S&P 500 (2008-2025): Anatomía de un mercado alcista

Notas iniciales

Agradecimientos y fuentes (†): Todos los datos presentados en este documento, salvo que se indique expresamente lo contrario, han sido elaborados por el autor a partir de la información proporcionada por Howard Silverblatt, de la firma Standard & Poor’s con fecha 31.12.2025. Aprovecho la ocasión para rendir homenaje a este destacado analista, recientemente retirado, y expresar mi sincero agradecimiento por disponibilidad de sus datos a lo largo de tantos años. Cualquier error en los cálculos, interpretaciones o conclusiones de este artículo son responsabilidad exclusiva quien les escribe.

Nota metodológica (††): Al analizar los beneficios del S&P 500, es importante distinguir entre los Operating Earnings y los beneficios as reported que publica Standard & Poor’s. Los Operating Earnings eliminan ganancias o pérdidas extraordinarias y reflejan la rentabilidad recurrente de las empresas, mientras que los beneficios as reported incluyen todos los elementos contables, incluso los eventos puntuales. Esta diferencia ayuda a entender mejor el desempeño real de las compañías a lo largo del tiempo. Howard Silverblatt comenta las diferencias entre ambas variables en un artículo de 2014. Salvo que se indique expresamente lo contrario, este artículo utiliza los Operating Earnings. Para los datos del último trimestre de 2025 se han utilizado las estimaciones de Standard & Poor’s contenidas en el fichero de 31.12.2025.

El pasado mes de marzo se cumplieron diecisiete años desde que el S&P 500 tocó su punto más bajo durante la gran crisis financiera. Solo la retrospectiva que nos brinda mirar con los ojos de 2026 nos permite ver que aquel momento marcaría el inicio de un gran mercado alcista que hemos vivido hasta nuestros días. Apoyándome en los datos de Standard & Poor’s, he considerado —salvo indicación de lo contrario— el período comprendido entre el cierre del ejercicio 2008 y el de 2025 para analizar la evolución del índice.

El primer gráfico muestra, a la izquierda, la evolución del precio del índice (no total return, es decir, sin considerar la reinversión de dividendos). El índice pasó de 903 puntos al cierre de 2008 a 6.846 puntos al cierre de 2025. A la derecha, obtenemos una imagen más completa: los retornos anuales, esta vez sí en total return, incluyendo la reinversión de dividendos. En la primera columna a la derecha del año (“TR anual”) se muestran las rentabilidades año a año, mientras que en la columna siguiente (“TR Acum”) aparece la rentabilidad acumulada, es decir, la rentabilidad que se habría obtenido si se hubiera invertido una única suma a finales de 2008 y se hubieran reinvertido todos los dividendos que se obtienen durante el período[1].

La ganancia neta, descontando la inversión inicial, fue de 944 %, un ten‑bagger en términos lynchianos (si incluimos el valor inicial de la inversión). Además, en once de los diecisiete años, la rentabilidad fue igual o superior al 15 % anual, mientras que solo hubo dos años con retornos negativos, 2018 y 2022.

El siguiente gráfico resume la tasa anual compuesta (CAGR) del índice.

Durante estos diecisiete años, la CAGR fue de aproximadamente un 14,80 %, frente a una inflación medida por el Core CPI (que excluye alimentos y energía) de 2,54 %. Descontando la inflación, la rentabilidad real fue de un 11,95% anualizado. La volatilidad realizada, una burda estimación aplicando la fórmula de ajuste entre retornos geométricos y aritméticos, fue de 12,92 %, ligeramente por debajo de la banda típica del 15‑20 %, lo que sugiere un periodo de relativa calma en los mercados.

Con todos estos datos en la mano —la extensión del período, una rentabilidad en términos reales de casi el doble de la histórica obtenida por el mismo índice y la relativa “calma” con la que se alcanzaron estos resultados— podemos sostener que el período 2008-2025 ha correspondido a un mercado alcista de gran magnitud e impacto.

Descomponiendo los retornos

Limitarse a los resultados totales no basta para comprender su verdadera naturaleza. Para analizarlos en profundidad, es necesario descomponerlos en varios componentes que permitan entender mejor el origen del desempeño. En “Occam’s Razor Redux: Establishing Reasonable Expectations for Financial Market Returns”, Bogle y Nolan (2015) presentan un modelo de tres variables que facilita, tanto el análisis de los retornos históricos como la proyección de los retornos futuros. Según los autores, existen tres variables principales que determinan el grueso de los retornos: dividendos obtenidos, crecimiento de beneficios y cambios en el múltiplo de beneficios:

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Partiendo de la distinción entre enterprise y speculation que estableció John Maynard Keynes en sus escritos sobre el mercado, Bogle y Nolan encuadran las dos primeras variables dentro de lo que denominan retorno fundamental (como adaptación del concepto keynesiano de enterprise), es decir, aquella parte más anclada a la realidad económica de la empresa. Mientras que la rentabilidad por dividendo (dividendo/precio) representa el flujo de caja que el inversor recibe directamente mientras mantiene la acción, el crecimiento de las ganancias por acción (∆ Beneficios) refleja el incremento del valor económico de la compañía que, a largo plazo, impulsa los precios.

