Originalmente publicado en: Sobre los tiempos inciertos. – Sobre la tormenta
No suele fallar. Basta con unos días ligeramente rojos para que el ánimo inversor del público entre en el modo de zozobra.
Por poner un símil, podríamos asemejarlos a las turbulencias en un avión, que prácticamente pasan desapercibidas por la tripulación, pero resultan especialmente preocupantes para un porcentaje importante de los pasajeros.

La mayoría de las personas entienden el proceso de creación de riqueza como un acto de acumulación. Llega final de mes, cobro la nómina, invierto una parte (los afortunados que pueden hacerlo, pero ese ya es otro tema), y su excel sube unos pocos enteros en el total. Ese total, es una cifra que le pertenece. Es mía porque me la he ganado. Y el mundo ajeno a lo suyo, sigue girando.
Así van trascurriendo meses y años, hasta que un acontecimiento inesperado hace que los numeritos de la excel sean menores que los de la semana anterior. Y la siguiente semana menores. Y la otra menores. Y la que viene Dios dirá. Y con esa metáfora que tanto nos gusta citar de Marcos, tiramos agua en el desierto que se evapora antes de caer al suelo.
A algunos les pasa esto una vez y ya no vuelven. Virgencita, virgencita, que me quede como estoy. Otros vuelven, pero la mentalidad ha cambiado a la de «el gato escaldado del agua fría huye» y empiezan a comprar productos conservadores que está demostrado por cientos de estudios que han protegido correctamente un mundo que quizá hoy ya no existe, y unos pocos empiezan a entender el axioma de que en la vida y la inversión, nada realmente te pertenece. Es un simple préstamo temporal.

«Si quieres hacer reir a Dios, cuéntale tus planes»,
Dejó escrito el poeta sufí. Y vaya si se ríe. No le culpen, si nosotros mismos nos viéramos desde fuera unos años después, o simplemente viésemos nuestra actitud en otros, nos partíamos de la risa. «Vaya tela, este tío se merece lo que le ha pasado» et al.
El proceso de creación de riqueza se basa simple y llanamente en que la riqueza:
- No es constante.
- No te pertenece.
- No te debe nada.
- Si no aceptas el riesgo, probablemente no la mereces.
Pero claro, como animalitos que somos, aceptar estas cosas pues tiene su aquel. Si encima viene uno de unos años en que ha ganado dinero todo hijo de vecino, pues cuesta lo suyo aplicarse el cuento.
Cuando uno lee aquello de que el peor enemigo en la inversión es uno mismo, no se refiere a su primo el del pueblo, o a los inversores en cachivaches rarunos. Se refiere a usted mismo. O en su defecto a esa versión de usted mismo como amasijo de carne y huesos que le precedió desde hace décadas o cientos de años. José de la Vega lo contó ya hace algún un tiempo y la esencia permanece.

Por el camino, lo de siempre, le venden a uno un paraguas que le protegerá el día del Gran Diluvio o vuelos en turista al brillante tecnofuturo donde los ríos son de miel y las casas de chocolate. Se ejecuta el trueque de grandes espacios de mediocridad, por algo menos de volatilidad en momentos puntuales o por la vaga aspiración de un futuro para el que harán falta gafas de sol. La avaricia por ver el césped del vecino más verde que el propio nos ciega. El miedo por perder lo que consideramos nuestro, nos hace tomar decisiones mediocres. Pero el problema de fondo sigue siendo el mismo. Uno quiere comprar un tigre que se alimente de zanahorias y juegue risueño con los niños. Un tigre es un tigre, y su naturaleza es la que es. Si uno no asimila esto, el rango de sorpresas está asegurado.
El verdadero riesgo suele estar en subirse a la ola arriba y bajarse abajo. Si lo piensan en frío no hay mucho más. Memorícenlo porque por esta espada viven y mueren la mayor parte de inversores. Por el camino por supuesto hay una escala de grises y cada cual tiene sus circunstancias. Si te has apalancado para comprar cosas que venían de subidas de más del 100% en cortos espacios de tiempo, prepárate para pasar unos años agradables en el resort de Dante.

