Inversores - grandes lectores

En este proceso que llevo de casi dos años dedicando buena parte de mi tiempo a aprender sobre inversiones, dividendos y grandes inversores, una pauta que he encontrado que me ha resultado muy interesante es que muchos de los grandes inversores hablan de que dedican la mayor parte del tiempo a la lectura.

Buffet y Munger dicen que su trabajo consiste básicamente en “leer” y reflexionar. Sus fichajes, Todd Combs y Ted Weschler, vienen a hablar de pasar 12 horas diarias leyendo y dando vueltas a las cosas, con pocas llamadas y pocas reuniones. En el libro de Paramés también habla de que esencialmente iba a su oficina a leer y leer y leer. En el canal de youtube de Phil Town, habla de sus rutinas “ver un poco las noticias, hacer algo de ejercicio y leer hasta las 5 de la tarde”. Guy Spier no habla de horas en concreto de lectura, pero si de leer mucho tanto en papel como online y que para no perder concentración, tiene un despacho con un ordenador y otro en otra punta de la oficina aislado y más a modo de librería, donde estudia y reflexiona.

Viendo esta pauta, la siguiente pregunta que me hago es ¿qué leen? Fundamentalmente, todos coinciden en que leen periódicos e informes de empresas. Esto tiene cierto sentido, claro. Pero también hablan de periódicos generalistas, para estar al tanto del “feeling general”. Decía Weschler que lee un poco aleatoriamente, pero que siempre lee un periódico local, uno nacional y algo internacional y así sabe el ánimo del momento, tanto del sitio donde está como un poco más en general. Luego, lecturas sobre cosas en las que pueden invertir (o no), decía en su canal youtube Phil Town que cuando se le ocurrió invertir en una empresa ferroviaria, se hizo con todos los libros sobre el mundo ferroviario que encontró en Amazon. Munger puede que sea el lector más generalista , porque al hablar de sus lecturas habla de mucho tiempo también entre libros de Historia, Ciencias Sociales… y tiene una especial predilección por conocer “modelos mentales” para la toma de decisiones. Le encantan las biografías. Decía Paramés también que leía mucho ensayo, porque al final tienes que saber un poco de como funciona el mundo en general, no desligar el mundo de las inversiones de su contexto y el contexto es… todo.

Claro, dar con esta pauta me ha gustado, porque soy un lector voraz. Calculo que leo unos 150 libros al año, sin contar con periódicos y revistas. Sólo que me doy cuenta de que lo he hecho muy a lo loco y ahora desde que tengo este interés inversor me estoy aplicando en que sea un poco más sistemático. Tal vez me guste porque esto se adapta a mi forma de ser, mi día a día ideal sería un día con un par de horas de entrenamiento, muchas horas de lectura y reflexión, pocas decisiones bien fundamentadas, el resto del tiempo con mis hijas… y a esperar.

Y ustedes ¿qué opinan? ¿hay que ser gran lector para ser gran inversor? ¿qué rutinas tienen?

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Antonio, me has dejado alucinado con lo de los 150 libros!! . Me parece una burrada, yo estoy sobre 20. Como lo haces?

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Hola AntonioH,

interesante debate y preguntas. Mi opinión es que para los que somos lectores de toda la vida leer es casi una necesidad o una obsesión, pero que a la vez eso tampoco debe hacernos perder de vista que el conocimiento que se aprende en los libros siempre va a ser teórico y pasivo, y por tanto, incompleto.

Yo he leído decenas o cientos de libros de inversión pero si me han enseñado algo ha sido más a ser prudente, a desconfiar de los expertos, que a estimar los flujos de caja de WeWork cuando salga a bolsa o a saber cuando Telefonica se desendeudará del todo.

Una cosa hay que decir, y es que al menos en nuestro país el único círculo o grupo en el que la gente presume de ser lectora es en el mundo de la inversión, no sé ustedes pero yo no le visto en otro grupo social o profesional por elitista que sea. Y eso es un motivo de orgullo creo yo.

Un ejemplo que me ha divertido es por ejemplo leer en un libro de Deep Value hace poco como los backtests que había hecho el autor indicaban que las mejores acciones para invertir eran las más baratas y entre ellas las de peor calidad, que eran inversiones más rentables que las baratas de mejor calidad (medían la calidad con el ratio ingresos totales/activos totales). Esta idea que demuestran y explican bien en el libro es casi contraintuitiva y contraria a lo que estamos siempre leyendo de la calidad, acciones para toda la vida, el PER no importa solo el ROI…

Digamos que de alguna manera que lo que me hace pensar un libro que domino otro libro viene después que me hace cuestionarme.

