El Arte de la Lucha, o como deconstruir la Prosperidad para tomar las riendas

Dado que a usted lo considero un buen amigo, le pido por favor que no deje de perseguirme nunca. Estas conversaciones me resultan fascinantes.

Estoy completamente de acuerdo en lo que dice, pues soy un firme defensor de que la preocupación es totalmente estéril. Siempre que pienso en la preocupación, me vienen a la cabeza aquellas palabras de Montaigne de “Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron" , sin embargo, creo que uno de mis mayores defectos (que son muchos), ha sido ser bastante padecedor y preocuparme por tanto por cosas que no han sucedido, quemando energía tontamente. Andy Grove, en su libro de “Sólo los paranoicos sobreviven”, estaría bastante en desacuerdo con nosotros, pero yo añadiría que quizá además de sobrevivir, un buen objetivo vital es vivir, entendido como vivir bien, y estar todo el día pensando por donde te viene el siguiente navajazo no tengo muy claro que sea positivo.

Los “debería de”, forman otro embelesante microcosmos en si mismo, y es que nos enamoramos de imágenes de nosotros mismos, que ni están ni se le esperan. A mi me encantaría tener un cuerpo apolíneo y musculado, ser un super inversor y tener un avión privado para desplazarme a comprar marisco, pero la realidad es mucho más interesante, fundamentalmente debido a dos asuntos:

a) No tengo ganas de pagar el precio que se exige para tener esas cosas.
b) Probablemente una vez las tenga, pensaré que no es para tanto y no creo que me hagan muy feliz.

Todos tenemos un punto dulce en el que nos movemos bien. Ese punto lo componen la aceptación de uno mismo con sus limitaciones, sentirse querido por la familia, disfrutar con el trabajo con gente a la que admires y quieras etc… y esa es la zona fértil donde suceden las cosas que merecen la pena.

Tener un coche de gama alta, es una cosa en la imaginación y otra cuando lo tienes. Y como esto, muchas cosas más. Las imágenes son siempre más bellas que la realidad.

No sé que piensa usted de esto. Le toca mover ficha, Don @Luis1 :wink:

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@jvas: Supongo que ese rancio texto servirá para expresar mi opinión al respecto:
—La mayoría de la gente —continuó el anciano— piensa que comprar muchas cosas, como tú dices, les hará felices. Están convencidos de que poseer un aparato de televisión o un coche nuevo les va a reportar muchas alegrías, pero no suele ser así. Las personas son más felices anticipando la compra, pensando en la futura adquisición, que cuando realmente la tienen ya en su poder. Cuando ya disponen del flamante vehículo y lo han enseñado a todos sus amigos y familiares, éste empieza a perder atractivo, les parece aburrido y se fijan en el nuevo modelo de su vecino. Es la expectativa de comprar el coche, más que su propia posesión, lo que nos genera felicidad.
Alicia evocó que el entusiasmo de su padre por el Cadillac duró apenas lo que tardó en desaparecer el aroma a cuero nuevo.
Luis Allué Bellosta

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@jvas:
Le mando la continuación del texto. Pagué, en su día, un “alto precio” por negarme a eliminar el tema de la felicidad en mi texto sobre finanzas.

—¿Crees que si no pudieran presumir ante los demás de su lujoso deportivo, con lo que ello representa de éxito social, lo cambiarían tan a menudo? Si vivieras en un barrio en el que fueras una completa desconocida, ¿te haría tanta ilusión estrenar tu carísimo todoterreno? El hombre tiende a crearse nuevas necesidades y retos permanentemente, algunos más loables y justificados que otros; una vez obtenido, el objetivo pierde todo el interés. Así pues, el ser más o menos ricos no nos proporcionará la felicidad; para ser dichosos necesitamos un aumento de riqueza continuado. Cuando hemos ganado un millón, durante un tiempo relativamente corto, nos sentimos bien, pero luego nos adaptamos a ese nivel de riqueza y precisamos ganar otro millón para obtener el mismo nivel de felicidad. Además, hay que considerar que no es lo mismo tener un millón partiendo de la nada, que habiendo poseído dos y perdido uno. ¿Quién crees que se sentiría mejor?

La pregunta quedó en el aire; Alicia no la contestó por obvia.

