Originalmente publicado en: https://blogs.masdividendos.com/el-cantaro-y-la-fuente/2020/12/29/la-vara-de-medir/
Me explicaba mi abuelo, cuando yo era niño, cosas que él había vivido en su pueblo de joven. Experiencias entrañables que se recuerdan de forma caprichosa mientras que otras, posiblemente más relevantes, caen en el olvido. Una de las que recuerdo se refería a como se medían las fincas. Una finca de tantas cántaras. ¿Qué es eso de las cántaras abuelo? ¡Pues una tierra que produce, en una cosecha, esa cantidad de vino! me contestaba con una mezcla de irritación y sorpresa. Imagino que se preguntaba que para que íbamos a la escuela.
Una medida tan imprecisa puede tener su utilidad. Una tierra que produce vino tiene unas características diferentes de una que produce trigo. La que era tierra de trigo se medía, por cierto, en fanegas si la memoria no me falla. El caso es que, siendo de ciencias, tengo una tendencia a la exactitud y un respeto enorme a las unidades de medida. El metro, la hectárea y todas esas que mi abuelo parecía despreciar, puede que incluso desconocer.
El caso es que el progreso científico y técnico sería imposible sin una serie de medidas rigurosamente definidas y de uso común que permitan a los especialistas: científicos, ingenieros, etc. entenderse. Entenderse y poder reproducir lo que otro profesional ha diseñado. De hecho hay ejemplos célebres de fracasos científicos y técnicos causados por errores con las unidades de medida. Una de las misiones espaciales a Marte terminó con la pérdida del artilugio espacial en la fase de aterrizaje en el planeta rojo por mezclar en el software magnitudes en metros y en pies. Aunque las unidades de medida no se hayan unificado del todo (mi frutero sigue vendiéndome las manzanas por libras) existe al menos una forma exacta y rigurosa de hacer conversiones entre ellas.
En los negocios y en la inversión la unidad de medida es el dinero. Podríamos pensar en las distintas monedas como unidades de medida de gasto, riqueza, precio… Sin embargo no existe una conversión constante entre estas unidades de medida. Ya, ya sé que hay buenos motivos para ello como el ajuste entre economías de forma casi automática. El caso es que los precios de cambio entre monedas son una fuente de incertidumbre y confusión a la hora de hacer negocios. La existencia de distintas monedas, manipuladas todas ellas, han generado crisis económicas internacionales difíciles de ignorar. Seguramente Soros y la libra se le vienen a la cabeza al lector.
Pero el problema no se queda ahí. Incluso utilizando una sola moneda su valor no es constante. A golpe de ordenador un banco central (o comercial) “crea” miles de millones de la nada. Dinero que un instante antes no existía y que es intercambiable por bienes y servicios. Da que pensar el tema. Es como que la unidad de medida más importante de la economía se va encogiendo con la inflación para valer cada vez menos. Vale, se podría decir que corrigiendo con la inflación se resuelve el problema. Solo que medir la “inflación real” es complicado. El IPC y similares miden la variación de precios al consumo, es decir, cosas como las patatas, el pescado y los teléfonos móviles. Productos de los cuales hay, necesariamente, una demanda limitada. Se excluyen (¿a propósito?) otra serie de activos como los inmuebles, las excavadoras, los robots industriales, las acciones, los bonos…
A pesar de todo medimos nuestras pérdidas y ganancias inversoras en Euros. Pero el Euro es una medida que va cambiando con el tiempo. No es una referencia. Por dejadez ni siquiera corregimos nuestro patrimonio con la inflación. Pero además ¿con qué inflación? Y ya cuando se alcanzan límites patológicos de pérdida de valor de la moneda la economía se hunde por no tener una “unidad” sólida.
Esta idea, que utilizamos unas unidades económicas corrompidas e inservibles, viene rondándome la cabeza desde hace tiempo. No me imagino a los científicos publicando periódicamente actualizaciones a la longitud del metro. Con incertidumbre en las medidas físicas los túneles y puentes no se podrían construir. Y sin embargo construimos toda la realidad económica en base a unas unidades inadecuadas.
Tómense por favor la libertad de decirme que esto es una locura mía, una idea totalmente estúpida. Si lo justifican estaré doblemente agradecido. Era algo que pensaba desde hace tiempo y que tenía que contarles a ustedes.
Para terminar dejo una pregunta. ¿Existe una alternativa para medir magnitudes económicas que sea mejor que las monedas FIAT? A lo mejor, como en tiempos mozos de mi abuelo, tenemos que redescubrir la cántara y la fanega como unidades de superficie corregidas con calidad y tipo de tierra.
Un saludo y feliz inversión,
Juan Cogollos.
Ahorro + Inversión = Prosperidad.