Caminante... y el camino

Lo que voy a escribir a continuación son mis opiniones y pensamientos, incluyendo sus contradicciones. De antemano acepto que otros de ustedes estén en desacuerdo.

El Camino de Santiago, inicialmente era una “Peregrinación Devotionis Causa”, una cierta penitencia-devoción personal. Ahora lo es para algunos de los que lo recorren: sin datos para avalarlo, creo que los menos; en contradicción con lo que se pone en la hoja de respuestas que se rellena para obtener la compostela.

Aun cuando en la actualidad soy nulamente practicante, deseaba llegar de nuevo a Santiago, con pocas pertenencias, a pie, partiendo de donde solicité la credencial de peregrino: la Iglesia de Santiago y San Juan en Madrid. Mi idea es que el camino empieza al dar el primer paso fuera de casa. Los caminos “oficiales” son buena cosa para quien los necesite y para localizar un negocio en el recorrido; prefiero recorrer mi camino, coincida o no con el de los planos y apps.

Hace unos doce años recorrí el llamado camino primitivo con un amigo. En esa época él tenía responsabilidades directivas y yo mi empresa, por lo que los tiempos fueron acotados.

Volamos a Asturias y para seguir la planificación tomamos un autobús que nos sacó de la gran urbe, bajándonos en una pequeña población. Llevábamos un libro-guía. A poco de empezar a andar, las indicaciones del libro y nuestra visión divergían. Con la ayuda de unos trabajadores de la zona, retomamos la senda marcada.

Durante esos días, 13, hubo caminatas por sendas, carreteras, montañas, cimas, bosques,… Era agosto y la lluvia no apareció, sí alguna niebla al subir un monte.

Evitaré hablar de la mochila de mi amigo, la mía iba demasiado cargada, incluyendo camara reflex y dos objetivos. Tras reflexionar, envié por correo un paquete a casa. ¡Bendito servicio de correos!

Los días empezaron a pesar, y las ampollas a reproducirse, pasamos de dormir en albergues públicos a hostales y a nuestra llegada a Santiago en hotel.

Tengo gratos recuerdos de ese periplo, sonrisas, encuentros fugaces, recorridos comunes, charlas tardías antes de meternos en el saco para salir temprano al día siguiente.

Este año, también en agosto he recorrido “un camino portugués”, esta vez, sin más compañía -ni menos- que algunos encuentros por el camino.

Al igual que la primera vez fui a la Iglesia Santiago y San Juan de Madrid, obtuve la credencia, oí misa y fui a casa a seguir con el equipaje, que quise fuera ligero.

El camino en estos años, creo que ha cambiado, no sé si por ser año post COVID, o por la promoción del gobierno gallego y la catedral de Santiago, o lo que se mueve en su entorno.
Por ejemplo me sorprendió que en una de las iglesias que bordean el camino, antes de mí, estuviera una mujer con un notable taco de credenciales, que le fueron selladas una a una. Dudo que ella fuera peregrina y que llevase para si semejante número de credenciales.

Si alguno de ustedes ha recorrido o piensa recorrer el camino, háganlo según su gusto personal. Yo he dormido en albergues públicos y privados, con precio y con donativo, en hostales y hoteles, pocas lecciones puedo dar. Tal vez recomendar que piensen en que les lleva a hacerlo, y los riesgos que aceptan, conozco al menos dos ciclistas que han tenido roturas, una de ellas con secuelas no recuperables.

Hay caminantes de 100 km, según la estadística que proporciona la propia catedral. Sarria parece ser el punto de inicio con mayor número de peregrinos. Voy a llamar peregrinos a todos, evitando los apelativos turigrinos, bicigrinos, bicielectrigrinos,… Cada uno hace su camino y es propio juez. A mí me valen mis maneras y objetivos, ni siquiera guardé la primera compostela, hay gente que la enmarca, a la vez que procuro cenar algunos días en sitios con buena cocina. Si desean criticar mi `”gula” sean bienvenidos.