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¡Hola!

Bueno, creo que el secreto es lo que decía Nassim Taleb, algo así como “aburrirse de un libro, pero no de leer”.

Siempre tengo varias lecturas abiertas y siempre llevo dos o tres libros encima. Voy leyendo sobre un tema, pero si me resulta extenuante, salto a algo más ligero. Entonces, entre idas y venidas, diez páginas de este libro, cincuenta del otro, treinta de aquel… vas sumando y son muchas páginas diarias. Leo por la mañana mientras me preparo el café, leo en el autobús, en las salas de espera, y cuando en la oficina tengo un hueco, me voy a una sala apartada y leo.

Si pierdo el interés en un libro, lo dejo y paso a otro, no hay tiempo que perder con algo que no aporta. Aun así, diría que termino el 90% de los libros que empiezo, ya que si los escogí fue por algo. Pero en muchos no siempre me interesa todo, entonces hay libros que los empiezo, veo que no me gustan tanto como para leerlos de pe a pa, pero voy leyendo las partes que más me interesan, hacia delante y hacia atrás. Algunos libros los leo en un día y otros tardo un año.

Y ayuda que tengo pocas apps en el móvil, que intento no navegar por navegar en Internet , entre lo uno y lo otro, acabo por leer muchísimo

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Al final lo bueno es el caso que comentas, que un libro te hace pensar y cuestionarte cosas que haces. En la inversión es claro que si no lo llevas a la práctica o no haces una comparativa con la práctica, queda todo muy en el aire.

Pero hay cosas como la neurociencia, por ejemplo, que a mí me interesa cada vez más , sobre como tomamos decisiones y nuestra psicología de decidir, al final me voy metiendo en eso y luego me empieza a interesar como funcionan los genes y muchas otras cosas de biología… ¿tiene aplicación práctica? Pues sí y no. Directamente no, pero cuanto más entendamos como somos, tal vez podremos decidir mejor en otros ámbitos. Al final creo que todo va sumando

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Leo muchos libros y hace unos años tengo la costumbre de deshacerme de ellos, no los conservo más que mientras los leo, luego los tiro, los reciclo, los regalo o los dono en una esquina de libros comunes del trabajo. La razón es que lo que lo que se quede del libro sea ligero y superficial, suficiente como para hacerme pensar pero no tanto como para modelarme, leo libros para pensar, no para aprender. Esto lo llevo tan al límite que en casa sólo tengo un único libro disponible, el que estoy leyendo, los demás se quedan en el coche esperando que los lleve a la casa, así evito comprar más de lo que puedo leer.

Sobre contenidos:

  • Poesía.
  • Inversiones.
  • Biografías (muchas, sobre todo de poetas)
  • Política y economía.
  • Psicología (ahora menos, pero tuve un tiempo que mucho)
  • Mecánica, coches, motos y motores en general.
  • Física.
  • Comunicación, fotografía y cine.
  • Arte, pintura sobre todo moderna.
  • Novelas, muchísimas…
  • Taleb (Categoría aparte)
  • Un poco de todo: Biología, química, medicina, azar, juegos, etc…

Comparto la mentalidad de Munger de cultivar el conocimiento multidisciplinar, los conocimientos pasan de unas materias a otras con una gran facilidad y son usados para la creatividad aplicada más que para conocimiento per se.

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Mi ritmo de compra de libros es mayor que el de lectura y como ya no tenía mucho sitio en casa me pasé al Kindle, es una maravilla.
Me cuesta mucho deshacerme de los libros.
Desde luego yo no puedo tirarlos al reciclaje, igual pruebo a abandonar alguno en un banco de la calle, a ver si se lo lleva alguien.
Leo de todo, novelas, libros sobre inversión, psicología, nutrición… pero no llego al número de Antonio ni de lejos, estupefacta me ha dejado!!!

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Yo he perdido totalmente la guerra, de por vida. Pero me gusta ir ganando batallas.

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Si lo piensa bien no es un problema, puede serlo al principio pero para mí es algo normal, de hecho muchos los termino y según lo hago van al primer contenedor que veo, algunos estoy hasta desando tirarlos… solo salvo los que pienso son aprovechables por mi entorno cercano, algunos hasta los subrayo y los marco como si los fuera a conservar, sin embargo luego me deshago de ellos.