El cambio en el múltiplo precio-beneficio (∆ P/E) representa la variación en la valoración del mercado, es decir, si al final del periodo se paga más o menos por unidad de beneficio que en el inicio del periodo. Por esta razón, Keynes —y, por extensión, Bogle y Nolan— encuadran esta última variable dentro del retorno especulativo, más dependiente de las expectativas de los agentes.

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Cuando se utiliza este modelo para proyectar el futuro, debemos tener en cuenta que, conforme nos movemos de izquierda a derecha en la imagen, la incertidumbre de las variables aumenta. Aunque el artículo es una exploración del pasado y no una proyección del futuro, por motivos de claridad analítica se seguirá este mismo orden de exposición. La distinción entre el modelo de Bogle y Nolan y el que se presenta a continuación reside en que la variable de crecimiento de beneficios se descompone a su vez en crecimiento de ventas y en la aportación de rentabilidad que surge fruto de la expansión de márgenes. Así, el modelo queda de la siguiente manera:

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donde:

  • TR_SP500 = Rentabilidad total (total return) del S&P 500 (CAGR).

  • DY = Efecto del dividendo por acción en la rentabilidad total (CAGR).

  • g_VENTAS = Crecimiento anual de ventas (CAGR).

  • g_MÁRGENES = Crecimiento de márgenes sobre ventas (CAGR).

  • g_PE = Cambios en el múltiplo PE ratio (CAGR).

En la siguiente imagen se muestra la descomposición de retornos totales basada en la técnica descrita:

Dividendos

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A finales de 2008, la rentabilidad por dividendo era del 3,14%, mientras que en 2025 el índice cerró con una rentabilidad por dividendo del 1,15%, lo que indica que los precios de las acciones han aumentado en una proporción mucho mayor que los dividendos por acción. Durante el periodo 2008-2025, la contribución de los dividendos vía reinversión en el índice aportó aproximadamente un 1,90% de rentabilidad anualizada.

Con un promedio de rentabilidad por dividendo trimestral de alrededor del 1,85% frente a un promedio del earnings yield (la inversa de la ratio P/E) de aproximadamente 4,97%, las empresas del S&P 500 han retenido más beneficios (63% de las ganancias) de los que han distribuido en forma de dividendos (37%). Esto plantea la siguiente pregunta: si al retener estos beneficios han privado a sus accionistas de mayores dividendos, ¿han utilizado esos recursos de manera eficiente?

Según la columna RoRE, la respuesta es afirmativa, gracias a un retorno sobre beneficios retenidos de aproximadamente 13,52%. El RoRE (Return on Retained Earnings) es un cálculo sencillo que compara el crecimiento de los beneficios entre dos puntos en el tiempo (en este caso, entre finales de 2008 y finales de 2025) con los beneficios retenidos por la empresa durante el mismo periodo. En teoría, si este retorno supera el coste de los fondos propios de la empresa (que históricamente para el S&P 500 se ha situado entre el 8% y el 11% en función del periodo de cálculo seleccionado), la retención de beneficios genera valor adicional para los accionistas.

Aunque este enfoque es simplista y puede estar condicionado por los puntos de referencia elegidos —un sesgo que puede mitigarse parcialmente mediante el uso de ventanas móviles— el análisis sugiere que, durante este periodo, la retención de beneficios ha sido consistente con la creación de valor para el accionista.

En cuanto al destino de los beneficios retenidos, estos pueden haber sido canalizados tanto hacia usos de carácter operativo y financiero —como el crecimiento orgánico, las adquisiciones o la optimización de la estructura de capital (por ejemplo, mediante la reducción de deuda)— como hacia mecanismos de remuneración indirecta al accionista, especialmente a través de programas de recompra de acciones[2].

Crecimiento de beneficios (ventas y márgenes)

La segunda variable que conforma los retornos fundamentales es el crecimiento de beneficios. Como se indicó anteriormente, esta variable se puede descomponer en crecimiento de ventas y crecimiento de márgenes.

Para el caso de las ventas por acción, estas pasaron de $1.042 en 2008 a $2.071 en 2025, lo que equivale a una tasa anualizada del 4,12%, en línea con el crecimiento del PIB nominal de EE. UU., situado también en el entorno del 4–5% anual para ese periodo de tiempo (si se tiene en cuenta una inflación entre el 2-3%, ese crecimiento queda aún más atenuado). Este dato puede dejar algo “frío” al lector, especialmente siendo este ya consciente a estas alturas de los resultados agregados del índice. Dado que el crecimiento de las ventas suele interpretarse como un reflejo del “éxito comercial” de las compañías, cabría haber esperado cifras más espectaculares en este apartado. En este sentido, es razonable concluir que, por sí solas, estas cifras no apuntan a un período especialmente destacado en términos de crecimiento.

