Conseguir que alguien contrate un producto subvencionado tiene bastante menos misterio que conseguir que ahorre más (como bien saben las casas de apuestas con sus múltiples «regalos»). Puede que no sea más que el dinero pasando de un bolsillo a otro, con parada en el de quien tiene ayuda pública. El contribuyente habrá puesto su parte, el intermediario tendrá un cliente y todos podremos felicitarnos por el éxito de la iniciativa. Lo del ahorro adicional ya se verá, pero merece la pena echar un vistazo.
Alemania estrenará en 2027 una cuenta de inversión para la jubilación, con ventajas fiscales, que permitirá invertir en fondos y ETF. El Estado añadirá un 50% sobre los primeros 360 euros aportados y un 25% sobre el tramo entre 360 y 1.800 euros. Hasta 540 euros anuales de ayuda básica, a los que podrán sumarse hasta 300 euros por hijo y un incentivo inicial de 200 euros para menores de 25 años. [5]
La propuesta tiene interés. Facilitar la inversión a largo plazo y ayudar a quienes pueden aportar cantidades pequeñas parece un propósito bastante defendible. Pero conviene pararse a leer la letra pequeña, aunque esta parte tenga menos posibilidades de aparecer en titulares.
Las aportaciones y las ayudas pueden dar lugar a una ventaja fiscal adicional, y las plusvalías no tributan mientras se acumula el capital. Cuando llegue el momento de cobrar, las prestaciones procedentes de aportaciones incentivadas tributarán íntegramente al tipo personal correspondiente. Hacienda también tiene paciencia cuando le conviene. [5]
El dinero quedará, por regla general, inmovilizado hasta los 65 años; antes, sólo si se empieza a cobrar pensión pública. Sacarlo fuera de los supuestos permitidos obliga a devolver las ayudas y las ventajas fiscales. Al iniciar el cobro podrá retirarse hasta un 30% del capital. [5]
Y ojo con la palabra «depósito», que en nuestros pagos suele sugerir una tranquilidad que aquí no viene de serie: en la modalidad ordinaria no hay capital mínimo ni rentabilidad garantizada. El riesgo de mercado lo asume el ahorrador. [2]
El producto estándar tendrá un límite de coste efectivo del 1% anual. Es un techo, y habrá que ver cuánto cobra cada oferta por debajo de él. Trade Republic, por su parte, anuncia una modalidad «completamente gratuita», sin custodia ni costes de ejecución de los planes. Estupendo si cumple lo anunciado, pero estamos leyendo publicidad de una oferta futura. Eso no permite dar por gratuito todo el sistema, ni por comprobados los costes que tendrá el cliente cuando empiece a cobrar. [1] [5]
Hasta aquí, las características del producto, pero, volviendo a lo que decíamos al principio ¿qué comportamiento estamos comprando con la ayuda pública?
El Gobierno alemán sostiene que las aportaciones complementarias del Estado favorecerán a los pequeños ahorradores y a las familias. También reconoce, en su respuesta al Parlamento, que no ha proyectado cómo se repartirán las ayudas por niveles de renta ni sus tasas medias. Tampoco cuantifica los efectos por los que se le pregunta sobre cuánto dinero recibirán quienes habrían ahorrado igualmente. [6]
Hay una estimación del coste fiscal: para 2030, el informe parlamentario calcula una reducción de ingresos de 880 millones de euros en efecto anual completo y de 580 millones en términos de caja para ese ejercicio. Son medidas distintas; ninguna nos dice cuánto ahorro nuevo generará la reforma. [7]
Fíjense en que Alemania ya tiene experiencia con estos menesteres. Un estudio sobre el antiguo sistema Riester concluyó que su efecto sobre el ahorro privado había sido, como mucho, pequeño. [8] Otro estimó que el 38% de las subvenciones acabó en los dos deciles superiores de renta, frente al 7,3% que recibió el 20% con menos ingresos. [9]
Antes de que alguno encuentre aquí la confirmación definitiva de sus preferencias políticas, merece la pena seguir leyendo. Los autores de este segundo trabajo encontraron un efecto aproximadamente neutro sobre los indicadores agregados de desigualdad. Las ayudas tenían un diseño progresivo, pero los hogares acomodados participaban más en el sistema voluntario, compensando ese efecto. [9]
Diseñar una ayuda para alguien y conseguir que ese alguien la utilice son tareas distintas (recuerden aquello de puedes llevar tu caballo al río pero no le puedes obligar a beber). Y, por supuesto, estos resultados describen Riester; no nos permiten garantizar el desenlace de la reforma de 2027.
Desde España hay motivos para observar el experimento con atención. Nuestros planes de pensiones individual permiten reducir la base general del IRPF con un límite ordinario de 1.500 euros, y el rescate tributa como rendimiento del trabajo. No incorpora una aportación estatal equivalente a la alemana. [3] Aquí también pueden rescatarse anticipadamente los derechos correspondientes a aportaciones con al menos diez años de antigüedad. Los máximos legales de comisión de gestión dependen de la cartera, y puede añadirse hasta un 0,20% por depósito. [4] [10]
Permitir ETFs puede ampliar las opciones del ahorrador. Bienvenido sea. Para valorar la ayuda pública habrá que averiguar cuánto ahorro adicional consigue, quién puede aprovecharla, cuánto acaba pagando en costes y sobre qué contribuyentes recae la factura.
Si dentro de unos años nos enseñan una cifra muy hermosa de cuentas abiertas y patrimonio captado, espero que preguntemos cuánto de ese dinero ya se habría ahorrado de todas formas. Al intermediario le bastará con haberlo captado. Al contribuyente le debemos una explicación algo mejor.
Fuentes
- Trade Republic: comunicado sobre el Altersvorsorgedepot.
- Texto final de la reforma alemana.
- Ley del IRPF española.
- Ley de planes y fondos de pensiones.
- Ministerio de Finanzas alemán: preguntas y respuestas sobre la reforma.
- Bundestag 21/5524: distribución de las ayudas y efectos sobre el ahorro.
- Bundestag 21/4996: informe y coste fiscal.
- Corneo, Keese y Schröder: Riester y ahorro privado.
- Corneo, Schröder y König: efectos distributivos de Riester.
- Reglamento de planes y fondos de pensiones.