—En la búsqueda, en el camino, en la expectativa, y no en el destino final, está la felicidad. Según Eduardo Punset: «La felicidad está escondida en la sala de espera de la felicidad». La felicidad es un viaje, no es un destino; disfruta del camino porque el final siempre es incierto.

Profirió un pausado y profundo suspiro de resignación. Quizá era feliz y no lo sabía, fueron los pensamientos que fugazmente acudieron a consolarla.

—Con demasiada frecuencia utilizamos el dinero esperando alcanzar metas que nada tienen que ver con las finanzas; tratamos de comprar sentimientos como el amor, la autoestima, el conocimiento, la felicidad (entre otros), y erramos al intentar lo imposible. Todo el mundo quiere más y más riqueza; la gran mayoría, al ser interrogada por sus ingresos, nos contesta que necesitaría el doble, como mínimo, para vivir bien; pero, curiosamente, se ha comprobado que al doblarse el sueldo, también se duplican las necesidades. Un periodista le preguntó al, entonces, hombre más rico del mundo, John D. Rockefeller, que cuánto dinero era suficiente para él, y el magnate contestó con un lacónico: «sólo un poquito más». Ya lo decía Séneca: «Nada es suficiente para el hombre al que suficiente le parece demasiado poco».

Pensó que Séneca debía de ser un personaje muy listo cuando todo el
mundo lo nombraba tanto.

—El neurobiólogo Semir Zeki asegura que el cerebro tiende a crear —condicionado por los medios audiovisuales— unos modelos abstractos casi perfectos —de la pareja, el trabajo, la casa o el coche ideales—; esas idealizaciones nos hacen sentirnos insatisfechos con nuestras posesiones y con la trivialidad de nuestra vida cotidiana. Nada nos parece suficiente, ni suficientemente bueno.

«Sólo un poquito más, sólo un poquito mejor», pensó Alicia.

—¿Crees que es mejor ser cabeza de ratón o cola de león? —preguntó el anciano…

Luis Allué Bellosta

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Me da hasta reparo inmiscuirme en esta historia de amor con un jarrón de agua fría, pero solo comentar que los estudios de psicología en general y sobre todo aquellos relacionados con la felicidad hay que cogerlos con pinzas. Había un estudio donde indicaban que si a uno le tocaba la lotería no era más feliz que si no le tocaba, después han salido otros tantos que no han podido replicar este hecho y se ha dado por desmentido.

La realidad es que físicamente cuando uno sufre dolor meramente por un hecho fisiológico se cambia el entorno hormonal y los patrones de secreción de neurotransmisores. La filosofía estoica es muy útil sobre todo para la gente que se adecua bien a ella ( los más racionales ) pero la genética y la fisiología particular de cada escenario aunque románticamente suene bien decir que no importan y que uno es el capitán de su alma, marcan mucho la travesía personal de cada uno.

Al final, lo queramos o no, somos presos de nuestra propia biología y limitaciones físicas, somos polvo de estrellas, “la razón” es una recién llegada a nuestro cuerpo, por muchos ideales que contemplemos renunciaremos a todos ellos ante nuestros peores miedos, claudicando de manera miserable cuando nos enfrentemos a la miseria.

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Esto es muy cierto, somos prisioneros de nuestra biología y limitaciones. La única “ventaja” es ser conscientes de ello.

Es decir, podemos o ignorarlo o vivir sabiendo que eso es así. De hace tiempo pienso que conocer nuestra biología, nuestros flancos, saber “lo que va a pasar” a nivel de reacciones propias es el único elemento diferencial con el que cuento.

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No tiene nada que ver con la felicidad o alcanzarla, pero hablando de las bases fisiológicas del dolor o del bienestar, quisiera matizar algo.
Hay que saber también que, aunque nuestra realidad subjetiva nos impele a ir “más allá” de lo que, funcionalmente, la biología nos permite, y por supuesto, fracasaremos en el intento, como entiendo @AlanTuring dice -y tiene razón- los condicionantes varían cuando no implican una funcionalidad objetiva, como el movimiento o un problema orgánico irreparable. Por ejemplo, el del dolor. El dolor, es decir, la sensación de dolor, es subjetivo: varía en cada persona, en cada situación de la misma persona, y está relacionado con contextos distintos del individuo (unas veces duele más, otras menos, aún teniendo el mismo origen) e incluso, con el paso del tiempo, varía. Es lo que se conoce con el umbral del dolor, que, con el tiempo, se va traspasando. También está relacionado con la psicología, claro, de la persona. Por utilizar el mismo término que @AlanTuring, una persona a la mínima puede claudicar, y otra, aguantar y ver que, con el tiempo, supera distintos estadios de dolor.

