La gran mentira de esta década: la riqueza era tener apps

Hay una frase que me persigue desde hace días: “$40 al día son 30 ingenieros”. Suena a superpoder, a alquimia moderna, a esa fantasía de que por fin el trabajo caro se vuelve barato y todos ganamos. Yo lo escuché en “How Andrew Wilkinson Uses Opus 4.5 in His Work and Life” y pensé lo contrario: más que foso defensivo parece la demolición de una muralla.

Durante años, el mercado trató el software como si fuera propiedad inmobiliaria en Manhattan: ubicación, escasez, rentas. La verdad es más de andar por casa: el software es caro porque coordinar humanos es caro. Equipos, traspasos, reuniones, bugs, semanas perdidas discutiendo si el botón va a la izquierda o a la derecha. Ahora llega la IA y dice: quita la mano de obra, quita la fricción, y de paso quita el argumento más repetido en presentaciones desde 2010: “podemos construirlo”. Perfecto. Pues ahora lo puede construir tu perro desde su caseta. Y cuando construir deja de ser caro, lo caro pasa a ser otra cosa.

La gente se pone nerviosa con “IA quita empleos” como si el problema fuera moral. El problema es contable. Si el coste marginal de producir software cae, la oferta explota, y los márgenes, como en cualquier mercado donde la oferta explota, se vuelven un deporte de riesgo. La ironía es exquisita: llevamos una década financiando compañías que vendían “eficiencia” y “automatización”, y cuando por fin llega la automatización de verdad, la primera víctima es la rentabilidad de los que vendían automatización.

Ahí es donde me interesó la conversación con Wilkinson: el giro no está en generar código, está en validar resultados. Lo dijo sin ceremonia: el cuello de botella es QA, evaluación, cerrar el bucle. Traduzco: la ventaja competitiva ya no será escribir, será probarlo todo. La economía entera se está moviendo de “producción” a “validación”. La fábrica se abarata; la inspección se encarece. Y como inversores, este es un rastro que huele a dinero.

Porque si el mundo se llena de productos que son “Claude con gabardina”, como sugería esa idea de software agent-native donde las features se vuelven prompts, entonces el producto deja de ser un objeto y pasa a ser un sistema probabilístico, indeterminista. No compras una herramienta sino que adoptas un comportamiento. Y el comportamiento necesita quitamiedos, o como se conoce en el argot, guardarraíles. Lo que hoy llamamos “UX” (experiencia de usuario) mañana se va a parecer más a “política de seguridad”. La interfaz será un contrato de confianza: qué hace, qué no hace, qué recuerda, qué olvida, quién lo audita, quién responde cuando alucinó con convicción.

Aquí entra una pieza que casi nadie está monetizando bien: la privacidad como producto, no como check legal. En el mismo vídeo se normaliza algo que a mi me hiela la sangre: “toma mis credenciales de Gmail”, “grábalo todo”, “analiza mis conversaciones”. Eso es un mercado naciente para herramientas safe-by-default, con OAuth limitado, auditoría, borrado real, procesamiento local cuando tenga sentido. No es sexy pero precisamente por eso es defendible. Lo sexy se clona; lo aburrido con permisos y compliance se enquista, se incrusta hasta la médula.

Y hablando de compliance: Manuel Pérez Segado (@segado), en “Así venden las grandes empresas…”, lo dijo de una manera que me dio risa y me entristeció a la vez: en sectores regulados, la ventaja no es el marketing, es el cumplimiento, porque filtra a los charlatanes. En finanzas, en salud, en datos personales, la regulación no es un obstáculo; es un foso si lo abrazas antes que los demás. Mucha gente odia esa frase porque suena a burocracia. Yo la adoro porque suena a barrera de entrada.

Lo que me lleva a una conexión incómoda: la IA está abaratando la construcción y encareciendo la confianza. Y la confianza, en mercados reales, se compra con disciplina, procesos, rituales. Manuel también insistía en algo que parece doméstico pero es lo más serio del mundo: “la gorra de accionista se deja en casa”. Separar rol y propiedad para que el negocio no se convierta en psicodrama. Eso, en un mundo de agentes y prompts, será equivalente a separar “modelo” de “política”: no puedes dejar que el sistema decida y además sea juez de su propia decisión. Si el producto es probabilístico e indeterminista, tu gobernanza tiene que ser obsesiva, aunque por fuera parezca magia.

