(a partir del minuto 1:20)
Aquí tienen un ejemplo de la lógica empresarial. La razón de ser de una empresa no es dar la mejor solución a un problema, como sostiene la economia ortodoxa, sino crear una serie de redes para capturar y retener al mayor número de clientes. Y para ello no tiene reparo en valerse de cualquier práctica en principio antieconómica y poco ética, como por ejemplo la obsolesencia programada.
Sostener que un mercado sustantivado tiene la capacidad de sancionar ese tipo de prácticas, cuando la realidad es que el consumidor promedio integrante de ese mercado no tiene ninguna facultad - ya sea por la opacidad de la información del proceso de producción y las características técnicas del producto, ya sea por la falta de competencias y conocimientos específicos sobre la disciplina del mismo, ya sea porque las consecuencias de dichas prácticas no son evidentes ni visibles a corto plazo - para discernir lo que es una buena compra que se adecua a sus expectativas de la que no, es una pura romantización de la idea de mercado.
Esto no implica una crítica a la moral o la ética del capitalista o empresario individual, que no es más que una pieza necesaria del engranaje de la gran máquina que es el sistema de producción basado en la ganancia, que crea una serie de incentivos perversos para que las malas praxis no sólo no sean sancionadas sino que son en definitiva la forma más eficiente de generarla. Las buenas praxis son expulsadas del mercado pues, por definición, suelen ser menos atractivas para el consumidor - la realidad las acota - mientras que las artimañas, estafas, engaños y estratagemas son en sí mismas oportunidades excepcionales, pues su perímetro de acción es ficticio, irreal. No es necesario situarse forzosamente en la ilegalidad para entrar en el juego. Tenemos como ejemplo la importancia de una disciplina como el marketing, que no es otra cosa que el arte de vender las características de un producto por encima de su valor real, en la estrategia empresarial. Ojear cualquier libro o tratado de marketing es adentrarse en toda una serie de técnicas y estratagemas de seducción cuya intención es la de acceder a la parte más emocional e inconsciente del consumidor para persuadirle de tomar una decisión que de otra forma no hubiese tomado.
A escala subjetiva, esa disonancia cognitiva del empresario - entre su moral como individuo y sus acciones como empresario - se resuelve cuando racionaliza, consciente o inconscientemente, su conducta justificando que es precisamente el propio mercado quien premia las malas praxis y que, por lo tanto, su existencia pasa necesariamente por jugar al juego. El sistema determina qué comportamientos son recompensados y la conciencia individual se ajusta a ellos.
En la Historia económica y empresarial uno encontrará incontables ejemplos de prácticas abusivas y poco éticas, ilegales o no, por parte de empresas y sectores privados que perduraron dentro de un mercado totalmente ciego. El “mercado”, lejos de expulsarlas, las espoleó, hasta que tuvo que ser un organismo, que según la definición ortodoxa de mercado se situaría fuera del mismo, por lo general público, pero también organizaciones privadas, el que sancionase dichas prácticas abusivas.
Como paradigma de la problemática nos podemos referir a la historia del sector farmacéutico para entender como no pocas veces los intereses de la empresa privada se contraponen a los intereses del consumidor y de la población en general. Un sector en el que la rentabilidad y la ganancia priman sobre la vida de las personas, y la financiación de un ensayo clínico obedece no a razones de salud pública sino a razones estrictamente empresariales, no puede ni debe ser dejado a su suerte. Si los incentivos son tan potentes como para no tener inconvenientes en “atropellar” la salud de las personas imaginen lo que son capaces de hacer en asuntos menos vitales.
Esto tampoco implica romantizar el papel del Estado o los organismos supervisores, pues, además de tener sus propios incentivos, son a menudo cómplices. Ni tampoco contraponer lo público y lo privado, pues no pocas veces se entrelazan. Sino más bien entender que son las dinámicas y las relaciones entre las partes las que permiten cierta funcionalidad de lo que entendemos por mercado.