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Ser conscientes hace muchísimo, entre otras cosas, nos permite intentar estudiar y modificar lo que de otra manera estaría oculto.

El concepto de dolor es muy interesante, es similar a otros estímulos, es un constructo evolutivo y altamente subjetivo dependiendo de varios factores, uno de los típicos son los “umbrales” de neurotransmirores u hormonas que se establecen por los estímulos externos, es un sistema adaptable que puede ser recalibrado. El sistema hedónico con la comida funciona igual, los olores que cuando entramos en un lugar destacan para después pasar a ser el olor base o los sonidos que son insoportables pasar a ser menos audibles. Por ejemplo, famosos son los casos de síndrome de miembro fantasma donde uno puede sentir dolor en un miembro que ya no existe. Incluso si uno se lesiona y la lesión está curada el cerebro restringe el rango de movimiento para proteger la zona y debe reaprender.
Además el cerebro/cuerpo tiene a su disposición una farmacopea muy completa que utiliza en base a ciertos criterios y que puede utilizar con maestría o no dependiendo del contexto, el efecto placebo, el positivismo y otra serie de cuestiones mentales se traducen después en respuestas físicas aunque parezcan algo etéreo.

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Las propias sustancias generadas por el cuerpo, de tipo hormonal, lo mismo que nos ayudan, de forma natural, pueden producirnos alteraciones, si funcionan mal por un problema orgánico.
Lo que ya no sé -yo creo que no- es qué margen de voluntariedad puede ejercer el individuo ante eso.
Evidentemente, la función de ese tipo de hormonas está determinada por las órdenes enviadas por el cerebro y siempre y cuando envíe las adecuadas y no erróneas las cosas irán bien.
Lo comento porque en los últimos tiempos lo vivo de cerca con mi madre. Ha sido necesario un análisis de catecolaminas para determinar si éstas le inducen a una subida de la presión arterial.
Hay que tener en cuenta que se relacionan con la consciencia de un peligro, una alarma o el aumento constante del estrés.
Ahí poco se puede hacer, salvo utilizar la farmacopea para reducirlos, a no ser que -pidiendo un esfuerzo que compensará más o menos- el individuo tenga una capacidad de autoanálisis e introspección elevados y lo pueda atenuar mediante meditación, yoga mental o alguna técnica de este tipo. Y tampoco lo tengo claro.

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Sobre esto hablaba Harari en uno de los libros, no recuerdo cual. Que al final, somos química. Son todo desajustes o reacciones químicas que producimos, sobre eso hay que funcionar.

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Al igual que a @AlanTuring, también a mi me da reparo decir algo constructivo pero me ha venido a la mente un escrito de esos que corren por las redes sociales:

A veces nos queda alguna pieza de pan después de merendar y al día siguiente decimos: “Este pan está duro, no lo quiero” y es muy probable que sí lo esté, pero pensado en ello y en una gran reflexión de Wilder Hernandez (Psicólogo destacado), hoy quiero compartir esta frase contigo:

  • “El pan no está duro… duro es no tener pan” *
    Parece mentira, pero somos especialistas en quejarnos, y la mayoría de las veces nos quejamos sin razón, sin sentido, por tonterías, por egoísmo. “El pan no está duro… duro es no tener pan”

*¿Qué quiere decir esto? Que el trabajo que tienes no es duro, duro es no tener trabajo. *
*Que tener el coche dañado no es duro, duro es no tener un coche y necesitarlo. Que por tener el coche dañado y tener que caminar a tomar el bus … eso es duro, no; eso no es duro, duro es no tener piernas, duro es no poder caminar. *

*Comer arroz con sardina no es duro, duro es no tener comida. Perder la causa en algún problema familiar no es duro, duro y créeme que muy duro es perder un familiar. *

Decir, TE AMO mirando a los ojos de otra persona no es duro, duro es decirlo frente a una lápida o un féretro donde ya no tienen sentido las palabras.
*Quejarse no es duro, duro es no saber ser agradecidos. *

Hoy es un buen día para dar gracias a Dios por lo que tenemos y no dejar que nuestra felicidad dependa de algo o de alguien.
“Nuestra felicidad depende de nosotros mismos y de lo agradecidos que seamos con lo que tenemos”

Un saludo

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Magnífico, @Enrique Yo no tengo la suerte de poder dirigirme a ningún dios, pero suscribo todo lo demás. Una verdad como un templo.
Edito: me equivoqué en la mención.