Todo esto suena a tecnología, pero es macro, y no en el sentido de “predigo tipos”. Es macro en el más puro sentido de la palabra: cambia la estructura de beneficios de sectores enteros. En el mismo vídeo de Wilkinson había una frase que me pareció más honesta que el 90% de lo que se publica sobre productividad: el gran riesgo no es el largo plazo, es el shock de transición y el colapso de márgenes a corto. Ese es el punto. La IA no tiene que “quitar todos los trabajos” para hacer daño; le basta con bajar el precio de lo que haces, justo cuando tu vida está organizada alrededor de que ese precio no podía bajar (y no te digo nada ya si era alrededor de que iba a seguir subiendo).

En paralelo, el mercado está haciendo su truco favorito: convertir una narrativa en una cartera y luego fingir que fue análisis. Michael Batnick, en “The Biggest Investing Lessons Of 2024 To Take Into 2025”, lo dijo con una honestidad que es de agradecer: las predicciones públicas son más disciplina y marketing que ventaja inversora. Exacto. Las previsiones son contenido; el plan es inversión. Y el problema es que el inversor minorista consume toneladas de contenido y casi nunca un plan. Vive de pronósticos como quien vive de café: acelerado, ansioso, convencido de que el temblor en las manos es energía.

En mi opinión, Batnick también clava otra cosa: el gran valor del asesoramiento ya no es batir al mercado, es convertir la incertidumbre en un plan ejecutable. En cristiano: la gente no debería pagar tanto por alfa, como por no arruinarse por no estarse quietos. Y ahora mismo el comportamiento está en modo casino educado. No hacen falta un parlamento ni un banco central para arruinarte; basta con un ETF apalancado y un día ajetreado. Batnick lo llamó “accidente esperando ocurrir”: los ETFs 2x y 3x, especialmente los de una sola acción, por la mecánica diaria de compounding. Yo lo formularía así: el mercado ha logrado empaquetar una bomba de tiempo como si fuera una herramienta de ahorro. Y lo ha hecho con el lenguaje más peligroso de todos: “fácil”.

Aquí es donde me gusta meter el dedo en el ojo: todo el mundo está con que si el S&P está concentrado, si los Magnificent 7 son burbuja, si Nvidia es el nuevo Cisco. La conversación relevante es otra: cuánto de tu cartera se apoya en la idea de que el capital seguirá siendo barato, aunque hoy el “sin riesgo” pague alrededor de lo que hace unos años pagaba un unicornio de SaaS en EBITDA ajustado. Batnick proponía un marco que debería enseñarse en las escuelas de negocios: compara cualquier apuesta con el tipo libre de riesgo y exige justificar el exceso de retorno. Suena aburrido pero es que la riqueza de verdad, no la de los xxxInversor suele ser aburrida.

Y la riqueza, por cierto, no es lo que creemos. Higinio Marín, en “Elogio de la riqueza”, ofrece una definición muy potente que funciona como antídoto contra la histeria financiera: riqueza no es tener mucho, es no padecer necesidad, poder ofrecer hospitalidad, comprar futuro. Dinero como tiempo. La frase es peligrosa porque te obliga a mirar tu cartera y preguntar algo que la industria evita: ¿esto me compra futuro o me compra dopamina? Un patrimonio con muchos ceros pero frágil ante un shock es retrasar la pobreza. Y la pobreza diferida tiene una elegancia particular: llega cuando ya estabas celebrándolo.

Marín también atacó la “cultura de la sospecha” que convierte la riqueza en culpa por defecto. Me interesa por un motivo práctico, sin entrar ya en la parte moral: esa sospecha se está filtrando a la regulación, a la política y al consumo. Y cuando el ambiente cultural decide que el beneficio es sospechoso, las empresas cambian sus incentivos: o maquillan, o se esconden, o piden perdón antes de vender. A mí me preocupa otra cosa: que esa moralización termine premiando modelos de negocio que parecen altruistas pero no aguantan su motor económico. Rob Vinall y Andreas Lechner, en el Q&A de la reunión de inversores de RV Capital, cuentan su error con Ryman: una misión puede degradar la rentabilidad si desplaza al motor de la misma. El buenismo corporativo es barato cuando el margen es alto, pero cuando el margen aprieta, el buenismo se convierte en excusa, y la excusa en ruina.

