Sobre la especulación

Como de costumbre el objetivo del artículo es un intento de reflexión sobre las actitudes, propias y ajenas, que uno encuentra en la inversión en particular y en la vida en general, sin ánimo de censurar las decisiones de nadie, pero sí de analizar sus posibles motivaciones y sus posibles consecuencias.

Todos somos libres en ciertos aspectos de tomar nuestras propias decisiones, ya sea en materia de inversión o en otros temas más personales. No obstante el problema suele ser si somos consecuentes con las posibles implicaciones de dichas decisiones. Tomar una decisión que a uno le apetecía tomar pero sin asumir, al menos en parte, las posibles implicaciones de la misma, suele terminar sirviendo como autojustificación ante otros pero con unos resultados que uno preferiría no haber tenido que soportar.

Aunque creo que en parte es inevitable, más allá de cierta justificación imprescindible a nivel emocional, se trata de evitar verse en situaciones poco agradables provocadas por decisiones previas que ,tal vez, uno podría haber disminuido sus efectos negativos.

Distinción entre inversión y especulación

No creo que exista ningún criterio infalible para distinguir cuando uno está invirtiendo de cuando uno está especulando. La inversión en sí misma contiene cierto grado especulativo.

Ni siquiera yéndonos a ciertos temas donde hay cierto consenso, vamos a evitar que haya cierto tipo de hipótesis con cierto margen de error. Y dicho margen de error, lejos de estar acotado, puede divergir notablemente.

El mero hecho de considerar que la renta variable rinde a largo plazo un 8-9% puede considerarse con cierta componente especulativa.
Una de las metodologías por excelencia en la valoración de empresas, el descuento de flujos de caja, implica la adopción de unos valores que tienen su componente hipotética.
Y si nos vamos a otras metodologías, incluso se suele incrementar dicha parte de adoptar una serie de hipótesis previas con su grado de error asociado.

No obstante, el proceso inversor, no consiste en evitar dicha componente aleatoria o de incertidumbre, sino intentar gestionarla de forma racional. El inversor no es el que no asume riesgos sino el que intenta gestionarlos de forma coherente.

No creo que exista ninguna frontera clara entre inversión y especulación. Pero precisamente esto obliga a ser incluso más cuidadoso con el proceso inversor. En la parte que uno considerará más racional de su forma de invertir, ya contendrá una parte significativa de especulación. No hace falta tomar decisiones altamente especulativas de entrada, para que uno tenga en su proceso, más parte de incertidumbre de la que le gustaría tener si fuera completamente consciente de ello.

La cuenta especulativa

Suelen aparecer de vez en cuando artículos sobre si es buena idea tener una cuenta especulativa para tomar decisiones más irracionales que el grueso de la cartera de uno.
Alguien alegará que incluso alguien tan centrado en el método inversor como Graham, no veía mal este tipo de decisión.

En mi opinión, el problema es que esta sugerencia puede ser válida para inversores muy curtidos y contrastados, pero no suele ser aplicable a la mayoría. La cuenta especulativa, en la mayoría de casos, suele ser un caballo de troya dentro del propio proceso inversor. Parte de varios errores de bulto.

Da por sentado que el inversor ya tiene muy definido su proceso. La realidad ya sabemos que va por otro lado y, los conceptos básicos inversores, una cosa es que se sepan repetir como quien repite el catecismo y, otra muy distinta, es que se tengan bien asimilados y se sea consecuente con ellos.

El inversor con cuenta especulativa en lugar de dedicar sus esfuerzos a seguir y mejorar la que debería ser la parte principal de su actividad inversora, termina dedicando su tiempo a la otra actividad. Lo comentaremos más adelante, pero se transmite una sensación que invertir racionalmente es aburrido, como si perder dinero fuera mucho más divertido.

El inversor curtido sabe lo variable que puede llegar a ser el mercado. Un análisis de resultados sin un análisis asociado de riesgos asumido, tan habitual en el mundo inversor, puede hacer creer al inversor ingenuo, que su supuesta cartera especulativa funciona mejor que la racional. La tentación de ir moviendo peso de la segunda a la primera, no es algo que todo el mundo va a saber gestionar.
Esos principios que el inversor no tenía interiorizados, aquí le terminan pasando una factura enorme, dado que cree posible soslayarlos.
Cuando uno haciendo tonterías logra mejores resultados que comportándose de forma coherente, termina confundiendo que es y no es tontería, si no lo tenía ya muy claro.