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@Enrique:
Su mención al pan me ha recordado otro de mis fragmentos. Va de guisantes.

—Recientemente asistí, en un cineclub, a la proyección de un cortometraje que me impactó por su mensaje. Una niña, guapa como tú, de tu misma edad, estaba sola, sentada delante de la mesa de su casa, ante un plato de guisantes. Cogió uno entre sus dedos despreciando los cubiertos y, cuando iba a llevárselo a la boca, se detuvo y diciendo «¡demasiado blando!» lo lanzó bruscamente sobre la mesa. Inmediatamente tomó otro guisante y lo rechazó, esta vez sin hacer el menor intento de comérselo, diciendo «¡demasiado duro!», y así sucesivamente fue descartando y dispersando por la mesa y el suelo los guisantes de su almuerzo al son de expresiones como «¡demasiado seco!», «¡demasiado oscuro!», «¡demasiado arrugado!», «¡demasiado grande!»… Finalmente sólo quedó una semilla (permanecía desafiante en el mismo centro del plato), quizá ese último superviviente era el idóneo para su ingesta o tal vez se salvaría porque la niña había agotado todos los adjetivos descalificadores. Tras unos segundos de reflexión encontró uno…
«¡demasiado verde!»

—¿Quiere decir que con ese vídeo se nos quiere dar a entender, de forma subliminal, que en nuestra sociedad de la abundancia nada nos satisface?

—Así es, tenemos demasiado de todo.

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@Luis1:

Totalmente de acuerdo con usted, ahora bien, habrá un momento en el cual…

En este momento de mi vida, no quiero casi nada, tan sólo…

Un saludo

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Gracias @Enrique por enlazar el artículo acertadísimo de Ángeles Caso; nunca debemos olvidar lo esencial versus lo superfluo.

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Y sin embargo a veces se pueden superar:

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Ostras! me he emocionado.

Grandes reflexiones sin duda.

A mi una que me gusta mucho es una que hace Montaigne en uno de sus ensayos titulado "que el gusto de los bienes y los males depende en gran parte de la idea que de ellos tenemos"

En él analiza con su peculiar estilo, entre otras cosas,si cuando pasamos de dar demasiado valor a cosas superfluas en las que gastamos exceso de dinero, a intentar ahorrar mucho, no estamos cometiendo un error del mismo tipo dando esceso de valor al propio dinero.

Ya sabemos como funciona la naturaleza humana, de la que Montaigne es un observador exquisito, que a veces por mucho que uno quiera cambiar su comportamiento yéndose a otro extremo, termina cayendo realmente en un tipo de error parecido al que caía en principio, escondiéndolo bajo otro tipo de formato.

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Inicialmente pensé en redactar unos párrafos más densos y elaborados. Sin embargo, he preferido hacerlo de una manera más simbólica a través de aforismos. De esta manera expongo fácilmente una ideas para las reflexiones personales de cada uno de los partícipes. Seguramente todas ellas serán distintas, y sin embargo válidas igualmente.

“hablar en público se entrena hablando en público”

“Aún sabiendo jugar al baloncesto, calzarte unas Jordan no te hará ser Michael Jordan”

“La genética predetermina y el ambiente determina”

“Aún teniendo igual marco metodológico, no todos los inversores Value son iguales”

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Me encuentro en una cárcel donde mi carcelero son los pensamientos compulsivos y cuanto más consciente de ello soy más me aprieta con sus garras,siento que se me escapan los mejores años de mi vida entre los dedos sin conseguir escapar de esta incomodidad que me acompaña como el reloj que llevo en la muñeca y a veces me da miedo pensar que no podré escapar de ella jamás aunque mantengo la esperanza con la manida frase de “cuando disponga de más tiempo tras cumplir mis objetivos me ocuparé de ti”.