Para mi recorrer el camino es un encuentro con la sencillez y con algo superior, que busco en el interior. Para otros es un certificado de que han recorrido 1500 km. Los hay que son muy felices haciendo 100 km, coincidí con un grupo que llevaban 5 años haciendo cada año 100 km aprox., su experiencia y vivencias son tan válidas como la mías. Por cierto fueron acogedores, encantadores, cenamos juntos e hicimos unas risas, valencianos para más detalle.

Me molestaron esos grupos que llevan bluetooth a volumen importante, o que por ir con apoyo pasan a mayor ritmo y con risas, eso sí ligeros de equipaje, para algo pagan. Sólo me ha pasado la última mañana, solía levantarme muy temprano y cuando aparecía el sol ya llevaba más de una hora andando, Creo que los hábitos de esos grupos son diferentes a los míos.

Posiblemente la afluencia de peregrinos es lo que haya causado que los albergues hayan mejorado su oferta, varias noches no he desplegado el saco de dormir. Esa afluencia me parece, que a la vez puede matar al camino.

Si deseas recorrer el camino sin peso, perfecto, si deseas llevar todas tus pertenencias, igual de válido, si deseas sentir cierto nivel de sacrificio has de sacrificarte. Nada de lo anterior es contradictorio con ser un turista que recorre por el medio que sea “un camino” usando los alojamientos que existen.

La mochila ha sido a la vez mi apoyo para cubrir necesidades y una penitencia que hubiera dejado muchas veces, para subir mejor, o para aliviar el dolor de pies.

Me gusta pensar que esta segunda mochila ha sido más ligera que la primera y que podría haberlo sido más: me gusta pensar que un día llovió y las botas y calcetines se empaparon, con lo que eso llevó de malestar si quería llegar a determinado sitio; me gusta recordar que cambié el recorrido una vez iniciado y que hice cambios sobre los cambios; me gusta decirme que cada día busqué el alojamiento del día, o llamé a mi compañera para que buscara por mí, con mayor o menor fortuna. A veces roncaba alguien en una sala compartida; a veces me persiguió el ruido a pesar de buscar un alojamiento individual.

Me voy a repetir, si os apetece recorrerlo por ver paisajes, por motivos religiosos, por deporte, por estar con un grupo de amigos, porque tenéis curiosidad, o por otras razones hacedlo. Si queréis recoger la Compostela, hacedlo, si queréis que os lleven el equipaje, hacedlo, si queréis andarlo, despacio, con cierta humildad y alguna penalidad, hacedlo también. Creo que es una experiencia personal.


Estado de la bota al final, del camino y su vida útil.

En sucesivas entregas iré compartiendo lo que escribí, fotografié y viví este camino.

Comparto algún sitio web, cada uno escoja:

http://xacopedia.com/gallofero

¡Buen Camino!

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Me gustaría que aquellos de ustedes que hayan recorrido algún camino, vale Italia, Jerusalén, Murcia, Japón o …, sea sagrado o profano compartan sus experiencias y pensamientos, a mí también me gusta leer de otras experiencias y pensamientos.

Creo que el germen de “este” camino prendió cuando estaba en una boda en Cangas de Morrazo, un sitio estupendo para hacer poco, ver atardeceres y disfrutar de la comida. Empecé a pensar en recorrer la costa de Portugal. Una de mis frases favoritas es: “Cuando quieras oír reír a Dios cuéntale tus planes”. Yo empecé a planear el recorrido por la costa: etapas, paradas, me ayudó Esther haciendo un estupendo excel con la previsión del tiempo. Debieron ser unas risas estupendas.

Algunos habrán leído El gran farol, repite una idea, muy frecuente en este foro: si te centras en hacer algo, p.e. jugar al poker, invertir, planificar el camino, teniendo un buen proceso, puedes obtener resultados buenos, malos o regulares; eso es diferente a tener un adecuado proceso.

Si sólo te centras en vivir el camino, tal vez llegues o no a Santiago, lo que haya ocurrido en las jornadas te hará sabio y cuando vuelvas, aunque sea a la habitual pobreza serás más sabio.
Con permiso de Kavafis: Ítaca, de Kavafis | Lengua y Literatura.