La cuenta especulativa no deja de ser una concesión a la parte emocional de la persona. Sin embargo invertir se trata más bien de dejar que la parte racional sea la que maneje este tipo de decisiones. Manejar hasta que punto se deja actuar a la parte emocional en este tipo de cuestiones, suele ser un proceso largo y difícil. Creo que, con excepciones, la cuenta especulativa es una forma de lastrar este camino inversor y la propia convicción de la necesidad de pasar por él.

Especulación y riesgo

Si la inversión racional no tuviera riesgos, sería muy fácil restringir la medida del riesgo a la parte especulativa. Sin embargo, la parte racional también tiene los suyos.

Aunque quedarse corto a la hora de asumir riesgos (según la definición más tradicional de riesgo) también tiene sus propios problemas, pasarse suele terminar siendo nefasto. El que se pasa, cuando el mercado se revuelve, termina teniendo que deshacer posiciones que ya no puede sostener, sea a nivel emocional o sea por pura supervivencia financiera. No tiene mucho sentido por ejemplo que uno se plantee que en el 90% de su cartera, está dispuesto a tolerar hasta caídas del 35% y luego en el 10% restante no le importe perderlo todo.

Más le valdría asumir que no puede posiblemente controlar que la caída máxima sea del 35% o se vaya más allá, y no creer que se puede permitir el lujo de perder tontamente el 10% restante.

Gastar mucho del riesgo que uno soporta en la parte especulativa, suele ser una pésima forma de administrar el riesgo. Más vale intentar aprovechar el riesgo que uno está dispuesto a asumir para generar rentabilidad de forma consistente.
Veo personas con supuestas cuentas especulativas que en la parte principal de su cartera tienen poquísima renta variable. En mi opinión eso es un error grave. Más les valdría subir la parte de renta variable de su cartera principal, eliminar cuenta especulativa y ver el riesgo en global.

Especulación y probabilidad

Aunque la probabilidad no sea ni mucho menos algo exacto y se mueva en ciertos rangos, en la medida que uno pasa de invertir a especular, suele tener tendencia a exagerar notablemente las probabilidades favorables de lo que acomete.

Esta exageración la encontramos también en el que se apalanca notablemente en lo que sea, creyendo que la probabilidad de algo favorable, convierte en imposible que sucedan hechos con probabilidad desfavorable. Sin estar apalancado, la probabilidad de soportar bien los escenarios negativos, es significativamente superior a si uno los afronta apalancado. Y cuando mayor es dicho apalancamiento, más se complica soportar la aparición de dichos escenarios desfavorables.

Cuidado que hay que diferenciar la probabilidad favorable a un hecho, con las probabilidades de poder soportar el daño de la aparición de los casos desfavorables y el margen temporal para poder soportar los mismos.

En otros casos, aún siendo consciente de la probabilidad desfavorable para el tipo de decisión tomada, se es poco consciente de que la realidad es muchísimo más desfavorable de lo que uno cree. Una probabilidad de 1/3 a favor de lograr una rentabilidad en algo a 3 años vista del 400% y una de 2/3 de perderlo todo, deja una probabilidad promedio de casi el 20% anual. Implícitamente está suponiendo que la rentabilidad promedio de dicha inversión será superior a la media de la renta variable.

Probablemente su error está en suponer que la probabilidad del caso favorable es de 1/3 cuando debería poner en sus cálculos, un valor significativamente inferior. Poner al caso favorable una probabilidad algo inferior que al caso desfavorable, no es hacer un cálculo conservador ni mucho menos. El desconocimiento de según que situaciones hace que determinados supuestos que uno considera conservadores, no lo son ni mucho menos.
Suponer que el caso de Amazon pasa en un 30% de las empresas disruptivas, no es ni un cálculo conservador ni realista. Mucho me temo que incluso el 3% sería un valor excesivamente favorable.

