¿Qué es la felicidad para ti?

Pues eso. Creo que de esta pregunta podemos sacar varias ideas y opiniones interesantes entre todos. Y quien sabe si aprender algo nuevo.

Comienzo yo: para mi la felicidad es la libertad. Soy feliz porque hago lo que yo quiero, asi es como lo mido yo. No lo mido por más o menos dinero, lo mido porque yo estoy haciendo ahora mismo lo que quiero. Que es que si quiero escribir este post, lo hago. Si quiero hacer otra cosa, lo hago. No dependo de nadie. Esto es la felicidad para mi.

¿Y la tuya?

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Mi pregunta es si le genera infelicidad dejar de hacer algo por miedo a que pueda perjudicar más de la cuenta a un tercero.

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Vaya tema más interesante y extenso que trae ud. y los ríos de tinta y libros que ha llenado la búsqueda de la felicidad no son pocos. Me llama la atención que lo tenga todo tan claro y le diré que yo también valoro la libertad, pero que le veo ventajas y desventajas. Cuando uno está sediento, sueña con agua y convierte el agua en su prioridad, pero que quizás una vez llenado el gaznate durante un tiempo puede no ser ( o quizás sí ) la respuesta a todo lo que esperaba. No lo sé. El concepto de libertad puede ser algo muy atractivo, una herramienta muy potente para satisfacer ciertas necesidades pero que también requiere responsabilidad, no es fácil para el gorrión que ha sido criado enjaulado durante años adaptarse a la vida del bosque. Y ya no digamos en una sociedad moderna, es muy fácil perder el equilibrio, dejarse llevar por el hedonismo o por el neuroticismo, la libertad puede agravar las tendencias negativas naturales y llevarnos a cometer errores sin retorno, cada caso particular será algo diferente pero precisamente si el mundo moderno es especialista en algo es en maximizar la aparente libertad de elección para que alguien tome ventaja de ello y como decía la canción, “parece que en cada esquina acecha un ratero para robarnos las alhajas, los recuerdos, las felicidades”.

En mi caso concreto, mi conclusión de momento ( por que sigo sin tenerlo claro ) la felicidad se parece a la tranquilidad, tranquilidad que nace de sentirse lo suficientemente satisfecho manteniendo el equilibrio mediante una reconciliación constante entre el caos del mundo azaroso y las necesidades básicas de mi naturaleza biológica, tanto fisiológicas como emergentes como puede ser la consciencia. No es fácil, el entorno en el que nos encontremos marcará mucho este camino, cada época, cultura, sociedad etc tiene sus desafíos y sus ventajas.

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Yo es que soy muy raro. Para mí la felicidad es la regularidad. Poder ir cada fin de semana a ver a mis padres, poder pasear por los mismos sitios, los mismos bares, los amigos de hace años… Y me obligo a ser consciente del momento para valorarlo. Por eso lo paso fatal cuando algo cambia, lo que es inevitable. Perdonen la melancolía, pero serán las fechas y estos días de lluvia.

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Para mi la felicidad son estados transitorios:
Ver una puesta de sol, ésta, no cualquiera
Dibujar hoy, tal vez mañana me genere inquietud, o dentro de una hora
Hablar ahora con un amigo, en media hora puede que cambie
Saber que alguien va a sonreír con lo que acabo de hacer

Para Esther es serenidad, sobre todo calma, paz, aceptar el ahora

Ahhh, cuando Esther se ríe por mi causa

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Me gusta el punto de vista de Mo Gawdat en su libro El algoritmo de la felicidad.

Pego a continuación unas líneas de un capítulo del mío, titulado “suficiente”, donde intento resumir esta idea, que creo que se alinea con varios de los comentarios del hilo:

Mo Gawdat, ingeniero y directivo de Google, define a la felicidad como la diferencia entre la realidad y las expectativas. Con esta sencilla fórmula logró comprender cómo cada experiencia influía en su nivel de felicidad. Según reconoce, a lo largo de su vida se sentía cada vez más desdichado, a pesar de haber formado una familia, amasado una fortuna y adquirido una enorme casa y un lujoso coche. No conseguía llenar el vacío de su alma de ninguna manera, se quejaba de todo y sentía que no tenía el control sobre su vida. El mayor golpe que recibió fue cuando perdió a su hijo de 21 años luego de complicarse una cirugía de rutina.

Gawdat no bajó los brazos. Analizó las características comunes de todos los elementos que lo hacían feliz y descubrió que en esos momentos tenía la sensación de que vivía la vida a su propia manera. Concluyó que la felicidad no se basa en lo que el mundo nos da, sino lo que pensamos que el mundo nos da. Por eso, considera que muchas personas son infelices debido a la manera negativa con la que analizan los sucesos de la vida, a pesar de que siempre hay algo por lo que estar agradecido y sentirse bien. Como todo buen ingeniero, sus argumentos resultaron en una ecuación matemática: la felicidad es igual o mayor que los acontecimientos de la vida menos la expectativa de cómo debería ser la vida.