En contraste con el crecimiento de las ventas, el margen de beneficios del S&P 500 sí que experimentó un aumento notable, pasando del 4,75 % en 2008 al 12,82 % en 2025. El crecimiento registrado en el periodo ha sido extraordinario, contribuyendo en un 6,01% a la rentabilidad total del índice. Cabe destacar que los márgenes de 2008 estaban deprimidos (por debajo de la media histórica de aproximadamente 6–7 %), lo que ha aumentado el impacto del crecimiento de los márgenes con respecto a lo que hubiera sucedido si hubiésemos partido de márgenes promedio históricos.

Su nivel actual ha generado un amplio debate entre economistas y analistas financieros: no es tanto el desacuerdo sobre las causas subyacentes, sino sobre la magnitud y sostenibilidad de estas. Entre las causas más importantes pueden englobarse las siguientes:

  • Crecimiento de empresas tecnológicas y plataformas digitales con márgenes naturalmente altos (por ejemplo, el peso del sector IT, con márgenes considerablemente superiores a los del índice, ha pasado de cerca del 18% en 2008 a más del 30% en 2025).
  • Poder de fijación de precios en sectores concentrados, permitiendo mayores márgenes.
  • Globalización y externalización que abaratan costes de manufactura y logística, aunque actualmente se observa cierta reversión del offshoring hacia el onshoring.
  • Automatización y eficiencia operativa que reduce costes laborales y de producción
  • Reducción de impuestos corporativos (algunas estimaciones basadas en datos del BEA sitúan la tasa efectiva de impuestos corporativos en torno al 25 % en 2008, frente a niveles del 10–15 % en la actualidad).
  • Bajos costes de financiación en un entorno prolongado de tipos de interés bajos (principalmente desde 2008 hasta la salida del COVID en 2020-2021).
  • Persistentes déficits públicos que actúan de manera indirecta como impulsores del crecimiento de los márgenes.

Los espectaculares aumentos en márgenes, combinados con un crecimiento más moderado de las ventas, han permitido que los beneficios del S&P 500 crezcan a una tasa anualizada del 10,38 % entre 2008 y 2025. Este nivel supera ampliamente lo que los modelos a largo plazo suelen proyectar, que generalmente se anclan en cifras cercanas al crecimiento del PIB nominal del país o, para empresas multinacionales como es el caso mayoritario de las empresas que componen el S&P 500, al PIB global (los modelos tradiciones suele partir de la idea de que el principal motor de crecimiento viene del crecimiento de las ventas, y que los márgenes revierten a algún nivel de equilibro que, en la actualidad se desconoce). En otras palabras, mientras que las ventas han crecido a un ritmo similar al de la economía (≈ 4–5 %), la expansión de márgenes ha impulsado los beneficios a un ritmo extraordinario, lo que plantea interrogantes entre algunos expertos sobre su sostenibilidad futura.

Como ya se ha mencionado, uno de los principales motores del sólido crecimiento de los beneficios del índice en estos años ha sido el sector tecnológico. El siguiente gráfico compara la evolución del crecimiento de los beneficios del S&P 500 (incluyendo tecnología) con la del propio sector.

Ambas series muestran un comportamiento similar entre 2008 y 2014. Sin embargo, a partir de 2014-2015 las tasas de crecimiento comienzan a divergir claramente a favor de la tecnología, que terminó registrando una tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR) del beneficio por acción del 14,42% frente al anteriormente mencionado 10,38% del índice. De haber podido analizar en este artículo una serie del S&P 500 que excluyese el sector tecnológico, el diferencial de crecimiento entre ambas series habría sido aún más pronunciado.

En conjunto, el crecimiento de los beneficios del S&P 500 durante este período se ha visto impulsado principalmente por la expansión de los márgenes, mientras que el crecimiento de las ventas ha sido más moderado. El sector tecnológico, con márgenes y crecimientos en ventas por acción superiores, ha aumentado su peso en el índice, contribuyendo de manera destacada a la rentabilidad global del índice.

Cambios en el múltiplo de beneficios

La evolución de la P/E ratio (relación precio-beneficio) entre 2008 y 2025 refleja una tendencia al alza, pasando de 18,2 veces beneficios a 25,8 veces, lo que representa una tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR) del 2,06%, su aportación al retorno total del índice. Este incremento indica que los inversores están pagando hoy un múltiplo mayor por los beneficios de las empresas del S&P 500. Este aumento en la valoración puede interpretarse desde dos perspectivas: por un lado, podría reflejar una caída en la rentabilidad exigida por los inversores, es decir, una menor tasa de descuento debido a factores como un entorno de tipos de interés bajos o menor percepción del riesgo. Por otro lado, también podría ser el resultado de expectativas más elevadas sobre el crecimiento futuro de los beneficios, impulsadas por mejoras en la productividad, innovación o condiciones macroeconómicas favorables.