Para los que no les gusta hacer números, también los están haciendo en base de una extrapolación de sus expectativas de rentabilidad. Cuando uno por ejemplo divide su cartera de inversión en la parte supuestamente más racional y la parte más especulativa, cualquier predicción de rentabilidad que haga donde la rentabilidad promedio de la parte especulativa no sea notablemente inferior a la de la parte racional, a largo plazo, peca de un optimismo exagerado y de una clara infravaloración de los riesgos. Diría incluso que en estos casos, el punto de partida más racional para hacer algún tipo de predicción de capital futuro, sería, a largo plazo, considerar que el valor de la parte especulativa es 0.

Como he comentado no existe una línea que defina claramente lo que sería inversión racional de lo que sería inversión especulativa, pero a medida que la especulación especulativa, pasa de ser algo más especulativa que la racional, a muchísimo más especulativa que la otra, no se trata que al inversor que utiliza ese tipo de distinción de inversiones, no le importe perderlo todo en dicha cuenta, es que lo que no le debería importar, para ser consecuente con la misma, es que muy probablemente va a perder la mayoría del dinero de esa parte de su cartera.

Especulación y macro.

En la inversión se tiende a confundir la lógica de una argumentación con una alta probabilidad que se traduzca en el hecho que predice dicha lógica. Al final hay otras opciones distintas que también tienen su lógica. Por lo tanto la probabilidad de la primera opción argumentada será, posiblemente, inferior de lo que sugiere el análisis lógico de la misma. El problema viene de la falta de análisis lógico de las posibles alternativas.

La macroeconomía no es una excepción de ello. Se utilizan argumentos de lo más convincentes si uno los analiza de modo individual, pero pecan de menospreciar otras posibles variables que influyen en el desarrollo de la situación.
Si vamos por la vertiente estadística, que 4 veces en 100 años que hayan coincidido muy pocos factores siempre se haya dado un resultado, sin considerar otras variables, es una correlación mucho más débil de lo que uno cree. Demasiados pocos casos para poder sacar según que conclusiones.

Hay otra derivada importante, y es que en realidad como inversores no estamos intentando predecir el comportamiento macro, sino el comportamiento del mercado, lo cual complica mucho más el tipo de consideraciones realizadas.
Otros actores del mercado ya están considerando el mismo tipo de cuestiones y, por lo tanto, se complica la forma como puede traducirse la predicción de variables económicas a inversión. No se trata solamente que uno esté intentando predecir variables económicas, uno en realidad está intentando predecir como otros actores del mercado están ejecutando el mismo tipo de predicciones.

Tenemos otro ejemplo de como lo que uno consideraría de entrada inversión racional como por ejemplo bajar el nivel de riesgo ante una posible situación de crisis, se convierte en todo tipo de especulaciones asociadas a si los mercados están ya descontando, o no, esa posible crisis y en que medida.

Además se confunde lo que puede tener cierto sentido inversor, como disminuir un poco ciertos riesgos ante un escenario que se puede complicar, con lo que toma un cariz mucho más especulativo que es esperar que el mercado caiga un 50% y por lo tanto sea buena idea un tipo de decisión tremendamente especulativa como es variar mucho el % invertido.

No es de extrañar luego que los que han acertado de lleno cuando han tomado un tipo de decisión tan drástico, yerran las próximas veces que intentan tomar decisiones parecidas.

Otro factor a recordar a la hora de valorar el carácter especulativo de según que tipo de decisiones es que no sólo se trata de decidir cuando salir sino cuando volver a entrar. Acertar mucho una decisión errando completamente la otra, se suele traducir en malos resultados, en este caso. Con lo cual es bastante probable que necesite una tasa de aciertos bastante superior al 50% para rentabilizarlo.

Por no hablar de donde se deja apartado dicho dinero. El efecto contagio suele jugar malas pasadas en las crisis gordas donde activos supuestamente de mucho menor riesgo, pueden estar tocados a nivel estructural, por los factores que han provocado dicha crisis.

Especulación y cambio

Aunque como comentaba, suele ser preferible ser muy cauto a la hora de gestionar riesgos que uno desconoce, cuidado con que la plasmación de los riesgos a largo plazo suele diferir de la plasmación de los riesgos a corto plazo, que al final es lo que miran muchos parámetros típicos como la volatilidad pasada.

Si uno es capaz de ampliar su horizonte temporal notablemente, efectivamente la mayoría de hipótesis cobran un cariz mucho más especulativo que si las analizamos a pocos meses vista. Sin embargo lo que nos interesa aquí es ver como la relación entre posibles alternativas también puede cambiar con un análisis más a largo plazo. Opciones que a corto plazo parecen mucho menos especulativas que otras, si ampliamos el plazo, igual ya lo parecen mucho más.