Ese Q&A fue útil por otra razón: me recordó que los “moats” no son lemas, son mecanismos. Su ejemplo de Credit Acceptance es casi una clase de microeconomía aplicada: parece anticíclico porque es subprime, pero la ventaja real está en el diseño de incentivos con el concesionario y en sobrevivir cohortes malas sin destruir capital. Es decir: no ganan porque el ciclo les favorezca, ganan porque el sistema obliga a los participantes a comportarse. Incentivos rente a vibras. Y en 2026, con IA en todas partes, el negocio será cada vez más eso: quién diseña el sistema donde otros actúan, no quién produce el artefacto.

Luego hablaron de Carvana y me gustó el marco, aunque la acción me ponga nervioso: una crisis de financiación puede fabricar un cuasi-monopolio expulsando competidores antes de que la economía unitaria esté plenamente demostrada. Es brutal porque invierte el cuento moral de los mercados: no siempre gana el mejor; a veces gana el que sobrevivió a la sequía de capital. Y eso es exactamente lo que viene para la capa de las apps de IA. Si construir es barato y financiar infra es caro, veremos un cementerio de “productos” y un puñado de ganadores con distribución, permisos, datos, compliance, y una obsesión maniática por validar. Los demás serán presentaciones de 40 diapos en un disco duro.

Aquí es donde el discurso de Manuel sobre emprender “en crisis” encaja como anillo al dedo. Él decía que empezar en entornos duros te entrena para operar con disciplina, sin deuda, sin expectativas infladas. No se trata de romantizar la crisis; la crisis no te hace mejor persona, te hace más selectivo o te mata. Pero sí funciona como test de estrés temprano: si sobrevives, te quedan hábitos que en la época de las vacas gordas se vuelven opcionales y luego te pueden pasar factura. En inversión pasa igual: construir cartera con el “sin riesgo” al 0% era como aprender a conducir en una pista vacía. Ahora hay tráfico.

La parte deliciosa es que, mientras discutimos si la IA “es burbuja”, el verdadero exceso está en los supuestos de monetización. Manuel lo soltó sin anestesia: costes por usuario, switching fácil en consumo y megadeuda en infraestructura. Ahí está el hueso. Puedes tener una tecnología real y aun así tener una masacre bursátil, porque el mercado no paga por realidad, paga por flujos futuros y ¿por la arrogancia con la que los proyectaste? No hace falta que caiga el líder para que se re-coticen las expectativas y se seque el dinero de los aspirantes. De hecho, lo normal es que el líder sobreviva y aun así el índice de “cosas parecidas” muera.

RV Capital, de paso, hizo una crítica a Nvidia que me parece más útil que una charla de barra de bar sobre CUDA (porque quién no habla de estas cosas con los parroquianos, ¿verdad?): pocos clientes gigantes limitan el poder de precios cuando la escasez se normaliza. Esa frase debería tatuarse en la frente de cualquiera que modela crecimiento lineal en un mercado donde el comprador es un oligopolio. Cuando tus clientes son cinco titanes con equipos de silicio propio y paciencia infinita, tu “pricing power” es una negociación, no un derecho divino. El mercado hoy mira a Nvidia como si fuera un monopolio divino. Yo la miro como una empresa magnífica en un punto del ciclo donde la escasez hace parecer eterno lo que es circunstancial. No significa que vaya a implosionar. Significa que el retorno marginal de añadir más Nvidia a una cartera ya indexada es peor de lo que tu ego se cree. Batnick lo dijo con una claridad desarmante: si estás en el índice ya la tienes. Comprar más a veces es inversión; muchas veces es devoción.