Esta vez será Ucrania, cerca de donde hace unos cuantos años se cepillaron a un archiduque y la gente se cabreó bastante. Otras veces serán otras cosas, pero siempre habrá un motivo de preocupación porque básicamente el mundo funciona así. «Si no tienes problemas, no tienes una empresa», me comentó hace una década un amigo americano, y vaya si aprende uno de este pensamiento. O convives con la incertidumbre, o te barre la incertidumbre. Punto.
Si uno es capaz de saber cuando salirse, tiene la obligación de hacerlo. Si no lo sabe, ponerse a mariposear no tengo muy claro que sea lo más acertado. También es cierto que no es lo mismo tener invertidos diez mil, que cien mil, que dos millones de euros, ni si están invertidos desde hace unos meses o llevan ya en bodega madurando más de diez años. Hacienda en cualquier caso les estará tremendamente agradecida de que se pongan nerviosos. En esta partida todos comemos, y hay que ser generosos con los demás. Siempre encontrarán a alguien deseoso de compartir su riqueza y felicidad.
Ayer precisamente en el I Encuentro del Libro +D, comentábamos cosas como esta, aunque en otro ámbito, pero unas horas de sueño y el inconsciente trabajando activamente le ayudan a uno a unir los puntos.
Erik, el maestro de Maria, tenía una manera bastante peculiar de pensar, bastante quietud mental, y trataba de hacerle entender a la inexperta aprendiz, que cada partida se juega desde cero, sin importar el resultado de la anterior. Poner lo mejor de uno en cada mano y no recrearse en los bad beats, sino verlos como algo necesario para mejorar y moverse hacia adelante. Sin duda una receta que puede ser condición necesaria, aunque no suficiente para ganar en lo más alto del póquer y porqué no, de la vida.
¿Dónde puede estar entonces el mayor problema a la hora de encontrar aprendizajes o marcos mentales para tener éxito como inversores?
Aquí es donde el tema se pone interesante, pues tendemos a pensar que cada persona es igual a otra, sin tener en cuenta los factores genéticos, las experiencias vividas y un sinfin de factores que suelen pasar de largo en los estudios, entre otras cosas por la dificultad que probablemente tenga incluirlos.
Si uno está dotado de una genética que le hace ver las cosas de un modo determinado (pensar estadísticamente, ser paciente, aguantar bien las pérdidas o las ganancias irracionales etc..), podrá acogerse a unas reglas del juego que para otro que no lo esté le resultarán del todo inaplicables. Esto quizá sería un factor que no se suele tener en cuenta al dar recetas de café para todos. Al que genéticamente esté predispuesto a tener una adicción al alcohol, le costará bastante no consumir alcohol, del mismo modo que el que tiene genética de aversión al mismo no le representará ningún esfuerzo no hacerlo.
Esta es en mi opinión la razón por la que además de que nadie espabila en cabeza ajena, dar consejos de inversión a la ligera, es tan estéril como peligroso. En la reunión de ayer, precisamente comentó Dudweiser un par de temas que me hicieron reflexionar bastante:
- En +D por lo general no se dan consejos, y el único consejo suele ser que uno estudie más, se informe mejor, ponga mas atención etc…
- Que hay dos tipos de usuarios que se acercan al foro, los que quieren una solución rápida para sus problemas y por tanto les da urticaria bucear en los hilos etc.. y los que deciden finalmente hacer un esfuerzo, quedarse y aprender.
Por ambos motivos la Comunidad nunca será mainstream. Tampoco será necesario usar clickbait o estar continuamente toqueteando el cerebro reptiliano de los inversores con la siguiente gran amenaza mundial, cuatro acciones que son la pera limonera o poniendo imágenes de lo mucho que se gana aquí para apelar a la codicia.
La realidad, dura y sin paliativos, no es agradable. Básicamente porque invertir, si se hace bien, no es agradable todo el tiempo, y si se hace mal, te puede destrozar el patrimonio en unos pocos días de blitzkrieg financiero.
En fin, nada nuevo bajo el sol. Sólo una forma más de decir lo mismo. Hay cosas que no son para todo el mundo y hay premios que se deben construir pagando el salario del dolor. Y si uno no lo tiene claro, el mejor consejo es y será siempre, mantenerse alejado o con un nivel de riesgo que le permita mantener la tensión arterial en valores recomendables.
Y para los que estén dispuestos a aguantar carros y carretas, pues siempre les quedará algo similar a aquello que inmortalizó Bertolt Brecht.
“Hay hombres que invierten un día y son buenos.
Hay otros que invierten un año y son mejores.
Hay quienes invierten muchos años, y son muy buenos.
Pero hay los que invierten toda la vida: esos son los imprescindibles.”