Uno se sorprende de cambios bruscos, como por ejemplo lo que ha pasado con los tipos este pasado año 2022. Sin embargo con una perspectiva más a largo plazo, debería sorprender menos que los tipos fueran subiendo, dado los niveles tremendamente bajos en los que estaban. Para decisiones a largo plazo como una hipoteca, puede parecer que era bastante especulativo que subirían tan rápido como lo han hecho (había quienes lo anticipaban desde hace más de 5 años), pero sin embargo lo era bastante menos pensar que el hipotecado tendría que asumir en algún momento u otro, niveles de intereses mucho más elevados.

Dado que no nos gusta equivocarnos demasiado, nos centramos en hacer predicciones a corto plazo, pero si esas decisiones pueden pasarnos una factura notable a largo plazo, conviene asumir mayor posibilidad de error si a la larga evita otras posiciones mucho más insostenibles.

El cambio, que nos suele gustar poco, dado que parece alterar las reglas que uno ya consideraba que le funcionaban bien, es una parte ineludible del mundo inversor en particular y diría que de la dinámica del propio mundo en general.
Al que le funciona una inversión o un negocio, le gustaría pensar que eso siempre va a seguir funcionando igual. No obstante hay ciertas cosas que van a cambiar. El peso de los fundamentales a largo plazo no va a cambiar, pero lo que hace que una empresa en particular tenga buenos fundamentales, puede cambiar notablemente. Las dinámicas competitivas no suelen permanecer siempre igual.

Las empresas y los inversores que cierran los ojos a los cambios para creerse que así no especulan sobre el futuro, en realidad están especulando notablemente sobre que no habrá cambios que suelen ser habituales en periodos ya largos, aunque a corto plazo suelen ser mucho más invisibles.

En mi opinión, parte de la rentabilidad de la renta variable viene de beneficiarse del cambio. Aquí no entro si el value, el growth u otros estilos, se beneficia mejor o peor del cambio. Pero la renta variable ofrece una exposición a ese cambio, mucho más favorable probabilísticamente, que creer con que otro tipo de activos conservarán su valor por justicia divina.

Empezar a invertir o empezar a especular

A la vista de lo anterior parecerá que es buena idea, para cualquiera, invertir en renta variable.
Sin embargo, vuelvo a lo comentado con más anterioridad, eso será así en la medida que la persona sea capaz de desarrollar un proceso inversor no demasiado irracional y no caiga en todo tipo de prácticas que lo van a empujar más bien hacia la especulación.

En no pocas ocasiones, bajo el supuesto aspecto de ayudar a la persona a invertir, en realidad se le está llamando a la especulación. No es de extrañar que luego, muchas personas terminen con una animadversión profunda hacia la inversión en general, y especialmente, aunque no exclusivamente, hacia la renta variable.

No son simplemente personas con un profundo desconocimiento de la inversión que nunca han tenido una experiencia al respecto. En muchos casos han sufrido en primera persona o conocen a personas, que han tenido toda clase de malas experiencias con algún tipo de inversión.

Va a depender de la edad que tengan, pero si sondean con cierta mano izquierda, personas de más de casi 50 años o más, de esas que no quieren oir hablar de acciones, igual se encuentran con la sorpresa que estuvieron metidos en alguna historia inversora durante la burbuja punto com.

El hecho de invertir o no, es meramente una decisión inicial. Será lo que lo acompañe lo que la hará mejor o peor que otras alternativas.

El ser poco riguroso con ciertos datos e implicaciones que tiene invertir, incluso por parte de gestoras bastante serias, y, especialmente, de que riesgos hay que tener presentes, dado que son intrínsecos al tipo de activo donde se invierte, termina provocando que la persona a la que se llamaba a invertir, en algunos casos termine especulando más de la cuenta.

Por ejemplo cuando se da a entender que el plazo inversor mínimo es de 5 años en productos de renta variable, se hace creer al inversor que obtendrá sí o sí, muy buenos resultados en esos plazos. Los datos históricos del tipo de activo, sin embargo, ofrecen unas perspectivas mucho más cautas sobre el tipo de situaciones que se pueden producir.