Mientras tanto, en otro rincón del mismo Q&A, apareció PDD/Temu como “disrupción tipo TikTok” aplicada al comercio: feed algorítmico, desintermediación fabricante-consumidor. Esto me interesa por la misma razón que la IA: distribución. Si el feed reduce CAC (Customer Acquisition Cost) y acelera el ajuste oferta-demanda, tienes un motor que no depende de branding clásico, sino de datos y repetición. Y ahí entra la tensión política que RV Capital toca de forma lateral: ellos “no hacen macro”, pero sí leen la segunda derivada, los aranceles como indicador de competitividad china. Bien. Yo iría más lejos: el riesgo no es si China compite, es si Occidente decide que competir es opcional y lo sustituye por por fricción regulatoria. Eso puede recortar márgenes sin destruir el modelo, que es la forma favorita que tiene la política de arruinarte sin admitir que te arruinó.

Es curioso: hablamos de mercados como tecnología de paz, como decía Higinio Marín, y luego los tratamos como si fueran un campo de batalla moral donde el ganador debe pedir perdón. El mercado, cuando funciona, premia la reciprocidad: entregas valor y recibes valor. El problema llega cuando confundimos valor con narrativa. Y la IA es la narrativa perfecta porque es real, espectacular y suficientemente difusa como para que cualquier cosa se disfrace de “AI-first”. En ese pantano, el inversor minorista cree que está comprando futuro cuando en realidad está comprando promesas de múltiplo.

El antídoto no es volverse cínico; es volverse mecánico. Volver a las preguntas difíciles: ¿cómo se retiene al usuario si cambiar cuesta un clic? ¿Quién paga el coste de computación cuando el producto escala? ¿Qué pasa cuando el competidor tiene el mismo modelo base y la misma capacidad de “construir”? ¿Dónde vive la confianza: en la marca, en el permiso, en el dato, en el proceso? Y sobre todo: ¿qué parte del negocio mejora con escala de forma acumulativa y qué parte solo crece en volumen?

Ahí, por cierto, la vieja economía vuelve a poner en su sitio a la nueva. Deere, en el Q&A de RV Capital, aparece como ejemplo de “viejo” industrial cuyo moat moderno está en software, IA y GPS, monetizando productividad del cliente más que metal. Me gusta porque rompe el fetiche de que el futuro siempre tiene logo minimalista y oficinas con kombucha. El futuro también tiene barro, agricultura y máquinas que funcionan. Y para el talento de software, trabajar en impacto tangible puede ser más atractivo que optimizar el color de un botón de compra. El mercado aún no lo valora del todo porque sigue atrapado en la estética del “tech”.

Y ya que estamos en estética: el nuevo ganador laboral quizá no sea el ingeniero clásico, sino el “taste + intent”. En el vídeo de Wilkinson lo insinuaban con una calma casi ofensiva: si la coordinación y los traspasos desaparecen, el que sabe especificar intención con precisión se convierte en palanca. Diseñadores que entienden producto, distribución y QA como mini-estudios. Esto es divertido porque durante años el diseñador era el que pedía cosas al ingeniero; ahora será el que maneja al agente, define pruebas, observa telemetría y convierte patrones en workflows. El organigrama se vuelve más delgado y más cruel: menos manos, más criterio. Y el criterio, otra vez, es lo que no se comoditiza tan rápido.

Lo cual me devuelve al punto que más me importa esta semana: la riqueza no era tener apps, era tener margen. Margen de caja, margen de tiempo, margen psicológico. RV Capital decía que el mayor protector psicológico del inversor no es una técnica, es el diseño del entorno: aislamiento del ruido, base de inversores estable, rutina personal estable. Eso es riqueza real, en el sentido de Marín: comprar futuro, no comprar adrenalina. El “domingo” como test de riqueza auténtica: si no puedes parar, no eres rico aunque tengas patrimonio. En mercados, si no puedes dejar de mirar la pantalla, tu cartera es tu jefe, y tu jefe es un psicópata.

Entonces, ¿qué análisis hago yo si me quiero poner el gorro de stockpicker (o el que debería de hacer alguien con un gorro fundamental)?

  • Primero, dejar de confundir la facilidad de construir con la facilidad de monetizar. - Segundo, buscar negocios donde el foso sea confianza, permisos, evaluación, distribución o incentivos bien diseñados, no “tenemos IA”.
  • Tercero, tratar el 4% sin riesgo como un competidor real y exigir que cualquier riesgo adicional tenga una historia de flujos, no solo de esperanza.
  • Y cuarto, cuidarse de los productos que convierten volatilidad en entretenimiento, porque el entretenimiento, en finanzas, es el nombre de guerra de la ruina.