En la siguiente imagen se presenta un mapa conceptual que ilustra los componentes teóricos que determinan la ratio P/E. Es importante destacar que, en este bloque de análisis —como a lo largo de todo el artículo— no se pretende hacer pronósticos sobre el comportamiento futuro del mercado ni anticipar cambios en variables macroeconómicas o financieras. Toda la información presentada se fundamenta en datos históricos y en un enfoque basado en la inferencia de expectativas:

Aunque el diagrama puede abrumar al principio, nos quedaremos con lo básico del mismo para poder hacernos una imagen del asunto. La ratio P/E depende principalmente de tres variables:

  • La tasa de interés libre de riesgo, medida por el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a largo plazo, normalmente entre 10-30 años[3].
  • La prima de riesgo de las acciones: el rendimiento adicional que los inversores exigen por poseer acciones.
  • La tasa de crecimiento esperada a largo plazo en los beneficios corporativos.

Las dos primeras componentes forman parte del coste del capital propio o coste del equity**,** (r). Aswath Damodaran estima este coste usando el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años y una prima de riesgo. La tercera se corresponde con nuestra tercera variable del modelo, el crecimiento (g).

Para analizar cómo se han comportado estas dos variables a lo largo del periodo, necesitamos comparar la ratio P/E del S&P 500 con la ratio P/E teórica sin expectativas de crecimiento. Si igualamos g = 0 en la fórmula, obtenemos que P/E = (1 / r) . Utilizando la tasa (r) estimada por Damodaran, llegamos a la ratio P/E sin crecimiento. El siguiente gráfico muestra la evolución de la tendencia para ambas ratios a lo largo del tiempo:

La primera observación, y quizás la más sorprendente, es que según los datos de Damodaran la rentabilidad exigida por los accionistas (r) se ha mantenido relativamente estable durante todo el periodo, a pesar de que uno de sus componentes, el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años, ha experimentado cambios considerables (en 2008 el rendimiento de dicho instrumento era del 2,21%, mientras que en 2025 fue del 4,18%, según datos del propio Damodaran). Puede deducirse que, en términos generales, los movimientos en los tipos de interés se han visto compensados por variaciones de signo contrario en la prima de riesgo exigida a la renta variable[4], de modo que el nivel agregado de rentabilidad exigida no ha cambiado de forma sustancial. Esto se traduce en un P/E sin crecimiento relativamente estable entre 2008 y 2025 en el entorno de las 11-12 veces.

La segunda observación es que, de manera consistente, las expectativas de crecimiento futuro han ido ganando peso en la valoración del índice, contribuyendo de forma significativa a la expansión del P/E del índice (línea azul).

Antes de que el lector se aventure a sacar conclusiones precipitadas, conviene analizar si estas mayores expectativas de crecimiento futuro pueden apoyarse en factores tangibles que justifiquen un múltiplo más alto del P/E. Para ello, debemos desplazarnos en el diagrama superior hacia la variable adyacente al crecimiento llamada “PVGO” (Present Value of Growth Opportunities, o valor presente descontado de las oportunidades de crecimiento). El PVGO refleja la porción del precio de una acción atribuible a estas oportunidades futuras y depende tanto del diferencial entre la rentabilidad de los proyectos y la rentabilidad exigida como de la intensidad de inversión.

Tomemos como ejemplo a las llamadas hyperscalers, empresas tecnológicas que realizan inversiones masivas en infraestructura para inteligencia artificial. Bajo la óptica del PVGO, el mercado evalúa si estos proyectos generarán un retorno (RoE) que supere la rentabilidad exigida (r). Este diferencial positivo es la clave de la creación de valor: si la rentabilidad de la inversión es superior a su coste, la inversión realizada se vuelve altamente eficiente. En este escenario, cuanto mayor sea el volumen de recursos destinados a estas inversiones rentables, mayor será la riqueza incremental para la empresa, lo que justifica que los inversores estén dispuestos a pagar un múltiplo (P/E) más elevado por capturar ese crecimiento futuro.

El siguiente gráfico muestra la evolución de este diferencial a lo largo del periodo 2008-2025, definido como la diferencia entre el retorno de los fondos propios (RoE) y la rentabilidad exigida (r) estimada por Damodaran. Por motivos ilustrativos, se destacan las tendencias lineales de ambas variables. Para este periodo, el aumento del diferencial indica que los proyectos generaron de forma creciente más rentabilidad que la exigida, incrementando así el valor del crecimiento incorporado en el índice. Nuevamente, el gran responsable parece haber sido el buen desempeño del sector tecnológico. De acuerdo con los datos de la firma Newconstructs, el ROIC ponderado por capitalización de mercado, que sabemos está dominado por las grandes tecnológicas, alcanza en 2026 el 35% frente al ROIC agregado del 11%.