Si se niega la posibilidad de esos escenarios, menos probables que los positivos, pero que, en ese plazo, van a aparecer tarde o temprano, se convierte al inversor en un especulador sobre que esas situaciones no van a producirse.

Algo parecido podría decirse por ejemplo sobre las caídas máximas que a uno le puede tocar soportar en un producto o con una estrategia. Parece que para “vender” el fondo de turno haya que hacer creer al inversor que dicha caída máxima será lo más pequeña posible. Pero eso provoca una clara deriva especulativa en las expectativas de dicho inversor.

Luego la culpa de salirse de según que productos en el peor momento para ello, suele recaer en dicho inversor, que no toleraba los episodios negativos. Sin embargo en la medida que el relato desde los gestores del propio producto, los negaba o les restaba importancia, habían conseguido captar dicho inversor en base de hacerle especular más de lo que podía tolerar.

Aquí entra otro parámetro a considerar cuando uno analiza hasta que punto está especulando. No sólo tiene que considerar sus decisiones sino también tiene que considerar las decisiones que toman aquellos a los que ha delegado, directa o indirectamente, sus inversiones. Los gestores de los fondos y los gestores de las empresas, también toman decisiones especulativas dado que así funciona el mundo de la inversión.
Pueden ser decisiones muy especulativas o algo menos especulativas, pero en esto consiste la inversión, y no puede creerse uno que la especulación sólo reside en la parte de su cartera donde personalmente toma decisiones altamente especulativas.

Especulación y ética

En parecida forma a lo que Maquiavelo quería mostrar sobre la política, como inversores debemos intentar ser conscientes de como funciona el mercado, el capitalismo o la inversión, más allá de la posible visión ideologizada que podamos tener de ello.

Ideologizarse en exceso suele ser una forma fácil de que uno termine especulando más de la cuenta por no ser capaz de ver riesgos que aparecen de forma mucho más clara cuando uno pasa de querer tener una visión ideal a intentar ser mucho más pragmático y escéptico.

El confiar excesivamente en el buen funcionamiento del capitalismo hace que uno se ciegue sobre el importante papel que llega a jugar la especulación en todo tipo de mercados.
Es perfectamente compatible que el mercado sea razonablemente eficiente a largo plazo con que la especulación sea capaz de mover el precio a corto/medio plazo hasta niveles tremendos (por arriba o por abajo).

De hecho uno es capaz de poder interpretar bastante mejor todo tipo de sucesos que pasan en los mercados en particular y en la economía en general, si recuerda que la especulación es una arma más de su arsenal para intentar entender que está pasando, que si busca justificar a toda costa movimientos que le están haciendo ganar bastante dinero y que parecen darle completamente la razón.

El carácter especulativo del mercado, inherente a invertir, se manifiesta incluso cuando uno acierta, en el sentido que debería ser capaz de reconocer que ha acertado algo menos de lo que le gustaría, y las circunstancias le han acompañado notablemente y no tenía que ser necesariamente así.

El inversor poco curtido en los mercados es fácil que pueda caer, en algún momento, en la trampa de creerse que especular de forma muy agresiva es algo mal visto desde el punto de vista ético pero que será tremendamente rentable para él una vez se haya deshecho de sus remilgos morales.

El problema de especular muy agresivamente es que aunque va a dar mucho dinero a algunas personas muy concretas, y puede parecer que da bastante dinero a mucha gente durante algún tiempo, a la larga la mayoría con lo que terminan es con pérdidas notables. La consideración ética en cuanto a ganancias es casi irrelevante, dado que no hay ganancias enormes notables para la mayoría, que tener que valorar si se han conseguido éticamente o no.

Lo que si resulta significativo es, cuando aparecen las pérdidas notables, es como algunos necesitan buscar culpables de un tipo de juego en el que han querido participar sin plantearse realmente la naturaleza de los riesgos que estaban asumiendo.

Los inversores minoristas, cuando estamos asumiendo este prototipo de inversiones de forma generalizada, es que ya hay actores muy gordos bien metidos. Y los gordos tampoco son los que necesariamente van a ganar dinero con ello. Algunos incluso terminan perdiendo el glamour y el estatus que previamente habían conseguido. Los riesgos que dan posibles grandes resultados también pueden provocar el efecto contrario, de perder incluso aquello que no se está dispuesto a perder una vez conseguido.