Esto quiere decir que nuestra satisfacción depende directamente de nuestras expectativas. Si esperamos 10 y obtenemos 100, nos sentiremos geniales. En cambio, si esperamos 1.000 y conseguimos 200, nos sentiremos decepcionados, a pesar de haber logrado un mejor resultado que en el primer ejemplo. Lo que determina nuestro nivel de satisfacción es la brecha entre nuestros anhelos y nuestras recompensas. Si constantemente deseamos más de lo que obtenemos, entonces siempre estaremos insatisfechos. Lo dice el viejo refrán: “quien mucho espera, se decepciona y quien nada espera, se sorprende”.

Varios siglos antes que Mo Gawdat, el filósofo chino Lao Tzu propuso que debiéramos contentarnos con lo que tenemos y alegrarnos por como son las cosas. El mundo nos pertenece cuando nos damos cuenta de que no nos falta nada. Nadie puede ser más rico que quien tiene lo que necesita, no debe nada y hace lo que le gusta. Eso es suficiente. No es un número, sino una filosofía de vida.

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Efectivamente un tema tan amplío y diverso como queramos, y que se ha escrito mucho. Como bien dice @Josesthe y que asumo, añadiría el placer de sentir que eres dueño del 100% de tu tiempo y lo empleas bien en todos los sentidos, en definitiva estar y sentirte en paz.

Un saludo y gracias por sus aportaciones.

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muy buena pregunta @agenjordi, nunca me habían puesto en esta situación.

Sinceramente, como aún no he llegado a ese momento que me comentas, no sabría qué responderte con certeza. Lo mas probable es que escriba una cosa por aquí y a la hora de la verdad actúe de otra. Es más, gracias al comentario de @AlanTuring y su sinceridad a la hora de admitir que sigue sin tener clara su definición de felicidad, yo mismo me estoy empezando a sembrar la duda y replantearme lo que escribí arriba esta mañana.

Si grandes figuras humanas y pensadores han abordado este complejo tema sin llegar muchas veces a una definición clara, yo no soy más que ellos como para proclamar algo a los 4 vientos. Y más aún cuando mi edad no supera la treintena… veo que la definición de la felicidad que tiene cada uno es de esas que va cambiando constantemente conforme vamos acumulando nuevas vivencias. Como si fuera un boceto interminable.
Lo mejor es que cada uno tiene el suyo propio.

Gracias a todos por vuestros comentarios, es un gusto poder hablar y reflexionar con todos ustedes.

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Lo más importante de esta vida no es ser feliz. Lo más importante es cumplir con nuestros compromisos, tomar cada día las decisiones que se debe, esforzarse, no defraudar a los demás, cuidar a los nuestros… La vida está llena de obligaciones que debemos satisfacer, pero al final del día cuando hemos cumplido con nuestra parte, si no tenemos necesidades por cubrir, si los nuestros están bien y si estamos suficientemente cansados, cuando nos acostamos somos felices aunque en ese momento no nos demos cuenta, pero si tuviéramos asuntos pendientes no lo seríamos.

Sí a esto le añadimos alguna sonrisa que nos brinde la vida… ¿Qué más podemos necesitar?

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“Ponemos más interés en hacer creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo.” François de La Rochefoucauld

Cuento de la felicidad escondida.

Al principio de los tiempos, los dioses se reunieron para crear al hombre y a la mujer. Lo hicieron a su imagen y semejanza, pero uno de ellos dijo:

-Un momento, si vamos a crearlos a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro y una fuerza e inteligencia igual a la nuestra. Debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros, de lo contrario estaremos creando nuevos dioses.

Después de mucho pensar, uno de ellos dijo:

– Ya sé, vamos a quitarles la felicidad.

– Pero… ¿dónde vamos a esconderla? – Respondió otro.

– Vamos a esconderla en la cima de la montaña más alta del mundo.

– No creo que sea una buena idea, con su fuerza acabarán por encontrarla.

– Entonces… podemos esconderla en el fondo del océano.

– No, recuerda que les daremos inteligencia, con la cual, tarde o temprano construirán una máquina que pueda descender a las profundidades del océano.

– ¿Por qué no la escondemos en otro planeta que no sea la tierra?

– Tampoco creo que sea buena idea, porque llegará un día que desarrollarán una tecnología que les permita viajar a otros planetas. Entonces conseguirán la felicidad y serán iguales a nosotros.