Me queda una pregunta que no voy a resolver hoy: si el mercado es una tecnología de paz basada en intercambio de dones, como defendía Higinio Marín, ¿qué pasa cuando el intercambio se vuelve invisible, automatizado y mediado por agentes que no sienten vergüenza, ni gratitud, ni reputación? Tal vez el gran negocio de la década no sea hacer que las máquinas trabajen, sino hacer que vuelvan a comportarse.

Pues ahí queda esta chapa, como siempre, no es recomendación de nada :slight_smile:


Fuentes

Título Enlace
How Andrew Wilkinson Uses Opus 4.5 in His Work and Life https://youtu.be/WDQ-lMvqx90?si=3T7k5JCoA5HC8z-N
Así venden las grandes empresas… https://youtu.be/Pgty5NIhZWY?si=PNhRVoehrfUJ9gL6
Rob and Andreas’ Q&A at RV Capital’s 2025 Annual Gathering https://youtu.be/xNezcoquYrg?si=K8HQ3MGOvaKjdqWd
The Biggest Investing Lessons Of 2024 To Take Into 2025 With Michael Batnick https://www.youtube.com/watch?v=vcFk-GkbsCY
K195. Higinio Marín. Elogio de la riqueza K195. Higinio Marín. Elogio de la riqueza - Kapital | Podcast on Spotify
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Muy interesantes siempre sus artículos. Y con mucho que pensar.

La interpretación de las presuntas ventajas competitivas es de esos temas que es curioso como va evolucionando con el tiempo.

Por ejemplo la percepción de @FErnando del sector tabaco y la evolución de la misma, en relación con el de otras personas que también decidían invertir allí siempre me pareció de lo más intelectualmente estimulante.

¿no me dirá que no le gustan este tipo de ironías de la que están los mercados llenas? y de ahí parte de nuestra atracción hacia los mercados.

No suele ser fácil diferenciar que se puede automatizar y que no y hasta que punto. En todo caso la informática lleva décadas automatizándose a sí misma y en parte por esto ha evolucionado tanto. No me imagino como estaría el tema si se tuviera que seguir programando mayoritáriamente en ensamblador.

Coincido con usted en que hay una incomprensión de lo que realmente significa hacer aplicaciones. También hay ciertas etapas que no son hacer que el software simplemente funcione , que se han ido complicando muchísimo con el paso de los años. Y la única forma viable de afrontar el incremento de la complejidad suele ser poder automatizar ciertos procesos para centrarse allí donde esa complejidad se puede “enquistar” como indica usted.

Tanto tiempo perdido en debates sobre si regulación si o no para resumirlos usted con una frase. Leyendo Security Analysis , de lo más interesante los comentarios sobre las cuestiones legislativas de Graham.

En estas cosas la perspectiva empresarial deja notar lo que aporta. Percibir hasta que punto ciertas condiciones que parecen darse por sentadas no son tales y que se pueden terminar complicando enormemente.

Me gusta la definición de las crisis importantes como sucesos donde no van a servir ciertas reglas que uno de entrada da por muy correctas.

Creo que siempre ha sido así.
Otra cosa es la capacidad de autoengaño que tenemos el inversor minorista y nuestra capacidad de hacernos trampas de contabilidad mental separando lo que llamamos nuestra cartera de inversión de nuestra cartera especulativa y de otras partes de nuestro patrimonio si ya no es muy pequeño.

Es que el concepto de largo plazo sirve de poco sino incluye esa capacidad que usted mismo comentaba de aguantar periodos muy complicados.

De ahí la famosa frase de Keynes:

a largo plazo todos estaremos muertos

Este quizás era uno de los puntos más valioso que podía aportar el libro Club del Libro +D, XV. "Power and Progress" / "Poder y Progreso" de Acemoglu y Johnson . No sé si @Dudweiser estará de acuerdo conmigo. Que no hay que subestimar los posibles efectos negativos a corto-medio plazo de algo aunque en el muy largo plazo termine pudiendo ser muy positivo en global.