Especulación y burbujas

Probablemente dentro de lo que se llama cultura financiera, debiera haber un capítulo especial para las burbujas financieras. Y otro para el reverso del mismo, los pánicos financieros.

Recomendaría leer (y releer) alguno de los libros notables que hay incidiendo en este tipo de fenómenos. Aunque visto a posteriori siempre nos suele quedar cierta sensación que eran fácilmente identificables algunas de las características de dichos episodios.

La realidad suele ser bastante más caprichosa y uno debe de intentar ser cauto porque los que se ven envueltos en los mismos son personas normales. Difícilmente llegaría una burbuja a su tamaño si no fuera así. El que tal vez distingue a estas personas es que terminan estando predispuestas a especular en exceso.

El mal llamado inversor conservador no es siempre alguien con fobia al riesgo. A veces es simplemente el que no lo entiende y termina tomando ciertos riesgos justo en el peor momento para hacerlo.
Donde cree ver una oportunidad histórica para hacerse rico, en realidad está pagando un precio absolutamente desorbitado por las ganas de ilusionarse con pensar que es posible lo primero.

La lógica de ciertos argumentos no significa que tenga sentido pagar cualquier cosa por ellos. Antes comentaba que pienso que la renta variable se beneficia del cambio. Pero ese beneficio, caso que exista, no puede ser igual cuando una paga por el conjunto del mercado un múltiplo de beneficios normalizado de 50 que de 5.
La valoración, con sus limitaciones, es una de las guías que nos lleva a mantener la especulación dentro de unos parámetros razonables.

Sino uno termina pensando que después de comprar lo que sea a un precio 10 veces superior a otras personas en poco tiempo, por lo mismo, se va a beneficiar de las mismas propiedades intrínsecas. Lo cual no tiene ningún sentido. La lógica de esas propiedades, no puede aplicar igual con independencia del precio.

Creo que lo importante para tratar de verse más afectado de la cuenta, por las burbujas de turno, es ser consciente que, independientemente de que dicha inversión especulativa salga mejor o peor, suelen significar un riesgo excesivo para aquellos que las intentan guiar bajo criterios algo más racionales.
El que está excesivamente nervioso por estar fuera, esperando que caiga en desgracia, en lugar de centrarse en su proceso, en algunos casos termina sucumbiendo a las mismas.
No se trata de acertar con que algo sea una burbuja sino de evitar riesgos no acordes con el proceso de uno.

Parecida sangre fría y un recuerdo de que tipo de riesgos quiere asumir y como los ha decidido asumir, suele ser necesaria cuando aparecen sucesos muy negativos en los mercados en particular y en el desarrollo del mundo en general. Cambiar la adopción de riesgos favorables cuando las cosas van bien, a supuestos activos seguros en caso de desgracias extremas pero que nadie sabe realmente como van a terminar funcionando en dichos casos, suele terminar siendo una práctica tremendamente especulativa. Si la situación se normaliza, habrá supuesto un daño enorme para su patrimonio, y si no se normaliza, a saber porque derroteros puede transcurrir, dado que lo que define estas situaciones es que las reglas pasadas de poco sirven.

Maximizar procesos racionales y especular

En no pocas ocasiones, se desarrollan burbujas en base a activos que, aunque tienen su parte especulativa, suelen ser buenas elecciones a largo plazo, aunque no necesariamente las mejores en ese momento. La vivienda o la renta variable, son dos activos donde ha sido muy razonable invertir, aunque obviamente están sujetos a diversos tipos de especulaciones sobre cual será el discurrir futuro.

¿Cómo es que derivan en inversiones altamente especulativas? En mi opinión, una de las causas, es la tendencia natural que tenemos las personas a forzar más y más los procesos buscando un supuesto mejor resultado.
Cogiendo un buen proceso y forzándolo, es posible que al principio, el ligero incremento de la parte especulativa, tenga una recompensa también superior.
La cosa se complica a medida que se va incrementando dicho comportamiento, llegando un punto donde se ha perdido ya buena parte de la solidez para terminar en un proceso demencial.