Uno de los dioses, que había permanecido en silencio todo el tiempo y había escuchado con interés las ideas propuestas por los demás dijo:

– Creo saber el lugar perfecto para esconder la felicidad, donde nunca la encuentren.

Todos le miraron asombrados y le preguntaron:

– ¿Dónde?

– La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán.

Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin darse cuenta que la lleva consigo.

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Cuando uno se pregunta esto por primera vez, parece que nunca vaya a llegar, y un posible primer objetivo a corto plazo, sea plantearse como evitar lo contrario, NO SENTIRSE INFELIZ.

De momento, para mi la felicidad consiste en eso, en conseguir, de manera más o menos permanente, no tener sentimientos relacionados con la infelicidad.

Bajando esto a tierra y tratando de simplificarlo, de vez cuando procuro evaluar si de un tiempo a esta tarde he sentido excesivo estrés, soledad o tristeza.

Llevándolo a los hechos, para el misto tiempo, trato de evaluar si he actuado en contra de mis valores o voluntad, he cuidado mi salud según mis criterios y aprendido algo aplicable a lo personal y lo profesional.

Si del análisis anterior no saco conclusiones demasiado negativas, siento cierta TRANQUILIDAD, y esto me ayuda a sentirme agradecido y vivir “feliz”.

Por ahora, conseguir experimentar esa tranquilidad, en una relación cada vez mayor a lo que me genera intranquilidad, es lo que me trae mayor felicidad.

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¿Una de tantas ilusiones, a base de reacciones físico-químicas, con las que nos engaña nuestro cerebro para llevar mejor la existencia y dar algo de sentido (posiblemente ficticio) a lo que nos rodea?

Desde un punto de vista más de andar por casa: disfrutar de las tonterías y locuras que uno hace, tener salud para intentar hacer otras más grandes en el futuro y que aun así la gente cercana te quiera un poco (o igual mejor que te quieran justo por eso).

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Así lo ve Buffett: La felicidad es querer lo que tienes.

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La felicidad consiste en actuar de acuerdo a tu propia naturaleza, que tiene diferencias significativas de uno a otro. Veo mucha gente que no es feliz porque se empeña en comportarse de acuerdo a los patrones socialmente establecidos, que no coinciden con su naturaleza propia. Para ser feliz, por tanto, hay que tener un alto grado de autoconocimiento, y ser capaz de seguir tu propio camino.

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Encontrar ese camino no es fácil. La felicidad está dentro de nosotros y nos empeñamos en buscarla fuera al amparo del consenso.

—¿Usted es rico?

—Mucho, pero no por lo que tengo, sino por lo mucho que no necesito. Soy muy rico, rico en tiempo, tiempo para caminar, para leer, para conversar con los amigos, para pasear por el campo, y eso no es costoso. En cambio, hay gente que para poder presumir de la mansión que has visto tiene que empeñar todo el tiempo de su vida, dejándose incluso la salud por el camino. Para ser feliz hay que desear solo lo que es necesario y después amar lo que se desea. Sé humilde y sencilla a lo largo de tu vida, pues como mencionaba Pearl S. Buck: «Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad». ¿Por qué no dejamos de perseguir insistentemente la felicidad y nos dedicamos simplemente a ser felices? En palabras de Fernando Savater: «El secreto de la felicidad es tener gustos sencillos y una mente compleja. El problema es que a menudo la mente es sencilla y los gustos complejos».

Alicia trató de imaginarse cómo era su propio intelecto. Jason guardó un respetuoso silencio. La sublime melodía de un violonchelo exquisitamente acariciado pareció envolverlo todo, elevándose al cielo hasta convertir sus penas en fino polvo estelar. Para ambos fueron unos minutos de indescriptible felicidad.

Extraído de Alicia REGRESA a Wall Street.

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Y la cruda realidad es que la gran mayoría de la población tiene que empeñar todo el tiempo de su vida y salud para obtener un salario mediocre.

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Eso es cierto, aunque no me negará que la calidad de vida de la población ha ido aumentando a pasos agigantados. Hoy en día los tres países más pobles del planeta son más ricos que los países más ricos a finales del XIX. Me gustaría saber si ha meditado una posible solución para ello.

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@estructurero. Como sabrá por mi ascendente liberal yo no soy partidario de una intervención estatal que regule los sueldos, le he dado muchas vueltas y siempre acabo en la Escuela Austríaca de economía.

—¡Vaya con los expertos!

—Los expertos necesitan justificar su sueldo y camuflan su ineficacia bajo un manto de complejidad. Al respecto, el genial Charlie Munger dijo: «Durante décadas nadie nos copiaba. Pensaban que nuestro modelo era demasiado simple. La mayoría de la gente cree que no puedes ser un experto en algo si lo que haces es simple (aunque esa simplicidad sea el resultado de un largo y arduo trabajo). Prácticamente, lo único que hacemos Warren y yo es leer y pensar sin levantar el culo de la silla».

