Inversión en los hijos. El largo camino comienza con un paso

En general si vende con ganancias, aunque compre ese mismo día el mismo activo, creo que tiene que pasar por el fisco. No es el caso si vende a pérdidas donde tendrá que estar al menos 3 meses sin comprar el valor.

¿Qué le han dicho desde Cobas?

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Eso sería si estuvieran a mi nombre, pero en este caso los titulares son ellos, yo sólo estoy como representante, y no están obligados a presentar la declaración de la renta. Además, el beneficio bruto es pírrico, no llega a 500€, pero no sé si aún así están obligados (o yo estoy obligado) a tener que presentar la declaración en la próxima campaña por esta ganancia.

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La verdad es que no tengo ni idea de cómo va eso con los críos.

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Hablo de memoria, pero creo que sí el beneficio era <1000€ no estaría obligado a declarar.

A ver si alguien con más idea lo pued corroborar o desmentir

Pensaba que eran dos meses.

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Efectivamente son dos, no sé qué estaba pensando yo esta mañana. Gracias por el apunte Luis!

Si el incremento de patrimonio es positivo e inferior a 1.000 € no se está obligado a declarar.

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No obstante a lo que le han comentado otros foreros respecto a que sus hijos no tienen necesidad de presentar declaración si la plusvalía es menor a 1.000€, sí tiene que contar con que la gestora le deducirá el 19% de la plusvalía de forma automática en el momento de reembolso para ingresársela a Hacienda y que no la recuperarán a no ser que sus hijos tengan minusvalías en otros capítulos de la base del ahorro y presenten la declaración.

Simplemente por rematar, si lo que se vendiera fueran acciones, no se produciría dicha retención automática en el momento de reembolso y efectivamente al no tener necesidad de presentar declaración, sus hijos se quedarían con el 100% de la plusvalía en vez de con el 81% como es el caso de los fondos.

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Y 12 meses para valores no cotizados en Europa.

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Muchas gracias, es importante tener ese detalle en cuenta. Al final me decanté por rellenar el papeleo.

Pues tras un tiempo alejado del foro y después de solventar varios problemillas burocráticos ajenos a la entidad, he conseguido abrir una cuenta para mi hijo en my investor.
Como comenté al principio del hilo sigo acorde con mi idea principal: invertir en MSCI World.
Ya os contaré como continúa la aventura. Os ánimo también a contar vuestras ideas de inversión para vuestros hijos.

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https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/13573435/10/25/trade-republic-lanza-una-cuenta-infantil-y-tres-etf-de-vanguard-sin-comisiones-para-ninos.html

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Estando bastante de acuerdo con muchas cosas de las expuestas, me di cuenta de que valoro mucho más que la cartera sea muy sencilla y la pudieran operar sin complicaciones ellos mismos (o un familiar) el día de mañana.

Mi situación de tradeoff en ese aspecto ha sido descartar el value* y dejar 50% MSCI World, 25% Emergentes y 25% Small Caps.

*el value quizás tenga entrada más adelante si hay interés por su parte y tiempo para ello por la mia.

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Una historia sobre la debilidad

Salvador Sostres

El dinero, para Johnattan, era un querer y no saber cómo decirte. Para Isak era el símbolo de su poder en los negocios y en las relaciones familiares, y a la vez del extravío de su hijo, de su fracaso como padre; y entonces endurecía la relación y éste era su absurdo y estéril último intento por educar a su hijo. Y por mantener su truculento poder sobre él.


Yo nunca tuve ganas de matar a mi padre, tampoco de hablar con él y así estuvimos los últimos 30 años. La familia es lo que más protege, y de un modo más seguro; pero también lo que más destroza y de la manera más despiadada y cruel. Matar a tu padre por dinero, leí este titular en El País, es un reduccionismo increíblemente estúpido. También la jueza instructora demostró tener muy pocas luces al hablar de la obsesión de Johnatan por el dinero. El dinero es lo único que ven las personas que sólo piensan en el dinero y que normalmente no suelen tener ningún escrúpulo, ni físico ni moral, para obtenerlo.

La historia entre Jonathan y su padre era mucho más complicada. Isak me dijo que su gran error fue haber educado a su hijo desde su éxito y no desde su esfuerzo, y que había criado a un hijo débil y propicio a las derivas. Éste es el problema y no el dinero. El problema es que Isak, como todos los grandes empresarios sobre todo de su época, no soportaba la debilidad.