A veces la simpatía por ciertos estilos de inversión, nos hace ser demasiado indulgentes con personas que tienden a llevar al límite las premisas en las que se basa dicha forma de invertir. Lo que tenía bastante sentido racional en un principio, en las nuevas condiciones en las que se intenta llevar a cabo, deja de tenerlo.

En no pocos casos, si uno puede revisar en profundidad dichos procesos, se suele terminar dando cuenta de cierta mala comprensión de los mecanismos por los cuales se rige dicha forma de invertir en particular, y de los propios fundamentos del mercado en general.

Lo que podía parecer, con un toque de ingenuidad, una forma de mejorar notablemente, lo que se puede obtener del mercado, era en realidad una forma de incrementar el grado especulativo de las propias inversiones.

Como inversores debemos de intentar ser honestos con los objetivos que buscamos. Si uno busca un uso racional de sus recursos económicos es posible que tienda a descartar muchas prácticas que en cambio estará mucho más predispuesto a aceptar si busca un objetivo mucho más agresivo por ejemplo dar un salto cualitativo importante en su estatus económico.

En el segundo caso estará también mucho más predispuesto a alabar casos de enorme éxito sin preguntarse que nivel de riesgo han corrido, con evidente sesgo de supervivencia y sin valorar en toda extensión, si asume que dicho tipo de decisiones lo pueden llevar, bastante probablemente, al lado opuesto de ese éxito que ve.

Especulación y hobbies

Otra delicada confusión de los objetivos inversores se produce cuando alguien argumenta que especula enormemente sin apenas criterio porque disfruta haciéndolo.

Evidentemente cuando entramos en el terreno de los gustos personales, poco debate hay en cuanto a que es lícito hacer lo que a uno le plazca.

Tal vez el error o la contradicción llega si luego vemos que esas mismas personas que utilizan este tipo de argumento, critican a otras por divertirse haciendo otros usos similares de su dinero, pero lejos del mundo inversor.

Los humanos somos un poco así. Ya lo decía Cioran:

“Paseo todos los defectos de los demás y sin embargo todo lo que hacen me resulta inconcebible”

Privarse de todo tipo de actividades de ocio para luego terminar que el ocio propio sea especular desaforadamente, igual merece una reflexión sobre los objetivos vitales.

En todo caso no es extraño que nos pasen este tipo de cosas. Uno intenta alejarse de las influencias que cree excesivas desde determinados ámbitos, para terminar descubriendo, un tiempo después, que ha caído demasiado, en el ámbito de influencia de otros.

Ya ven que aunque llamar “casino” a la inversión sea no considerar la parte fundamental que la mueve a largo plazo, depende bastante de como uno va a gestionar sus decisiones de inversión, que dicho calificativo tenga más o menos sentido.

Igual a algunos de los que compran lotería de Navidad, en lugar de resaltar lo del espíritu navideño, les gustaría menos que se le llamara “Especular con la lotería de Navidad”. Pero si sus motivos están más centrados en ganar dinero que en el resto de posibles argumentos, es un nombre bastante más adecuado para lo que hacen.

En los mercados, según como se comporte uno, está haciendo lo mismo que podría hacer en un casino. E incluso si no lo pretende, alrededor del mismo, hay un montón de circunstancias y mecanismos que pueden lograr que uno al final termine comportándose de modo similar.

Es fácil creer que uno quiere exponerse demasiado al funcionamiento de un casino. Mucho más difícil sería evitarlo cuando uno estuviera en medio de él, creyendo ganar dinero fácilmente, divirtiéndose, con otras personas alabando su capacidad y creyendo que lo que pensaba que eran simplemente sueños exagerados está empezando a ser realidad.

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Vaya texto que nos trae para empezar el año. Se nota que ha recargado usted las pilas en navidad :sweat_smile:.

Me quedo en verdad con muchos párrafos, pero los que realmente rompen la baldosa son estos:

Un artículo para guardar y volver a leer.
Gracias @agenjordi

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Saludos cordiales, @Agenjordi.

A Vd. le respetarán, pero a mí me dieron para el pelo…: ¿Creen que las tecnologías basadas en algo trading pueden democratizar las inversiones y acercarlas a los inversores sin experiencia? - nº 26 por Buso.
:rofl: :rofl: :rofl:

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Sublime. Yo quiero una versión encuadernada en tapa dura de los textos de @agenjordi.
¡Montemos un grupo de presión para obligar a @jvas a sacar el proyecto!

