Hoguera de sueños

#1

Ya era un anciano, a pesar de que con los avances médicos el panorama había cambiado respecto a sus tiempos mozos. Si bien sus cien años recientemente alcanzados eran ya una rémora sobre la espalda y el alma, y lejos quedaban los tiempos en los que caminaba con agilidad, el hecho de conservar la lucidez le mantenía optimista y con una permanente sensación de agradecimiento a la vida. De poder disfrutar de todo aquello, se decía.

Se hallaba sentado en un balancín situado en un rincón del jardín de su casa, que hoy aparecía abarrotado por personas cercanas charlando entre ellas. Habían decidido, de manera inesperada, proporcionarle una especial celebración por su siglo de vida, y de ahí la presencia de todos ellos. El día era luminoso, brillante, y le placía regodearse desde una tibia distancia de las sonrisas y el ajetreo de la gente.

Sus bondadosos ojos acuosos, tras observar a varios grupos de invitados, se detuvieron contemplando a Joel, su tataranieto, que jugaba a lanzarle patadas a un balón desgastado con unos amiguitos.

-A pesar de todos esos modernos cachivaches, los viejos juegos nunca se olvidan – reflexionaba en silencio, con una cierta satisfacción y pinceladas de nostalgia.

Uno de los puntapiés de Joel mandó el esférico a sus pies, y el pequeño vino corriendo junto a varios amigos, sonriendo. Se detuvo ante él y comentó con entusiasmo a sus compañeros de juego:

¡Él es mi tatarabuelo, hoy cumple cien años! ¡Es un inversor muy famoso, sale mucho en internet!

No pudo evitar sonreír ante el júbilo de su descendiente. Cuán heroicos y admirables parecen padres y abuelos bajo la ilusión e inocencia de los niños. Para hacer justicia, el fondo Cosmos Capital del que había formado parte estuvo situado entre los de mayor tamaño y rentabilidad del país durante décadas, pero él restaba importancia a aquello, pues a su edad ya había mirado fijamente al dragón del ego y le había rebanado el pescuezo. Honestamente, ya no lo consideraba algo tan digno de mención.

-¿Qué es un inversor? - Inquirió uno de los niños con sana curiosidad. Joel se apresuró a contestar.

-¡Es una persona que compra cosas que en el futuro valdrán más dinero de lo que paga ahora por ellas! ¡Por mi cumpleaños mi tatarabuelo me regaló una acción de Walt Disney!

-¿Y qué son las acciones? – Preguntó otro chavalín mientras se hurgaba un orificio nasal con absoluta despreocupación.

-Es algo que representa un trocito muy pequeño de una empresa. Quiere decir que yo soy propietario de un trocito muy pequeño de Disney. Igual en sus oficinas hay una silla o una mesa que es mía. – Replicó Joel de forma asertiva, como si aquello fuera algo que todo jovenzuelo debiera saber.

El anciano no pudo evitar reír, y de tener unos lustros menos, a bien seguro que habrían sido sonoras carcajadas.

-Veo que has escuchado atentamente mis aburridos consejos, pequeño Joel. Eres un inversor que ha comenzado muy pronto, con gran cantidad de tiempo por delante, y eso es importantísimo. Pero dime, ¿Qué tal lo estáis pasando hoy?

-¡Muy bien, muy bien! – Tras esas breves palabras, Joel comenzó a elaborar algún pensamiento en su cabecita, y el anciano aguardó hasta que fue disparado unos segundos después. - ¿Tatarabuelo, tú comenzaste tan pronto como yo? ¿Tu tatarabuelo también te regaló una acción?

El patriarca esbozó una sonrisa plagada de recuerdos y cambió su postura en el balancín, incorporándose levemente y acercando su cabeza al grupo de niños. Los miró con esa sabiduría y bondad serenas que tienen las gentes de avanzada edad, y casi susurrando, dijo:

-Dejadme que os cuente una vieja historia… No comencé tan pronto como tú, Joel.


No eran actores de Hollywood ni estrellas del Rock and Roll, pero eran hombres admirados. Mark Funds, Arthur P. Babbage y Joe Tuerkas se llamaban. Conocidos eran también como trío ternura, tres tenores, tres mosqueteros y puede que con otras ingeniosas denominaciones que ya no alcanzo a recordar. Asistíamos a un evento con banquete, fantásticamente organizado por un entusiasta de la inversión conocido como Johnny “ Deep Ahorro ”, en el que todos ellos eran los anfitriones.

Habían montado un buen tinglado del que se hallaban no menos sorprendidos que nosotros. Un foro, un lugar en el que se intercambiaban conocimientos sobre temas financieros, que había logrado atraer a miles de usuarios y situarse como destacado en esa temática particular a nivel nacional.

