La Taberna de los Value Investors … Value Investors… Masticó aquellas dos últimas palabras lentamente, en silencio, pretendiendo descubrir un sabor amargo, una amalgama de viejos recuerdos que despertaran un significado, una visión diáfana de un concepto… pero si tales términos tuvieron alguna vez pleno sentido para él, ya no podía recordarlo.
Observó la turbamulta exquisita mientras sostenía la jarra de vino caliente en la mano. Aquel garito estaba ahora lleno de ingleses de gusto refinado exhibiendo sus copas de cristal de bohemia; creyentes en un crecimiento infinito, en unos recursos ilimitados, en un futuro idílico. Imbuidos de una esperanza y optimismo sin fin. No, definitivamente aquel lugar ya no era como antes.
Hacía tiempo que no rezaba a sus dioses del dinero; dioses tan poderosos como los pensamientos humanos que los sostenían. Pero las creencias humanas eran volubles, pues se hallaban duramente hostigadas por el punzante dolor que producía el mercado. Y así, se derribaban viejos dioses del dinero y se alzaban nuevos, sin percatarse uno de que eran en realidad los mismos, ocultos tras los caprichos de nuestra propia naturaleza.
Menos cincuenta por cien. Esos números rojos le revolvían las entrañas, le ardían grabados a fuego en ambas muñecas. Tres años de sufrimiento eran suficientes para provocar recelo hacia sus viejos dioses del dinero, que se asemejaban a mendigos al lado de la exuberancia y éxito de los nuevos.
Quería tener paciencia, pero su fe se daba de bruces contra el hecho de que no tenía certidumbre, no sabía si se hallaba ante una anomalía temporal del mercado o era prisionero de una mala selección de activos, suya o ajena. La respuesta era una senda tortuosa que debería recorrer únicamente mediante su introspección, no había acompañante posible.
Quizás moriría solo, empobrecido por su inmovilismo, compadecido por aquellos modernos inversores orgullosos de sí mismos, que le señalarían con la mirada al pasar. Tal vez. Tal vez, aferrado a promesas de tiempos mejores que no se verían cumplidas, alcanzaría su destino aciago, inevitable, indefectiblemente humano.
Vació el resto del vino en un par de tragos. Dejó la jarra en una mesa y, con su gabardina al hombro, abandonó la Taberna de los Value Investors . O lo que quedaba de ella.