Para su cálculo de prima de riesgo, Damodaran también publica una estimación de crecimiento denominada “smoothed growth” que como su propio nombre indica suaviza la evolución de los fundamentales para evitar saltos bruscos de un año a otro y reflejar una trayectoria más estable. Esta medida combina el crecimiento reciente en los fundamentales del S&P 500 con una referencia de largo plazo, como el rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense, de modo que el crecimiento converge gradualmente hacia una tasa sostenible (para saber más sobre por qué los bonos se relacionan con las expectativas de crecimiento, Ben Bernanke ha escrito extensamente). El siguiente gráfico muestra cómo esta tasa se ha duplicado, pasando de ~2 % en 2008 a más del 4 % en 2025.

En el pasado reciente, la combinación de un mayor diferencial entre el retorno obtenido (RoE) y la tasa de descuento (r), junto con mayores oportunidades de crecimiento (g), ha incrementado el valor atribuido al crecimiento en la cotización del índice, lo que explica en parte la expansión de los múltiplos. Si bien aún queda por determinar si el exigente nivel de generación de valor que el mercado descuenta hoy se materializará finalmente en el futuro, no puede ignorarse que el periodo 2008-2025 respalda parte de la tendencia optimista de estas expectativas. No obstante, esta dinámica también pone de manifiesto una creciente dependencia del S&P 500 respecto al sector tecnológico, cuyo peso y rentabilidad han sido determinantes en la evolución reciente del índice, lo que introduce un riesgo de concentración en caso de que estas compañías no sostengan su desempeño en el futuro.

Conclusión

El análisis del periodo 2008-2025 revela un ciclo de mercado excepcional, definido por una rentabilidad real anualizada del 11,95 % y una volatilidad del 12,92 %, por debajo de los rangos históricos. Aplicando y ampliando el modelo de descomposición de Bogle y Nolan, se identifica que el grueso del desempeño provino del retorno fundamental (12,48%), impulsado por una expansión de márgenes—del 4,75 % al 12,82 %— que con una CAGR del 6,01% ayudó a compensar un crecimiento de ventas más discreto (4,12%), el cual se mantuvo alineado con el PIB nominal. Este avance en los márgenes responde a cambios estructurales profundos, como el dominio del sector tecnológico, así como de otros factores de carácter fiscal o macroeconómico que podrían ser menos sostenibles en el futuro.

Por otro lado, el llamado retorno especulativo aportó un 2,06% a la rentabilidad total del índice. Esta valoración incorpora hoy expectativas de crecimiento más ambiciosas que en 2008. Este optimismo se apoya en datos tangibles, como un mayor diferencial entre el RoE y la rentabilidad exigida, junto a una tasa de crecimiento sostenible que se ha duplicado durante el periodo analizado.

En definitiva, aunque la evidencia histórica confirma que 2008-2025 se trata de un ciclo de éxito extraordinario, el nivel actual de los márgenes y las valoraciones implícitas sitúa al mercado ante el interrogante de si estos niveles representan una nueva realidad estructural o un paradigma difícil de replicar en el futuro. Dicho escenario descansa en expectativas de crecimiento más elevadas y en una contribución cada vez más concentrada en el sector tecnológico, lo que podría amplificar la vulnerabilidad del índice ante eventuales revisiones de crecimiento o deterioros en el desempeño de estas compañías.

Notas

[1] Es importante destacar que la rentabilidad TR calculada aquí puede diferir ligeramente de otros cálculos en función de la frecuencia de datos utilizada; en este caso, se emplearon datos trimestrales.

[2] La metodología utilizada en el fichero de Howard Silverblatt “neutraliza” el efecto de las recompras al calcular el beneficio por acción del S&P 500.

[3] En valoración se suele utilizar el bono soberano a largo plazo como tasa libre de riesgo, aunque este no escape a ciertos riesgos como cambios en los tipos de interés o pérdida de poder de compra, por ejemplo. Su uso se debe a un criterio de coherencia temporal: dado que las acciones tienen horizontes de inversión largos, resulta más adecuado emplear una tasa con una sensibilidad similar. Por ello, se tiende a preferir bonos gubernamentales a 10–30 años frente a letras a corto plazo, ya que alinean mejor la tasa libre de riesgo con la duración esperada de los flujos de las acciones si bien no es una convención estricta.

[4] El profesor Bradford Cornell comenta con respecto a la prima de riesgo: “En un mundo que se ha vuelto más global, más financiarizado y muchísimo más sofisticado en su capacidad para analizar y valorar el riesgo, la oferta de capital dispuesto a asumir riesgo ha aumentado de forma drástica. Los avances en computación, la disponibilidad de datos y la ingeniería financiera han hecho que los mercados sean más profundos y competitivos. Con más riqueza persiguiendo oportunidades de inversión, el precio de asumir riesgo ha disminuido.”


  1. Footnotes ↩︎

  2. Footnotes ↩︎

  3. Footnotes ↩︎

  4. Footnotes ↩︎

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Ha sido un gusto leerle @Ruben1985 . Hacía mucho tiempo que no le veíamos por el foro, por lo que welcome back!