Por entonces yo tenía poco más de veinte primaveras, y no sabía nada de finanzas. Quería solucionar tal hecho y, por carambolas del azar, había acabado en el foro y al poco asistí al evento. Era un joven tímido y vergonzoso, pero estaba decidido a poner rostro a las personas de las que estaba aprendiendo, convencido además de que sus escritos me permitían determinar correctamente el talante que tendrían. Puede que las personas sean aquello que escriben, al fin y al cabo. Y como le daban con destreza y amabilidad a la tecla, esperaba encontrar buenas personas, sabias y educadas.

Charlas, intercambios de ideas, tesis sobre empresas, filosofías de inversión, ¡y hasta el anuncio de la creación de un fondo!… durante no pocas horas cruzamos palabras, miradas de atención y atenta escucha. Aquel día no me sentí alguien de aficiones extrañas y estrambóticas, pues todos compartían interés por dichos temas. Por supuesto, hubo lugar para las risas, claro está, si bien no recuerdo que algún avezado inversor se entregara al buen Baco ese día, pues dicen que al primer sorbo una idea, al segundo dos o tres, pero si uno se excede, ya no se conversa con placer.

La cuestión es que aquel día cambié para siempre. Había un hombre, que vivió hace mucho tiempo, que dijo algo así como que uno no puede saber cuando es joven hacia dónde irá su vida, pero posteriormente puede mirar hacia el pasado y en retrospectiva ver cómo se unieron los puntos y llegó a ser lo que era. Pues bien, aquel día comencé a unir los puntos. Me rodeé y aprendí de personas que eran mejores que yo, y así comencé a invertir y a participar en proyectos. Aquel día, los poderosos sueños de unas personas encendieron otros a su alrededor. Fue como una gran hoguera, una hoguera de sueños.


Sorprendentemente, todos los niños habían escuchado el relato guardando un insólito silencio. Tardaron unos largos segundos en reaccionar, quizás porque les había fascinado la historia o, más probablemente, porque no habían comprendido nada.

-Tatarabuelo – Añadió finalmente Joel – Entonces no te regalaron ninguna acción de pequeño, ¿no?

-No. Pero al final las acabé comprando yo, aunque fuera un poco más tarde, y eso es lo importante. Y aquí estamos. – comentó el anciano sonriendo cariñosamente.

-Tatarabuelo - Repitió Joel. El niño le miraba con una convicción inusual para su edad. –Yo le regalaré una acción a mi nieto. Así podrá dibujar pronto los puntos esos que dices.

Y se marchó corriendo, sin añadir ninguna palabra más, seguido por sus pequeños amigos, perdiéndose en el bullicio de la gente.

46 me gusta
#2

No si al final, la lagrimilla que logré contener el otro día cuando les vi llegar a todos, la voy a soltar hoy… Gracias, amigo.

7 me gusta
#3

Siempre que me preguntan, suelo decir que me considero un hombre afortunado. No en el sentido de tener una fortuna, monetariamente hablando, sino de haber tenido la gran suerte de amasar grandes amigos.

Si tuviera que concentrar en una frase lo que supuso para mi el sábado, es que realmente pude pasar un día entero con gente buena, que vale la pena.

Ya sabía como era usted antes incluso de conocerlo físicamente, pues como sabe, hemos hablado en varias ocasiones sobre nuestra pasión-cilicio , que es la industria del automóvil.

Sólo me cabe decirle, que me ha emocionado profundamente, y que espero y deseo, que queden muchas tardes de amistad, y que lo considero a usted con un talento abrumador.

Un fuerte abrazo, amigo @JoBe

11 me gusta
#4

Muchas gracias por este emocional y magnífico relato @JoBe, me acaba de alegrar la mañana.
Me parece que tiene usted muy claras las cosas en la vida, y desde luego en la inversión (pero eso, ciertamente ya es menos importante).

Abrazo eternamente agradecido! :star:

PD: Por cierto, que veremos por dónde sale el ciclo del Auto :upside_down_face:.
Encantado de haber compartido conversación :beers:, y de estar siempre aprendiendo.

7 me gusta
#5

Excelente relato. Ojalá haya muchos tataranothingers dentro de 60 años!!!

5 me gusta
#6

Enorme relato, muchas gracias por compartirlo. Cuando uno lo lee lo disfruta, al releerlo lo saborea.

2 me gusta
#7

Buahhhh !!! Que chulada de texto !!!

Si hasta me he emocionado.

No conocía esa faceta suya literaria @JoBe. Que sepa que es el primer post que le mando por correo a mi mujer de este foro porque me parece una historia sencillamente maravillosa.

Felicidades.

6 me gusta
#8

Muchas gracias a todos por sus palabras, fue un placer conocerles y poder conversar con ustedes. Me llevo un estupendo e inolvidable recuerdo del encuentro. ¡Gracias de nuevo!

4 me gusta
#9

Brillante, exquisito, precioso. Sinceramente, me ha encantado. No puedo mas que darle las gracias a usted @JoBe por compartirlo con nosotros.

3 me gusta