Las penurias habituales de los presos que habitan estas cárceles se caracterizan por habitar poco o nada el presente y vivir la mayor parte del tiempo en el futuro o en el pasado convirtiendo a estos en presos de una especie de matrix de la que cada vez se sale con menos asiduidad impidiendo apreciar la belleza de las situaciones que vivimos del presente.

No quiero que se me escape la vida sin saborearla,sin reírme como cuando era niño,sin que se me erice el bello dando un beso o un abrazo,sin volcarme ayudando a los que tengo a mi alrededor,sin deleitarme apreciando la perfección que impregna todo en el universo incluido yo mismo.

No soy un caso perdido,todavía tengo esperanza,al menos yo soy consciente de donde me encuentro porque la inmensa mayoría de la gente se encuentra en el mismo matrix y no lo sabe…un matrix muy complejo hecho con falsas creencias,falsos ideales,ocupaciones y preocupaciones banales,postureos,comparaciones y muchas otras cosas dañinas todas,que nos hace vivir permanentemente en vilo.

Salir del sistema establecido que nos obliga a trabajar hasta que seamos viejitos(la famosa carrera de la rata) con la ayuda de conocimientos que no imparte el propio sistema es algo que comencé a implementar hace años y en unos poquitos más (dos o tres)conseguiré salir de este agujero negro pero me queda ocuparme de este otro del que les hablo que se me antoja más difícil.

Me he centrado demasiado en salir de la carrera de la rata en estos últimos años y esto me a perjudicado en el área más espiritual,ahora y en los próximos años voy a dedicarme más a encontrar un equilibrio entre los dos aunque el cuerpo lo que me pide es inclinar la balanza y volcarme más hacia la búsqueda de mí mismo,con todo lo bueno y lo menos bueno que ello implica.

Somos polvo amigos,el tiempo hará que todas las cosas y personas a las que tenemos apego desaparezcan(tu casa,tu pareja,tú mismo,tus hijos,todo!!),lo único que tiene valor es el instante,el ahora,el momento presente.Hay que sacarle todo el jugo que se pueda,hay que saborear a tu pareja,a tus hijos,a ti mismo,un paseo,etc,etc.El tiempo y el espacio le a juntado con lo que le rodea creando la perfección y no pueden desperdiciar los instantes,hay que abrir los ojos a la belleza de lo mundano porque es ahí donde se encuentra el verdadero gozo,no dejen ustedes tampoco que se les escape la vida entre los dedos.
Sé que muchos de ustedes no comprenderán lo que hay detrás de estas palabras pero también sé que en su interior verán que hay verdad detrás de ellas.

Joderrrrrr,menuda chapa,jejeje.

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No sabes lo que te entiendo. Yo soy muy prisionero de mis narrativas mentales y esto se me desató conforme fui adquiriendo responsabilidades empresariales y familiares.

Se muy bien que hay que “estar presente”, no desarrollar “fantasías catastróficas”, pero ¿qué pasa cuando tu trabajo es analizar y reflexionar, intentar prever como va a ser el futuro en base a los resultados que estás teniendo? ¿o cuando tienes que decidir como seguir con un tema o como desarrollarlo? Una vez me veo obligado a activar el mecanismo de “pensar” el problema es que no se como apagarlo. No se darle al botón de “off”, entonces como algo me ocupe mucho la cabeza me salgo de mi día a día y de mi realidad y empiezo a vivir en mi mente.

Soy consciente de ello, es mi principal problema y una gran batalla, para la que he ido tomando medidas, con resultado mejor que peor. No lo tengo todavía solucionado, pero como tengo detectado el origen (una serie de parcelas de mi negocio, que me suelen superar) estoy intentando al menos atraer personal más cualificado en el que poder confiar.

Muchas veces, no se si será tu caso, mi problema de pensamiento no es tanto imaginarme un escenario fatal, sino tener incertidumbre. Es decir, si hay un escenario fatal, pero yo tengo claro que ante esa fatalidad tengo que hacer A o B, entonces aunque me disguste, tiro adelante. Pero como haya un escenario y empiece a dudar “A, B, C, D…”, ahí me pierdo.

En fin, que soy padecedor también como @jvas , “patidor” como decía mi abuela en valenciano

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