la inversión realizada. La mía, por el tipo de sector, estaba clara: ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? No tuve la menor duda: el huevo.

Sospecho por como va la cotización y las pocas alegrías que me ha dado, que algo afectó la toma de mi decisión, he pensado mucho en ello, lo primero era la gallina, seguro que fue una debilidad, no un error, una debilidad, y es que a mi me gustan mucho, pero mucho mucho, los huevos fritos, con su puntillita, finísima capa de clara cubriendo la yema líquida, huevo de grano, aceite de oliva, pizquita de sal, de atlética gallina aficionada al atletismo sin dopaje, en fin, un huevo frito, no es tan complicado explicarlo. Siempre he pensado que lo anterior es insuperable.

Creo que fue eso.

PD. - Tuve la suerte de tenerle al lado en un encuentro. Lo crea o no, lo primero que pensé es que lo que mejor podía hacer era cerrar la boca y ver por dónde iba el asunto, una cosa es parecer lo que todo el mundo sospecha y otra que piensen que lo eres. Para facilitar la labor, Fabala se sentó en el otro lado. Y fíjese, tras conocerlos e intercambiar unas cuantas opiniones, ambos, sin saberlo, hoy es la primera vez que lo explico, me hicieron cambiar de opinión sobre un curso que había realizado titulado “Sepa cómo poner cara de póker y seguir la jugada” y los 23.000 euros que costó, si, había valido la pena.

Un abrazo, Agenjordi, es un placer leerle.

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Gracias por el texto @agenjordi, es un placer leerle

Esa libertad está condicionada por nuestras creencias limitantes.

Cuantas veces hemos escuchado aquello de “la bolsa es un casino” y a pesar de ello, aquí estamos, invirtiendo nuestros ahorros en la bolsa.
Es probable que muchos estemos aquí (entre los que me encuentro) después de haber cuestionado ciertas premisas sobre la inversión y el dinero que venían de serie en el entorno y la educación recibida.

De todas formas, uno tiene que ser consciente que, la capacidad de identificar un sesgo o creencia, no le garantiza tomar la decisión correcta.

Volviendo a la inversión, uno puede elegir invertir su dinero en RV en base a que históricamente ha sido el activo más rentable, pero también debe tener en cuenta que, en su etapa inversora esa premisa podría acabar no siendo cierta.
Lo que a priori puede parecer una decisión racional fruto de liberarse de ciertos sesgos cognitivos, en la práctica puede convertirse en una mala decisión si no ha ayudado a cumplir ciertos objetivos.

Tampoco hay que creer que uno se ha librado de ciertos sesgos, si en realidad la decisión de actuar de determinada manera está previamente tomada.

Por ejemplo una persona que tiene claro que quiere invertir en RV por la razón que sea.
En este caso, la persona ya sabe lo que quiere hacer (invertir en RV) y es probable que su toma de decisiones esté sesgada para favorecer sus deseos.
Vamos que ha cambiado unos sesgos por otros.

En resumen, uno nunca va a poder librarse de todos sus sesgos o creencias limitantes.
Y aunque es más fácil decirlo que hacerlo, sería recomendable tener presente que nuestro razonamiento podría estar sesgado o limitado de alguna manera.

Y aunque en un primer momento no podamos identificar por donde cojea nuestro razonamiento, el simple hecho de actuar y estar dispuesto a aprender de nuestros errores, nos ayudará a identificar sesgos, liberarnos de creencias y tomar cada vez mejores decisiones.

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Caballero, lleva usted más de un mes registrado, solo ha publicado dos mensajes y casualmente en ambos aparece de soslayo una marca de sistemas de alarma, metida con calzador.

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Yo tengo el sistema de alarmas que me regaló mi amigo Tutankamón y desde que la tengo instalada en una de mis pirámides no he tenido ningún problema. Eso sí que es libertad, porque me molesta que exploradores occidentales quieran husmear en mi propiedad privada.

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