Sin duda el incremento de margen y expansión de múltiplo explican la mitad de la rentabilidad, lo cual es “preocupante”. Si uno quiere que a futuro se consiga algo igual, si esos drivers se mantienen ahora estáticos, la rentabilidad futura será bastante más normalita.

Veremos a ver si gracias a la IA los márgenes van más aún hacia arriba, o hace que incremente la facilidad de “competir”, haciendo que las pequeñas peleen más de tú a tú sin necesidad de tener tanta escala.

Buena entrada de semana.

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Excelente artículo. Muchas gracias

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Un artículo espectacular, como siempre. Sin embargo hay algo en el modelo usado que me plantea un cierto problema. En la fórmula:

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¿Estamos, de alguna manera, contando dos veces los beneficios repartidos? En ese caso, habría una “variable oculta” en el modelo: el ratio de pay-out. Un saludo cordial.

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Aquí lo que indica es que el retorno total viene por el crecimiento de los beneficios o no + incremento del múltiplo o no + dividendo recibido.

No duplica, simplemente separa los drivers asumiendo un PER implícito.

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Ya, pero asume implícitamente que la política de reparto de dividendos afecta a la cotización. Yo preferiría un modelo en el que el segundo sumando fuera “beneficios retenidos”.

No me negará que el dividendo forma parte del beneficio.

Sería como darle un sobrepeso al beneficio repartido.

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El retorno total de una inversión se calcula por los siguientes conceptos:

-Cuánto ha subido el precio:

Aquí está el factor de a cuánto se cotiza el beneficio PER y cuánto ha crecido el beneficio.

-Cuánto por el camino te han repartido al bolsillo:

Aquí habría que quitar las retenciones y tal, pero es pasta que ha salido de la caja y te ha entrado a ti.

No hablamos de que afecte o no, que afecta porque el EV de la empresa automáticamente varía al repartir, pero son cosas distintas a lo que explica @Ruben1985 .

Lo que menciona de beneficios retenidos son así, pero una parte se ha quedado en la empresa (y de ahí que haya subido porque lo ha atesorado o reinvertido) y la otra está en tu bolsillo.

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Un placer disfrutar de sus artículos, ni que sea muy de vez en cuando.
De hecho uno puede volver a leerlos al cabo de un tiempo y siempre tiene la sensación de estar degustando un manjar intelectual de los finos. Lo cual también aporta un tipo de perspectiva más sosegada y en un marco temporal mucho más amplio que raramente se suele ofrecer.

Esta imagen creo que es un resumen muy bueno del periodo analizado aquí, Incluso si eliminamos el rango temporal de 2009 a 2011 por considerarlo en cierto modo una vuelta a los máximos anteriores.

No se trata tanto de que no haya sido esta la cartera de un inversor concreto. Es normal que uno no haya tenido resultados tan buenos en forma de tener cierta ponderación significativa del resto del mundo, de empresas de menor tamaño o de ciertos estilos que en diversas fases de este periodo han brillado menos y, especialmente, han sufrido mayores descalabros temporales. O simplemente que muchos inversores solemos tener otras patas por todo tipo de circunstancias personales y/o de objetivos.

Es un gráfico que muesta en toda su extensión el “poderío” de la renta variable. La posibilidad de pillar un periodo largo de rentabilidades extraordinarias para las expectativas de un inversor racional y con objetivos no demasiado exagerados.

El problema viene quizás cuando uno pretende extrapolar este periodo como si fuera lo habitual en cualquier circunstancia.

Aquí viene parte del problema y es que tenemos un poco la sensación que la volatilidad ha sido simplemente ligeramente inferior. Pero el daño que puede provocar la volatilidad realmente ha aparecido poco en este periodo, al menos el daño que puede provocar en inversores ya con cierta mentalidad de largo plazo y con aceptación implícita de la variablidad del capital.
Un solo año realmente con caída significativa resultado del año. (el -4,3% ni lo cuento por ser muy pequeño en términos de renta variable). Y el 2022 vino rodeado de un año anterior y otro posterior de subidas importantes. Vamos que simplemente con un horizonte temporal de 3 años ahí no ha habido caídas y en cambio ha habido subidas importantes.

El típico perido donde uno tiende a subestimar el tipo de riesgos que implica estar invertido en este activo. Ojo que también el periodo desde el 2000 hasta 2012 fue un periodo en este sentido para la renta fija, dando unas rentabilidades ajustadas a inflación muy importantes y nada extrapolables históricamente. Ahí parecía que el poco valía la pena asumir mayor riesgo si las rentabilidades de según que tipo de renta fija eran tan buenas.

Aunque vuelvo otra vez a que los resultados de muchos inversores no han sido tan buenos como esos datos del S&P500, la sensación que ha habido que soportar realmente poca “volatilidad” en términos históricos ahí está. Ha habido esa otra cara de la “volatilidad” que es la sensación de que uno habría estado más tranquilo en el S&P500 que con otro tipo de carteras, pero lo de cuestionarse su tolerancia a la volatilidad por estar en RV ha aparecido poco para un inversor con algo de mira más de largo plazo.