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Magnífico. Le felicito.

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Excelente texto @agenjordi. Sus escritos son una joya para ayudar a reflexionar a cualquier persona con o sin experiencia en el mundo inversor.
La gestión y evaluación de los riesgos que uno asume en el proceso inversor y en los activos asociados debe tener un aspecto más introspectivo, ya que es a uno al que le va a tocar lidiar con los riesgos de su proceso cuando se materialicen en mayor o menor medida.
De poco sirve centrarse en los riesgos que asumen otros inversores, a parte de dar otro punto de vista que ayude a evaluar de forma algo más objetiva los mismos, siempre y cuando se esté en disposición de aceptar una crítica o una visión diferente como una ayuda, si a uno no le va a tocar lidiar con los mismos y si con otros que está asumiendo y que cree, acertada o erróneamente, mucho menos probables o de menor impacto que el de los demás.
Siga deleitándonos con sus escritos

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Estaba por aquí haciendo números, es un decir en mi caso, para hacerme con unas cuantas Hermes. Tras leerle detenidamente, Agenjordi, he decidido que no las voy a comprar, mucho precio para el poco lujo que ofrecen.

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Yo también, si el autor esta de acuerdo a escote nos puede dar incluso para una chapita con una inscripción de agradecimiento a @agenjordi .

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Volviendo, una vez más, al famoso sesgo de aversión a las pérdidas, debería uno andarse con cuidado con como lo aplica y en que circunstancias.

Si se fijan en las personas adictas a las tragaperras, no parecen que les afecte demasiado. En estos casos parece producirles más placer conseguir sacar un premio de 300 euros de la máquina que dolor haber estado perdiendo 100 euros durante cada uno de los 10 días anteriores.

Algo habitual en ciertos entornos especulativos, donde el afectado está más contento por haber multiplicado por 2 su última locura inversora, que no fastidiado por haber perdido un 20% en las 10 anteriores. A parte que esa segunda información tiende tendencia a esconderla, ya sea de forma más voluntaria o de forma más inconsciente.

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¿Especula más quien opera en el corto plazo? No. En realidad todos especulan lo mismo, con diferentes horizontes temporales.

No es exactamente lo que se dice en este hilo de Manuel Polavieja, pero es lo que pienso yo, y se le parece.:

https://nitter.net/ManuelPolavieja/status/1615311198278369286

Se suele tachar de especuladores a los inversores a muy corto plazo. El value investing suele ser percibido como lo opuesto a la especulación.
Sin embargo, un especulador a muy corto (un arbitrajista por ejemplo) se basa en precios, que es información objetiva. No piensa.
El inversor value tiene en cuenta además el valor, que es subjetivo.
Curiosamente, a ese valor se le denomina “valor fundamental” o incluso “precio objetivo”.
El verdadero especulador es el inversor value. El que realmente piensa es el inversor value. Es el que trabaja de verdad y se curra lo realmente difícil: Anticipar el futuro.
Es curioso como funciona el lenguaje y la mala prensa que tiene la palabra “especulación” cuando entendida en su significado real, y en un mercado competitivo donde hay muchos especuladores, es una de las actividades más dificiles y valiosas para el ser humano.

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Dependerá sobre en que consista la especulación. Y un margen de error pequeño, repetido muchas veces, puede conducir a un error muy grande.

En cualquier caso la metodología juega un papel muy importante y hay quien especula mucho bajo un supuesto horizonte temporal largo. El bitcoin por ejemplo es una supuesta especulación sobre el largo plazo. El problema viene de como definir con una metodología razonable como convertir en precio argumentos cualitativos.

En cambio en otros activos existe una metodología razonable, aunque con posibles errores, para definir el posible valor o un rango.
La inversión por fundamentales tiene sus limitaciones, pero mucho peor suele terminar siendo cuando se olvidan algunos de los parámetros fundamentales que mueven el mercado a largo plazo. A corto lo suelen mover todo tipo de elementos.

Como decía Keynes: la inversión exitosa es anticipar las anticipaciones de los demás. Con lo cual lo de información objetiva es cuando menos dudoso que exista en algún sitio o que tenga valor por si solo.
Creo que casi lo peor, como comento en el artículo, es autoengañarse sobre que se está especulando exactamente y hasta que niveles.

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