Diálogos value (II)

Igual así lo ve más claro.

Una cosa curiosa de las cotizaciones de las empresas es que todavía se ve más claro como hacer determinadas suposiciones sobre acciones/fondos y su posible buen comportamiento a corto plazo en caídas, por mucho que puedan haber comportamientos estadísticos más razonables que otros, es tener ganas de salir trasquilado.

Vemos como BRK lo hizo extraordinariamente bien en la primera parte de la caída de 2008 (y finales de 2007 que no sale en el gráfico) para desplomarse de lo lindo la segunda fase más o menos desde la quiebra de Lehman Brothers y sus implicaciones para otras instituciones financieras.

Leyendo Manías, Pánicos y cracks en la edición que incluye 2008 realizada por un segundo co-autor, queda aquella sensación que lo que pueda pasar a corto plazo tiene un gran dependencia de toda clase de decisiones políticas imposibles de predecir. Luego a posteriori se cuenta unas historias de aciertos o desaciertos a corto plazo que podrían haber sido completamente distintas caso de haber variado la actuación política, al menos a corto plazo.

Por otro lado si invirtiendo en base a fundamentales ya te puedes encontrar todos estos tinglados, hacerlo por técnico y pretender “acertar” los movimientos del mercado ya me parece, pretender creer que las cosas sólo pueden pasar de aquella forma, es una afirmación del tipo que nuestro destino está escrito en las estrellas.

El dibujo es uno, una vez ha ocurrido, pero antes de ocurrir hay 50000 factores que podrían convertir ese dibujo final en otros 50000 distintos.
Luego las “excusas” tipo estamos fallando porque el mercado está más manipulado que nunca, que se escuchan estos años, no deja de ser, en realidad, lo que ha pasado siempre, que las decisiones políticas, y de otra índole, condicionan tremendamente lo que puede hacer el mercado a corto plazo.

Y otro punto tremendamente acertado del libro comentado, en mi opinión, es cuando comenta la falacia que supone pensar que la política nunca debería intervenir en este tipo de asuntos. El coste de no intervenir, a la larga, puede terminar siendo muy superior al de hacerlo, y ya vimos en 2008 y años posteriores como no intervenir en determinados momentos puede suponer estar mucho más forzado a hacerlo y en mucho mayor grado, a posteriori.

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