El problema de todo esto es que el coste total de contratación, que tiene muchísimos vicios ocultos, no lo paga el empresario, el jubilado que paga a su cuidador, o el matrimonio que paga a su niñera, sino la sociedad en sí. Esto ocurre porque hay menos servicios por persona, más colapso, y las personas que vienen aquí a mejorar sus vidas no suelen hacerlo desde una posición en la que sean aportadoras netas, aunque disfruten de la misma infraestructura y beneficios que todos los que estamos aquí.
Si una persona tiene una explotación de fresas en Huelva, no es que nadie quiera hacer esos trabajos, sino que él no ofrece una contrapartida suficiente para realizarlos. En parte, porque no es capaz de vender su producto con márgenes suficientes para que esto sea posible. Ese es realmente el problema principal de España muchas veces: todos queremos pagar muy poco y cobrar mucho. En esta situación, en vez de dejar que el mercado se regule, si usted no puede recoger las fresas este año, seguramente el próximo no las plantará y subirán de precio; o bien ofrecerá una mayor contrapartida y se cruzarán la oferta y la demanda; o venderá la explotación a una empresa más eficiente que pueda ofrecer salarios más altos, o invertirá en maquinaria para recoger la fresa automáticamente. O simplemente la explotación de fresas en Huelva debe dejar de existir.
El problema es que esto nunca va a suceder porque el sistema económico de este país permite, desde hace 30 años, mantener un flujo constante de inmigración que devalúa los salarios y posibilita la subsistencia de sectores con márgenes bajos. Yo, personalmente, soy de la opinión de que esas personas no tienen derecho a cambiar la demografía y hacer que todos subvencionemos trabajadores simplemente para que ciertos negocios sigan subsistiendo. Y, sobre todo, no estoy a favor de ningún sistema que utilice a un ser humano como un medio para un fin y no como un fin en sí mismo.
Quizá haya que pagar más por las fresas. No todo el mundo puede irse a tomar algo, desayunar a diario en el bar no puede costar tan barato, rehacer un baño completo debería costar el triple, y no podemos tener la casa de la abuela alquilada a dos familias solo para sacar un extra.
De la misma manera que los tipos de interés bajos permiten la existencia de empresas “zombis”, la inmigración produce un efecto similar en empresas con bajos márgenes. El coste extra recae sobre el resto de la población.
Entiendo su posición, pero aquí creo que usted está cayendo en la falacia del falso dilema:
“O los autóctonos hacen esos trabajos o vendrán inmigrantes.”
Esto es posible únicamente porque nuestra política de fronteras lo permite. Si se buscara a cada persona en el país que ha superado los tres meses de su visado, y a quienes la hubieran contratado o alojado ilegalmente se les aplicaran sanciones severas, no sería posible. La inmigración ilegal, en gran medida, llega en avión.
Un punto interesante, que para mí hace aún más evidente este sistema, es que lo mismo que se permite con trabajos poco cualificados, que realmente no son tan productivos, no se permite con los trabajos cualificados, que sí aportarían. ¿Por qué no vamos a todos los países hispanohablantes y traemos médicos, enfermeros, ingenieros…? Para muchos de estos títulos exigimos largos periodos de espera o convalidaciones. Nos gusta el liberalismo laboral, pero cuando se trata de una profesión “reglada”, ya no nos convence tanto, no vaya a ser que nos toque lo nuestro.