Después de hacer planes, medir distancias, entrenar en Madrid con las botas que iba a usar en el camino, comprar billete a Oporto, ir a determinada gran superficie que todos conocen a comprar calcetines y gorra sahariana (el sol da siempre desde el sur si vas casi paralelo a un meridiano, o sea cogote quemado si no te proteges); seleccionar pesando cada camiseta, pantalón, calzado de recambio para cuando llegara a los sitios donde dormiría,… Y sin reservar donde dormir, ni comprar billete de regreso, salí una mañana de casa. ¡Ah! importante “n” apps, de las cuales una la he usado un día, el primero, y la que he usado después con cierta frecuencia, me la recomendaron pasada la mitad del camino.

Primer pseudolestrigon: Aireuropa vuela muy temprano a Oporto, hora de embarque 6 AM. Me fío de la velocidad de los controles de los aeropuertos, poco. Pues bien, el coche con conductor reservado con anticipación se retrasó casi 10 minutos, unos pocos pálpitos y una eternidad al mismo tiempo. Recuerden, si no llevas dentro los monstruos, estos no aparecerán.

Llegada al control, dado que me iban a hacer quitar las botas, éstas iban en la mochila, los líquidos en bolsa transparente y un libro electrónico se quedó en el interior de la mochila al pasar. Un amable vigilante me hizo retornar, y previo desmontaje del equipaje, el libro iba entre saco y ropa, salvé la barrera del control, para ponerme a rehacer la mochila, que había vaciado en gran parte. El libro electrónico lo saqué y metí cada noche al llegar, eso sí sin encenderlo, no hubo lectura.

Vuelo tranquilo, niebla muy espesa en el aeropuerto, salida rápida previo alivio de vejiga. Consulté al oráculo (Google) desplazamiento a Oporto y distancia a Labruge, ¡Sorpresa!

El camino está muy bien marcado, el recorrido coincide a partir de relativamente poca distancia del aeropuerto, Oporto es una ciudad que he visitado unas cuantas veces y espero volver. Decidí andar desde el aeropuerto.

Según abandoné los techos del aeropuerto recibí una fina llovizna-humedad, con lo que me puse el impermeable, sin preocuparme demasiado de la mochila, que resiste bien esas pequeñas humedades.
La previsión del tiempo decía que sol y nubes, la realidad del clima fue lluvia fina y nubes bajas.

A poca distancia del aeropuerto hay un estadio de fútbol, al pasar a su lado me pregunté si el ruido de los aviones aterrizando apagaría el de la hinchada en los partidos.

A poco de salir del aeropuerto:

Paso a paso, se recorren kilómetros, se contemplan paisajes, casas modernas y otras no tanto.

Es sorprendente lo largas que son las pistas de los aeropuertos cuando vas caminando a lo largo de ellas. En un par de ocasiones oí un súbito rugido, y a pocos metros rompieron las nubes dos aviones al aterrizar. ¡Qué maravilla la tecnología que permite eso con nula visibilidad! Saberlo es una cosa, oír y ver “caer” un avión muy cerca es otra.

Un oasis en el camino, un bar abierto; al quitarme el impermeable, caían gotas de su interior, que estaba casi igual de mojado que el exterior; las camisetas “tecnológicas” me permitieron estar prácticamente seco.

¡Qué rico puede estar un café temprano con pan y mantequilla!
Cuando se está a refugio de lluvia y viento, un placer al que me volveré adicto a lo largo del camino.

Llegué muy temprano al albergue, los peregrinos de la noche anterior apenas se acababan de ir. La hospitalera me permitió dejar la mochila y me dijo que abría a las dos; al preguntarle donde tomar un café la Padaria S José fue un paraíso donde refugiarme, entre olores de after shave y perfumes matutinos.

Después anduve hasta el mar, un atlántico que estaba para pocos baños.

Junto a él indicaciones de los múltiples caminos de la vida.

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