Encima con la habitual mentalidad de la gente que no tiene nada claro que es largo plazo para él. Si algo pasados incluso 7-8 años sigue mal para ellos eso ya invalida la tesis inicial cuando quizás inicialmente creían que iban a aguantar más o que serían los otros los perjudicados.

Algo parecido con lo que pasa con el riesgo. Que algunos que dicen asumirlo en realidad creen que ese riesgo podrá salir mal a otros pero no a ellos.

De la misma forma que hay que evaluar otros aspectos para ver si algo está caro o muy caro a parte de la posible realidad de la tecnología, creo que también es importante evaluar los posibles efectos en otras áreas de esos supuestos.

Lo habitual de está muy cara la empresa A pero yo compro la empresa B que se beneficia también de los efectos positivos que implica lo que hace A. No creo que sea tan fácil establecer que en el momento que esas consideraciones de riesgo puedan pasar factura a A no lo puedan hacer también con B.

De hecho es algo que me está pareciendo curioso de los debates sobre indexación hablando de concentraciones y alteraciones de la liquidez de los mercados que en realidad suelen tener implicaciones de riesgo notables para lo que hacen algunos que ponen el foco en ella como una opción peligrosa.

En las épocas donde cierto tipo de riesgo se ve muy recompensado es habitual perder la perspectiva de este tipo de cosas.
De hecho debería ser algo que siguiera a cualquier recomendación de empezar a invertir en base a las buenas cualidades de la RV. Sino el resultado final será precisamente el que usted advierte. , una pésima comprensión de los riesgos que implican ciertas decisiones y que sin una correcta gestión de los mismos terminarán llevando lo que es una buena idea en una de nefasta.

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¿Sería tan amable de poner unos ejemplos de dichos productos?

Me come la curiosidad y no acabo de pillar el concepto.

Su artículo tiene el mismo estilo que cuando coge el micrófono.

Muchas gracias por escribir y por coger el micrófono.

No cambie de estilo, es muy original y diferente a todo lo que se oye por el mundo media inversor, a veces me río mucho con su sarcasmo irónico.

Un saludo para todos Ustedes.

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No podría estar más de acuerdo , el podcast semanal es una delicia y el toque que le da es único.
No deje de hacerlo así @arturop

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Pues generalmente todos los que introducen apalancamiento como los ETFs apalancados o las opciones financieras, especialmente si no se saben manejar. Estas últimas no son ni más ni menos que tomar una posición de volatilidad.

Gracias por sus amables palabras en cuanto al podcast, ahí seguimos día a día. Ayúdenme a difundirlo :wink:

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Apreciado Arturo,

Gracias por su aclaración, me quedo más tranquilo. De esos activos que menciona yo no tengo, ni tengo previsto tener.

Con respecto al micrófono, por si le aporta algo, solo decirle que me da la sensación de que habla muy rápido.

Las introducciones de texto que pone me parecen muy didácticas, entretenidas y con un estilo narrativo muy bueno.

También reconocerle el tiempo que debe llevar hacer cada episodio semanal.

Un saludo para todos Ustedes.

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Curiosamente, en Colossus publicaron el otro día un podcast con Gokul Rajaram, que creo que complementa muy bien el texto del artículo principal, y concretamente la tesis de que cuando construir es barato, la ventaja se traslada a otra parte. Gokul Rajaram lo formula con precisión quirúrgica: el recurso escaso ya no es ejecutar, es decidir qué hacer, qué construir y validar que funciona. Cuáles son las implicaciones importantes desde un punto de vista “inversor” y no lo digo directamente como inversor en renta variable, sino con el punto de vista de un inversor capital riesgo, pero que seguro que nos puede ayudar.

La primera es organizativa. Si el cuello de botella es el criterio, los incentivos se han de articular en torno a tomar buenas decisiones y no en torno a la velocidad. Las empresas que midan éxito por features lanzadas van a generar lo que Rajaram llama “AI slop a escala”: mucho output, cero coherencia. Esto lo estamos viendo incluso a nuestro nivel en la cantidad de morralla (slop) generada por IA que está apareciendo por todas partes. La función editorial, es decir, recortar, priorizar, o decir que no, se convierte en palanca de valor. Esto encaja con lo que decía sobre el product manager mutando de redactor de specs a custodio del porqué y dueño de evaluaciones sistemáticas.

