Magnífico el podcast. En muchos temas financieros más sabe el diablo por viejo que por diablo y las anécdotas, lejos de ser algo puntual, suelen ser muy útiles para conocer la verdadera naturaleza del mundo financiero. Eso sí, un poco contextualizadas.
Sobre el ya habitual debate de la educación financiera, en mi opinión, la primera lección o casi la primera, debería ser que aunque invertir es una excelente herramienta, el objetivo de “forrarse” es difícilmente compatible con ello.
Vamos el que empiece a invertir con ese objetivo es carne de cañón. Tenemos, o hemos tenido todos, tantas ganas que otros empezaran a invertir para mejorar su gestión de su dinero, que nos hemos olvidado de la importancia crucial de esta lección.
Todo lo que pretenda ser educación financiera sin señalar la importancia de ello, tiene una probabilidad significativa de terminar mal aunque haya casos donde termine bien.
Otra lección importante es que aludir al miedo de perderse ciertas grandes posibilidades tampoco suele terminar bien. Cuando uno decide quedarse fuera de ciertas cosas debería hacerlo no tanto por saber que no van a funcionar bien como por dudas notables sobre la naturaleza de los riesgos que suponen.
Que luego pueda haber alguien que se “forre” con ello no significa que la probabilidad de que haya podido terminar mal sea muy grande.
Los objetivos de los demás son muy respetables todos pero lo que ya no es respetable es no intentar ser consecuente con el riesgo que suponen.
No hace mucho un compañero de trabajo me hablaba que hace un año y pico que ha empezado a invertir. Habla muy bien de formación financiera, de diversificación, de interés compuesto, de ingresos pasivos y similares. Pero luego resulta que cree muy razonable prestar a otros con intereses superiores al 10% estando los tipos oficiales donde están.
Repetir como un loro ciertas ideas no significa que uno sea capaz de contextualizarlas ni que las haya interiorizado bien.