ACERTAR EN LA INVERSIÓN Y PERDER TODO EL DINERO
Hoy quiero compartir cómo empecé a operar con opciones, una experiencia que me ayudó a entender algunas cosas curiosas.
Corría el 2005 o 2006 cuando se popularizaron en España los warrants.
Básicamente, eran un tipo de opción que emisores como BNP Paribas ponían en el mercado para que los inversores particulares los compraran.
Había warrants tipo Call, si pensabas que el subyacente iba a subir, y tipo Put, si apostabas a que bajaría.
Pero había un detalle interesante: solo podías comprarlos, no venderlos, a menos que no los tuviera en cartera.
Los emisores eran los únicos que tenían ese privilegio.
La promesa perfecta… ¿o no?
El mensaje de venta era irresistible: “Pérdidas limitadas a la prima que pagas, no puedes perder más”. Y añadían la guinda: “Los beneficios son ilimitados”.
¡Qué maravilla!, pensé. “Puedo ganar lo que sea y perder solo lo que invierto”. Solo tenía que acertar la dirección del movimiento de la acción.
El problema es que, con el tiempo, descubrí que estaba haciendo el primo.
Nunca mejor dicho.
Estaba comprando las primas de los warrants y perdiendo mi dinero una y otra vez. Es cierto que las pérdidas estaban limitadas, pero eran del 100% de lo que invertía. Básicamente, estaba comprando boletos de lotería disfrazados de sofisticados instrumentos financieros.
¿Acertar y perder? Algo no encajaba
Lo más frustrante era que incluso cuando acertaba la dirección del subyacente, por ejemplo, compraba una Call y la acción subía un poco, ¡aún así perdía todo el dinero que había invertido! Había algo que no entendía.
Cuando empecé a leer sobre opciones, descubrí un concepto clave: el valor temporal. Este valor, que beneficia al vendedor y perjudica al comprador, es como un cubo de hielo en un día soleado.
El cubo de hielo y el valor temporal
Imagina que acabas de sacar un cubo de hielo del congelador en pleno verano. Al principio, está sólido, completo y lleno de potencial. Pero, a medida que pasa el tiempo y el sol lo calienta, el hielo empieza a derretirse. Cuanto más tiempo transcurre, menos queda del cubo. Al final, no hay más que agua.
Con las opciones ocurre lo mismo: el tiempo actúa como el sol y va consumiendo el valor temporal de la opción poco a poco. Al llegar el vencimiento, ese valor ya no existe.
Así entendí por qué perdía dinero aunque acertara el movimiento de la acción. También comprendí por qué los emisores de warrants no permitían que los inversores los vendieran. Ellos eran los que jugaban a su favor con el valor temporal. Vendían los “cubitos de hielo” y simplemente esperaban a que se derritieran.
Convertirse en el vendedor de cubos de hielo
Cuando descubrí que las opciones me permitían ser como un emisor de warrants y aprovecharme del paso del tiempo, mi operativa cambió por completo.
Me di cuenta de que podía vender mis propios cubos de hielo. Desde entonces, gran parte de mis estrategias con opciones se basan en ser el vendedor, no el comprador.
En la nueva formación de Más Dividendos que presentaremos en diciembre, también exploraremos cómo se venden estos “cubitos de hielo”.
Ya lo veremos con detalle, pero les aseguro que es una de las formas más interesantes de generar ingresos de manera tranquila y consistente.
Precio 550 €