La segunda es estratégica. Si cualquier CIO puede fusilarte el producto vía automatización en la capa de construcción, tu foso es bastante exiguo. Rajaram enumera las barreras de entrada que sí que perduran: regulación, licencias, control de datos, movimiento de dinero, efectos de red. Lo que no es una barrera de entrada por ejemplo es quién le pone la mejor UX (experiencia de usuario) a un modelo mientras aguanta la respiración a ver si consigue la suficiente masa crítica para que uno de los grandes no lo replique y le acabe comprando. No es un foso, es un aguanta la respiración a ver qué pasa.

La tercera conecta con el riesgo de las capas. En los últimos años, la narrativa ha priorizado el system of action sobre el system of record: Slack sobre correo, Notion sobre carpetas. Pero ahora los actores dominantes se han posicionado como ‘gatekeepers’ de la distribución a través APIs y extender su dominio regalando agentes “suficientemente buenos”. El resultado es que los aspirantes a disrruptores si quieren competir de verdad, no se pueden limitar a ser la capa bonita encima del producto del operador dominante. Tienes que reemplazar el sistema de registro completo. Pero reemplazar un CRM o un ERP no es lanzar una app con mejor experiencia de usuario. Es un proyecto de migración de datos de meses o años, con paridad funcional, integraciones heredadas, y el riesgo de que el cliente pierda algo en el camino. Es trabajo sucio, lento, y nada sexy.

Y precisamente por eso se convierte en foso. Porque nadie quiere hacerlo, pocos saben hacerlo bien, y una vez que lo consigues el cliente no se va a ningún sitio. La migración deja de ser un coste de entrada y se transforma en barrera de salida.

Hay un insight que me parece especialmente útil para valorar empresas SaaS: la “vida media” del dato predice la resiliencia. Los datos efímeros de colaboración (Slack) son fáciles de replicar y te puedes cambiar sin mucho problema. Los datos de registro de largo plazo (ERP, CRM) están auditados, incrustados operativamente, y cambiarlos es un proyecto de alto riesgo, un proyecto que define una carrera profesional. Si estás evaluando compañías, prioriza dominios donde el producto sea el dueño de la fuente de verdad del dato. El foso está en el valor regulatorio del dato, en su incrustación en los procesos operativos del negocio (y en la dependencia de terceros vía integraciones y personalizaciones), y en el riesgo y la aprensión que provoca migrar.

Y finalmente, el modelo de precios. Rajaram describe cómo la IA puede “succionar utilización” sin provocar baja formal: el churn se vuelve goteo silencioso. El producto sigue implantado, pero vía automatización se reduce el número de licencias que se usan de forma efectiva. Un día de repente te desaparecen todas. La respuesta estratégica es pricing por resultado, pero eso comprime ingresos a corto plazo y complica la narrativa de cara a los inversores. Algunos negocios quizá necesiten salir de la bolsa para sobrevivir a la transición. Para el inversor, esto traduce en vigilar métricas de uso real, y no únicamente el ingreso recurrente.

El hilo común es el mismo que cerró mi artículo: la riqueza no era tener apps, era tener margen. Margen operativo, margen de criterio, margen de confianza. La IA acelera todo menos eso.

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Gracias.

Como me gusta lo de:
¿esto me compra futuro o me compra dopamina?

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No se si esto es cámara de eco o sesgo de confirmación, o ambos, pero ahí va otro artículo

Ideas más importantes para mi

  • Adiós al pricing power cuando te lo puedes hacer tú sin pagar licencias perpetuas
  • Adiós a ajustarse a lo que dice SAP, o Salesforce o quien sea, me lo hago a mi medida
  • La importancia del System of Record, quien lo controle se queda (y aquí está la oportunidad para algunos como los del punto anterior)
  • Si las decisiones sobre software se convierten en puertas de doble sentido (como decía Bezos) no pasa nada por ir probando e ir cambiando

El pensamiento de segundo nivel es el cambio en la psicología del comprador, el poder de negociación y el colapso del pricing.