Y es lo que cuesta de valorar muchas veces cuando uno analiza “volatiidades” como proxy de riesgo. No todo el % de volatilidad hace el mismo tipo de daño. Y es cuando las caídas ya se vuelven extremas que cuesta tolerarlas, analizarlas y simplemente plantearse la conveniencia para los objetivos personales de ese tipo de activo.
Yo creo que en foros como +D hay muchos inversores que tenemos amplia tolerancia a la volatilidad y sin embargo nunca he tenido nada claro como llevaríamos un periodo tan extremo como la gran depresión con esos niveles de caídas. Y es posible que muchos ni se lo hayan llegado a plantear que podría llegar a darse un tipo de situación tan extrema.

Volviendo al tema de los objetivos y en relación al tipo de inconvenientes que pueden suponer, está claro que es relativamente fácil que uno pueda pasar, de forma más consciente o menos, a plantearse objetivos mucho más ambiciosos en base a su experiencia personal reciente de lo que sugeriría un mercado mucho más parecido a los parámetros históricos. Y ya no digo las implicaciones que tiene para hacer según que cálculos que el hecho que pueda aparecer tanta dispersión al alza tenga como contrapartida estadística importante que pueda aparecer periodos de dispersión a la baja muy largos también, como ya ha pasado históricamente.

Aunque en sus argumentos uno tenga la sensación a veces que se utilizan datos históricos y no datos concretos del periodo, a la hora de valorar riesgos sí que parece que la proliferación de según que tipo de objetivos tiene mucho que ver con este tipo de mercados fuertemente alcistas y que en cambio suelen desaparecer en mercados muy complicados.

Aunque la viabilidad de mantener la estrategia no parezca depender tanto de que se mantenga un mercado alcista de gran magnitud, la capacidad de estar razonablemente cómodo con este tipo de objetivos sí que tiene tendencia a ello o, al menos, a que no aparezcan mercados demasiado negativos.

A veces lo que cuesta más es de interpretar que significa la rentabilidad exigida por los accionistas.
Quizás en cuanto a riesgo lo que tengo la sensación, que no el cálculo numérico, no es tanto la percepción de que no haya riesgos notables durante este periodo sino una sensación amplia sobre la capacidad de hacerles frente.

Cuando aparece un problema parece que hay cierta tendencia a asumir la capacidad de la renta variable para hacer frente sin demasiado problema a crisis como guerras comerciales, covid u otro tipo de guerras ya más de las tradicionales. Vamos que habrán problemas temporales pero que no van a durar excesivamente. De hecho es lo vivido esta década y media aproximadamente. Y que algunas de estas crisis acaban teniendo mayor capacidad de pasar factura a nivel personal que a nivel inversor con cierta perspectiva de pocos años vista.

Veremos que pasará cuando aparezca un episodio de naturaleza distinta. Como también han pasado históricamente. Aunque sea difícil predecir cuando pueden pasar. A veces parece que como inversores acabamos olvidando, a base de épocas donde un activo funciona tan bien, como cierto tipo de problemas pueden pasar una factura seria al activo no pudiendo ser inmune a ellos por propia definición del artículo. En cierto modo lo que comenta el libro que me recomendó: Las guerras comerciales son guerras de clases: Cómo la desigualdad distorsiona la economía--Michael Pettis, Matthew C. Klein

Gran capacidad la suya en intentar descomponer las razones para este largo mercado alcista.
Y mostrando una vez más lo complicado que suele ser acabar tomando según que tipo de razones en base a fundamentales.

Aquí aparece el problema de abusar de algo que de entrada puede parecer muy lógico como son las regresiones a la media. El que haya estado esperando que los ya muy elevados niveles, en términos históricos , de márgenes de 2017 volvieran al promedio histórico se habrá dado un canto en los dientes.

El problema no es tanto que no termine existiendo tendencia a la regresión a la media sino los plazos temporales para ellos y como gestionar un exceso de agresividad en las estrategias a factores que luego pueden permanecer de esta forma un largo tiempo. Con el añadido de a saber cual puede ser el valor de equilibrio.

Ya fue usted muy incisivo con el gráfico que me señaló sobre la debilidad estadística que estaba teniendo desde hacía tiempo el buscar reversiones a la média en base a datos históricos a los beneficios y que el problema no era tanto que la media estuviera algo encima, es que lo que antes era un percentil elevadísimo ahora había pasado a ser un perfil bajísimo.

Esto no significa que no haya que gestionar ciertos riesgos. El problema viene más bien de no asumir que riesgos implican según que tipo de decisiones demasiado agresivas en según que sentidos. Y pretender por ejemplo gestionar cambios de exposiones muy grandes a RV en base a cualquier tipo de dato, por muy fundamental y lógico que se crea ese tipo de dato, y por mucho que no otras ocasiones haya conseguido evitar en gran medida cierto tipo de problemas, es muy fácil que nos pueda llevar a otro tipo de problemas.