Recuerdo una noche cenando en Jean-Luc Figueras con mi abuelo, una noche de 1995 o puede que 1996, y le pedí dos millones de las antiguas pesetas —hoy serían 12.000 euros, pero entonces me pesaban los nombres—. Eran mucho más: para instalarme en el hotel Connaught de Londres e ir a cenar a unos cuantos restaurantes con Juan Tapia, que entonces era mi director en La Vanguardia y estaba aquella semana por allí, no recuerdo por qué asunto. Mi abuelo accedió inmediatamente a mi petición y en ningún momento se quejó ni discutió el montante. La cena continuó, y cuando me preguntó por mi novia me pilló desprevenido y se me escapó una lágrima, porque yo la quería mucho pero hacía dos días que la había dejado. Y toda la comprensión, ternura, complicidad de Londres, se transformó en una mirada de desprecio y con sus ojos azul gélido me dijo: «Si te has de poner a llorar y marcharte, sal. Sobra. Los excesos, porque sabemos de qué estamos hechos. Pero la debilidad, no. La debilidad nunca. Desde la debilidad no se puede construir nada».

Isak debía mucho dinero a Johnatan, o le daba poco, la jueza y la periodista de El País creen que era mucho; Jonathan lo comparaba con lo que tenían los demás hijos de ricos de su entorno, y lo consideraba humillante. Pero el drama no era la cifra sino los celos o los desprecios.

El problema es que tu padre sea Isak Andic y el problema es que tu padre, que además de ser tu padre, es uno de los empresarios más importantes de España, te mire con desprecio y todo el mundo sepa que te desprecia.

El dinero es lo que se ve sobre la mesa, pero debajo está la tragedia.

Padre e hijo no eran personas sino el espejo en el que siempre te has mirado y que lleva tanto, tanto tiempo sin decirte lo que esperas escuchar. Ahí empieza el dolor a enroscarse como una serpiente, ahí nace el odio y no por el dinero, ni porque tu padre sea un manipulador o una bestia, y haya desatendido tu infancia; sino porque cuando tú intentas huir del estereotipo en el que te han metido, te das cuenta de que es el único marco en el que estás patrocinado, controlado y protegido; porque de lo que haces a mar abierto, cuando la gente confía en ti como si fueras una persona válida e inteligente, tienen que venir a rescatarte. Siempre.

Luego está también la parte no tan agradable, no tan honorable, de los padres y abuelos que tienen mucho dinero y que lo usan para que todo gire a su alrededor, para vacaciones arbitrarias, para recordar quién manda. Es verdad, y no es una verdad menor, que este juego perverso sólo se puede llevar a cabo con los que están ahí: más débiles y más necesitados.

Pero tan sólo Brad Pitt se preguntó si es mayor delito fundar un banco o robarlo; podría realmente Isak quejarse de cómo es Jonathan o tenía que pedir perdón por haberlo configurado tal cual es.

La obsesión por el dinero jamás es por el dinero, salvo en petardas cuyo joie de vivre consiste en empatar con el rating de Santander. La obsesión es siempre por el amor, por el reconocimiento, por el padre que te mira y te aplaude cuando aprendes a tirar de cabeza a la piscina. El dinero, para Johnattan, era un querer y no saber cómo decirte. Para Isak era el símbolo de su poder en los negocios y en las relaciones familiares, y a la vez del extravío de su hijo, y de su fracaso como padre; y entonces endurecía la relación y éste era su absurdo y estéril último intento por educar a su hijo. Y por mantener su truculento poder sobre él.

Todos los sentimientos están mezclados en esta historia, también el amor, por supuesto, y es muy probable que la defensa de Johnattan esté basada en los próximos días en mensajes de amor muy profundos y muy sinceros entre padre e hijo.

No hay nada tan profundo como un rico arrepentido. No hay nada tan emocional como un hijo que percibe por fin de su padre algunas palabras de verdadero amor.

Claro que estos momentos de cercanía existieron, y ambos los vivieron esforzándose para aprovechar la oportunidad, pero nunca funcionó a largo plazo, porque cuando los asuntos volvían, volvía la debilidad, volvían los ojos gélidos, y el tremendo dolor convertido en resentimiento, de notar que tu padre quiere un hijo distinto a ti y tú no se lo puedes dar.

A veces pienso que ser católicos, los Andic, les habría facilitado la vida. Luego recuerdo que mi abuela era católica y muy creyente, y que con mi abuelo se sirvió de nada.

Es imposible explicar a los Andic a través del cristal de la jaula del zoo donde estaba Copito de Nieve. El dinero no es ni blanco ni negro y la cosa no tiene una explicación al caso que no sea el contexto social y emocional.

El centro de esta historia no es el dinero, ni la empresa, ni si fue tres días antes o durante una inspección. El centro es esta historia, como sucede en casi todas las familias ricas, aunque no siempre con tan nefastas consecuencias: son los sentimientos mal gestionados que acaban en accidentes.

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