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Meto resumen para los vagos:

1. La IA no está matando el SaaS… está matando el SaaS rígido

El artículo deja claro que el problema no es la IA en sí, sino el choque entre:

  • SaaS tradicionales, cerrados y poco flexibles
  • y clientes que ahora saben que pueden construir exactamente lo que quieren con herramientas de IA (vibe coding)

Las empresas ya no aceptan pagar mucho dinero por software que “casi” encaja en sus procesos.


2. El poder de negociación ha pasado al cliente

Antes, las empresas adaptaban su forma de trabajar al ERP o al SaaS.
Ahora:

  • Los clientes exigen que el software se adapte a ellos
  • Si no lo hace, churn inmediato, porque saben que pueden crear alternativas internas funcionales

Esto explica:

  • Caídas bursátiles del sector SaaS
  • Mayor dificultad en renovaciones y ventas enterprise
  • Decisiones de no renovar incluso herramientas críticas

3. El “vibe coding” es peligroso… pero suficientemente bueno para cuestionar renovaciones

Aunque los sistemas creados con IA:

  • Suelen estar mal diseñados
  • Ignoran seguridad, compliance y escalabilidad

Son suficientemente funcionales a corto plazo como para que un cliente diga:

“¿Por qué seguimos pagando esto?”

Eso ya es una amenaza existencial para muchos productos B2B.


4. El valor real del SaaS está en lo invisible

El artículo insiste en que el verdadero moat del SaaS moderno no son las features, sino:

  • Seguridad
  • Autenticación
  • Compliance
  • Robustez operativa
  • Gobierno del dato

El problema: todo eso no se ve cuando funciona, y los SaaS no lo comunican bien.


5. Ser “System of Record” es la única posición defensiva fuerte

Los SaaS que sobreviven son los que:

  • Son el núcleo operativo del negocio
  • Gestionan los datos críticos
  • Están profundamente integrados en los flujos diarios

Si eres un SaaS “accesorio”, eres prescindible.
Si eres el System of Record, tienes una base sólida para evolucionar.


6. El futuro del SaaS es convertirse en plataforma, no en producto

La conclusión estratégica más potente del texto es esta:

Los ganadores no serán los SaaS con más features, sino los que permitan construir encima de ellos.

Es decir:

  • SaaS como plataforma
  • Usuarios creando micro-apps, workflows y UIs personalizados
  • El proveedor mantiene el core (datos, seguridad, compliance)
  • El cliente construye la capa de experiencia y lógica específica

Esto aumenta:

  • Uso real
  • Retención
  • Lock-in
  • Engagement
  • Expansión de cuentas

7. La personalización extrema ya no es un “nice to have”

Si un SaaS:

  • No se usa
  • Es complejo
  • Requiere formación excesiva

Será abandonado, aunque sea “potente”.

El caso práctico del artículo demuestra que exponer solo lo necesario a cada rol y permitir personalización rápida puede duplicar el uso de la plataforma.


8. El cambio es cultural, no tecnológico

El shift real es pasar de:

  • “Usa nuestro producto”
    a
  • “Construye sobre nuestra plataforma”

Las empresas que no hagan este cambio mental no van a tener tiempo de reaccionar.


9. La tesis final

La frase que resume todo el artículo es esta:

La pregunta no es si la IA se va a comer tu SaaS.
Es si tú vas a ser quien sostenga el tenedor.

En otras palabras:
o te conviertes en el habilitador de esa nueva forma de construir software…
o serás reemplazado por ella

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otra perspectiva sobre este apasionante tema, h/t @Ruben1985 https://x.com/i/status/2019049069134417975

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Tenía pendiente pasarme por aquí, y la verdad es que sigo pensando que el libro ha dejado más poso que el que sentí en un primer momento. Lo ha sintetizado usted a la perfección, a mi lo que me da miedo es la transición. Todo lo que se dice respecto al futuro con superinteligencia me resulta plausible, pero el cómo se llega ahí en 2/3/5 años no lo acabo de ver. Es aquello que dice usted muchas veces de menospreciar unos riesgos y sobredimensionar otros.

Me recuerda al capítulo, que mencioné en un post, sobre el canal de Panamá. Desde el futuro que nosotros habitamos se olvida lo que ocurrió en la ejecución, pero eso no quiere decir que fuese un “soft landing”.

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