Yo no paso de comprar más de los que caben debajo del asiento delantero derecho del coche, es mi límite, mientras no se vacíe no compro más, no leo apenas en digital aunque sí realizo consultas. Me ayuda a comprar menos leer más en la tienda, a veces leo capítulos enteros en la tienda y luego no lo compro. De hecho haciendo esto muchas veces descubro que no merece la pena leerlo, ni compralo claro.

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Yo tampoco soy de tirar y compro libros sin parar. Tengo una relación fetichista con los libros, casi sagrada, los miro, los abro, me quedo absorto sacando unos de las estanterías y metiendo otros.

Me hice con un kindle pero al final le doy un uso muy testimonial.

No obstante, no me preocupa. El mencionado Nassim Taleb hablaba de Umberto Eco y su “antilibrería”, la biblioteca personal no como resumen de lo leído sino de lo que está por leer. Me parece una de mis mejores inversiones. Mis padres no me daban muchos caprichos, pero tenía “barra libre” en libros, ahí me debió nacer esto.

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Mira que me gusta Taleb, pero no comparto ese comentario sobre lo no leído en una biblioteca, desde mi punto de vista igual da tener el libro que no tenerlo, yo por ejemplo tengo libros pendientes de leer pero eso no quiere decir que los tenga que comprar, muchos de ellos los tengo en una lista o esperan su momento, cuando los vaya a leer los compro no es necesario que ocupe más lugar que la necesidad de leerlo. Creo que Taleb ahí cae en el fetiche del objeto y su posesión, pero es mucho más antifrágil tener una “no antilibrería” que una “antilibrería”, al menos no ocupa sitio ni me da problemas en las mudanzas.

Yo también soy un león, aunque no llego a sus 150 libros por año. Leo unos 75 libros al año, pero como llevo mucho tiempo con esta costumbre ya he sobrepasado los 1000.

Hace años leía bastante novela y no toda de calidad, tan solo por entretenimiento, pero con los años me he vuelto mucho más selectivo.

Ahora leo mucho de economía (y aquí entra de todo: historia económica, inversión, finanzas, biografías, contabilidad, economía conductual). También leo bastante de historia, genética, física, pensamientos de autores clásicos y biografías.

Para seleccionar las pocas novelas que leo ahora aplico el efecto Lindy: tienen que haber pasado la prueba del tiempo.

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Un pequeño offtopic. En muchas bibliotecas públicas tienen una mesa disponible para que los usuarios dejen los libros que ya no quieren y puedan coger otros. ¿No es mejor poner esos libros que ya han leído a disposición de alguien a quien le puedan interesar antes de tirarlos?

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No, a mi juicio y como son míos antes y después de haberlos leído elijo su destino, que normalmente lo marca el propio autor, hay libros que sí lo merecen otros no. Y no me tiembla el pulso, también algunos los rompo en trozos, hago fascículos con ellos para evitar cargar peso… según acabó los fascículos los voy tirando. Los que “la reina de corazones” me dice, “que le corten la cabeza” no se salva. No tengo mucho aprecio por lo material si no sirve de utilidad.

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Bueno uno de los libros de los que me he deshecho ha sido la recomendable poesía completa de Vázquez Montalbán, y otro de ellos, este le tenía duplicado, la famosa antología de Catellet del los novísimos donde aparece Montalbán junto al genial Leopoldo María Panero.

Lo que queda de los libros no debe ocupar espacio.

Saludos cordiales.

Pues me parece lo más idóneo. Mucho más que no que Carvalho mandara a la hoguera la obra de Gil de Biedma.

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Realmente yo no tengo ningún libro a día de hoy, unos seis o siete más o menos, que me haya deshecho de la obra (por cierto muy escasa) de Gil de Biedma, para mi admirado poeta noble, no quiere decir que sus versos no resuenen en mi cabeza una y otra vez, es un poeta de esos que te enseña cosas que otros ni se acercan, por ejemplo “que la vida iba en serio”

No volveré a ser joven.

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
Jaime Gil de Biedma.

En El Poder de la Palabra.

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Un hilo delicioso.

El problema de deshacerse de según que libros, es que uno se priva de otro gran placer, en mi opinión, releer algún gran libro ya leído hace algún tiempo.
Uno puede experimentar dos sensaciones de lo más curiosas.

Primera, que algunas cosas que recuerda del libro, no son tal como las recordaba.
Segunda, que se le ha pasado por alto matices que igual son tan importantes como las ideas centrales que se presentan, y, que en una primera lectura, son bastante complejos de captar, o al menos, de darles la relevancia que se merecen.

Ya saben los peculiares mecanismos que tiene la mente humana. Releer un libro nos pone de frente con las limitaciones de la propia mente.

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