Las estrategias que son capaces de evitar pérdidas o gran mayoría de pérdidas en según que escenarios muy complicados, lo normal es que tengan una dosis notable de riesgo de otro tipo comportando exponerse a ellos de forma arriesgada. Salirse en % muy elevados de RV es un riesgo muy notable por mucho que en ciertos datos pueda parecer que es lo más sensato. El problema es que ese tipo de decisiones suele olvidar otro tipo de datos igualmente importantes.

Otra gran imagen que aunque la había visto en otros sitios me ayudó usted a recordar sobre la relación entre rentabilidad y riesgo. Y cambiar mucho el % de exposición a RV es un riesgo notable y por eso ha ofrecido en según que ocasiones recompensas muy elevadas aunque en otras la penalización ha sido significativa también.

Aquí vemos la contraparte que ya habíamos señalado de olvidar el tipo de riesgo que implican ciertas decisiones en base a un mercado tan favorable como el actual. La sensación que casi no tiene “penalización” mantener % de RV elevadísimos ni que los plazos temporales que uno maneje no sean largos.

También nos podríamos preguntar aquí el sentido real que tiene plantearse que puede aportar un activo como el bitcoin a una cartera cuando en ese periodo lo que hemos visto básicamente es que cuanta más RV mejor. Como algunos ya han sugerido, complicado analizar si el bitcoin ha aportado algo distinto de lo que habría aportado tener mucha más RV. También en estos episodios las ganas de justificar apalancamientos suelen ser proporcionales a este tipo de comportamientos.

Claro que a medida que algo se va concentrando se incrementa el riesgo, pero en este caso tiene cierta miga hablar de ese éxito si uno no añade previamente que estar expuesto a ello previamente ha sido un proxy importante reciente los últimos años y no precisamente partiendo de un nivel de concentración muy elevado si lo comparamos con los propios productos que suelen criticar los niveles de concentración actuales del S&P500.

Vamos como pasa con otras ocasiones, es complicado hablar de que es exactamente lo que uno termina acertando cuando algo mantiene una tendencia favorable larga que al final se termina dando la vuelta. Lo importante no es tanto analizarla desde el punto de vista de quien realiza movimientos agresivos sino de quien mantiene una estrategia con el tiempo. Y en eso parece mucho más discutible asegurar que eso ha supuesto un riesgo de concentración notable cuando parte de ella ha sido producto de simplemente ir manteniendo la estrategia.

No digo que sea la única forma posible de gestionarlo pero a veces para hacer ver que un riesgo concreto , que parece que no asumes en ese momento concreto, es importante, hay que intentar ser razonable y entender la dinámica que lleva a ellos. Porque hay dinámicas que forman parte de la propia naturaleza de la RV y ahí el índice asume riesgos pero otras estrategias también los asumen.

El índice se ha beneficiado de subidas de márgenes importantes pero como le gusta comentar a @Fernando también el value se ha beneficiado de ello, no tanto porque sus negocios hayan pasado a tener márgenes tan grandes necesariamente en términos normalizados pero también ha pasado en algunos negocios de tener márgenes lamentables hace 4-5 años a tenerlos bastante mejores. Vamos que el Value ya sabemos que también suele tener algo de Growth en su comportamiento cuando aparecen las buenas rentabilidades.

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Algunos Gobiernos tienen la mala costumbre de gravar los dividendos.

¿Es un modelo o simplemente una identidad matemática estilo la del Net Income, Dupont, ¿creo que era?, que simplemente muestra los componentes de una cierta forma para ilustrar?

¿Y si eres Telefonica y tus accionistas están pillaos de cash y quieren muchos divis aunque te tengas que endeudar, cómo se come en términos de realidad económica? (perdón por el off-topic)

¿Se podría llamar más torrentianamente a uno Toro Pasao y al otro Peixquera? (perdón por el inside catalan joke, pero es que no se me ocurre otra cosa)

Al revés que en política dirán los fachas

Algunas preguntas que se me vienen

¿Cómo descarta la reversión a la media dado el extremo pesimista del que se partía vs la narrativa de los márgenes?

El gran elefante en la habitación que yo no acabo de ver claro es el de las recompras de acciones (aprovechándose de los tipos bajos también claro). ¿Qué parte de esa expansión de márgenes / beneficios no es más que la serpiente que se muerde la cola?

Un efecto contrario se puede producir si vienen vacas flacas y empiezan a hacer ampliaciones de capital en un contexto “recesionario”

Al final todo esto es una antitormenta perfecta con una combinación de características de punto de partida, estimulos monetarios y fiscales, sólo eclipsados por el boom tecnológico, que nadie puede decir que no sea verdaderamente un “esta vez es diferente”

Lo que no es un esta vez es diferente es la calidad de su artículo y mi arrogancia por meterme en lo que seguramente no entiendo.

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