—Pero nuestros abuelos vivían peor que nuestros padres y cada nueva generación ha ido disfrutando de más calidad de vida.

—Sí, pero recuerda que esa calidad de vida se ha alcanzado luchando contra los burócratas y los «expertos», y no como consecuencia de la intervención estatal. Afortunadamente el ser humano es emprendedor, es innovador, es trabajador por naturaleza, y lo es a pesar de las zancadillas que sus gobernantes le ponen en forma de coacción, de incremento de impuestos, de engaños continuos y de violación de las reglas del juego. No obstante, no debemos sucumbir al desánimo. Como afirmaba Margaret Mead: «Nunca dudes de que un pequeño grupo de ciudadanos reflexivos y comprometidos pueden cambiar el mundo; de hecho, es lo único que lo ha logrado».

«¡Impuestos! ¡Impuestos! Paguen ustedes sus impuestos», interrumpió una voz lejana.

—Gladstone, el ministro de hacienda británico, harto ya de las explicaciones técnicas que le estaba dando Michael Faraday, le preguntó sobre cuál era la utilidad práctica de la energía eléctrica. La respuesta del físico nos viene como anillo al dedo: «Señor, algún día podrá usted gravarla con impuestos».

Apareció una enorme sonrisa en el semblante de Alicia.

Extraído de Alicia REGRESA a Wall Street.

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Indiscutiblemente, en términos generales es así.

Lo que dudo más es si a nivel país esto se reproduce o está sujeto a las decisiones políticas:

Argentina:

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Venezuela:
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Disculpe que le vaya poniendo copia y pegas, que tal vez no se ajusten al 100 % a lo que pueda plantear en sus gráficos. La pobreza extrema está disminuyendo en el mundo, salvo en algún país de ideología bolivariana.

—Bill Gates ha regalado un fantástico libro a todos los graduados universitarios de los Estados Unidos: Factfulness. Diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo. Y por qué las cosas están mejor de lo que piensas. Se pasó un cuestionario de doce preguntas de triple respuesta a 12.000 personas en catorce países. Se preguntaba sobre el nivel de ingresos, la educación de las niñas en los países pobres, el grado de pobreza extrema, la esperanza de vida, el número de niños futuros, las catástrofes naturales, la vacunación infantil, la educación femenina, los animales en peligro de extinción, el acceso a la electricidad y el clima. Los chimpancés (la aleatoriedad) acertaron 4 preguntas. Solamente el diez por ciento de los encuestados respondió mejor que los primates. El ochenta por ciento contestó correctamente entre 0 y 3 preguntas (peor que los simios) y muchos de los que obtuvieron puntuaciones más bajas que los simios eran «expertos en cambio climático». Una única pregunta acertada (de las doce formuladas) fue el resultado más habitual. ¿A qué conclusión llegas con estos datos?

—Estamos totalmente desinformados —concluyó Alicia.

—Te equivocas. No estamos desinformados. Si lo estuviéramos habríamos acertado, de media, cuatro preguntas (como los simios). Pero si hemos obtenido peores resultados que los micos, si la mayoría solo ha atinado una pregunta, es que padecemos de un sesgo cognitivo y que hemos sido manipulados premeditadamente con una información catastrofista dirigida a crear un alarmismo injustificado. Como dice Taleb: «Lo opuesto a la educación no es la ignorancia sino la mala educación». Cuando las noticias nos infunden miedo quedamos bloqueados, somos incapaces de contrastar los hechos. No solo no vivimos tan mal, sino que el mundo nunca ha estado mejor que ahora. Es cierto que tenemos que solventar problemas serios como la contaminación marina y el reciclaje de los plásticos, entre otras tareas extremadamente importantes como sacar de la pobreza a cuatro mil millones de personas, pero el ser humano lo conseguirá con el adecuado uso de los nuevos avances tecnológicos. Saldremos adelante a pesar de los políticos. Y analizando los vertidos de crudo a los océanos, te sorprenderá saber que, desde la década de 1970 hasta hoy, el petróleo derramado al mar se ha reducido en un 99 por ciento. Las cifras están allí, se pueden consultar. Esos datos también sorprenden en otros muchos ámbitos como la mortalidad infantil, las muertes en batalla, el deterioro de la capa de ozono, las partículas de humo, el fallecimiento en accidentes aéreos, la explotación infantil, la defunción por desastres naturales, etc. En todos esos aspectos el mundo va mejor y progresa a pasos agigantados.

Extraído de Alicia REGRESA a Wall Street.

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