El proceso

Originalmente publicado en: El proceso – Todo suma

Posiblemente no haya dos maneras idénticas de entender el mundo y, sin embargo, una mirada curiosa puede encontrar múltiples similitudes entre ellas. Le enumero tres, sin particular orden de importancia.

Una es que solemos prestar mucha atención a los resultados. Encontramos atractivo en un podcast que crece, una inversión que multiplica capital, una venta que se cierra o un artículo que se viraliza.

Otra es que casi nunca nos preguntamos qué hay detrás, qué es aquello que realmente importa: el proceso que hizo posible ese resultado.

Usted, por el mero hecho de estar en esta página de nicho, puede decir que en su caso es mentira, y seguramente lo sea. Y aún así hay otra similitud más de la que igual sí es prisionero: no prestamos atención a lo que la merece.

Creemos que el proceso es una secuencia de pasos, una técnica, o incluso un talento disfrazado. Pero un proceso real no es solamente eso. Un proceso tiende a ser mucho más exigente: es un sistema. Un sistema que convierte un estado del mundo en otro estado del mundo de forma reproducible.

Si no es reproducible, no es proceso.
Si no es ejecutable, no es proceso.
Si depende del estado de ánimo, no es proceso.

Si no cumple con esos tres puntos, será otra cosa que no nos interesa especialmente ahora mismo, puede usted llamarlo intuición, improvisación, suerte… O, simplemente ilusión por el resultado. Resultadismo que diríamos los pedantes. Porque la mayoría de los sistemas humanos están organizados alrededor del resultado visible.

Pero cada resultado es solo el último fotograma de una larga película. Y ese fotograma engaña. ¿Es feliz la película porque acabe bien? El final no contiene información sobre la estructura que lo produjo. Y usted recordará de su época estudiantil que dos resultados iguales pueden venir de procesos completamente distintos:

  • uno estable
  • otro frágil
  • uno replicable
  • otro accidental

Y sin embargo, desde fuera, parecen, y los juzgamos como, exactamente lo mismo. Por eso el mundo está lleno de confusiones. Se atribuye talento donde hay sistema. Se atribuye suerte donde hay proceso. Se atribuye genialidad donde hay repetición bien diseñada.

Pensar como proceso, o el proceso de pensar

Hubo un momento en la historia del pensamiento en el que algo cambió. Dejó de bastar con aquello de “pensar bien”. Además había que pensar de forma reproducible.

La duda metódica de Descartes no fue sólo una postura filosófica. Era un intento de convertir el pensamiento en procedimiento:

  1. Dudar sistemáticamente.
  2. Descomponer.
  3. Reconstruir desde principios mínimos.

No se trataba tanto de llegar a una verdad concreta, que también. Sino de construir un camino que siempre pudiera recorrerse otra vez. Puede decirse que el pensamiento deja de ser un evento mental para convertirse en un proceso ejecutable.

Proceso que, si se realiza de forma colectiva, puede dar lugar a cosas maravillosas, como la ciencia. La ciencia no es un conjunto de verdades, sino un acuerdo sobre cómo producir verdades, basado en:

  1. Observación.
  2. Hipótesis.
  3. Experimento.
  4. Validación.

Lo importante no es qué se piensa, sino cómo se comprueba lo que se piensa. Esto hace que el conocimiento deje de depender del individuo para depender de su proceso. Que ahora además no puede ser solamente suyo, sino de todos. Pues cualquiera, en cualquier lugar, puede repetirlo. Gracias a ello el conocimiento se convierte en infraestructura.

Y sin embargo, en la vida cotidiana alguien, todos quizás, hemos invertido este principio. Hoy se glorifica el resultado y se oculta el proceso.

Vemos creadores con audiencias enormes, inversores con retornos extraordinarios y vendedores con cifras que parecen improbables. Desde fuera se interpreta como talento, intuición o ventaja natural. Con suerte los convertimos en influencers, para querer ser como ellos, a ver si así lo logramos también.

Pero casi nunca se ve lo esencial: el sistema de decisiones que lo hace posible. Y ahí, queramos o no, puede nacer una ilusión peligrosa: la idea de que el resultado es sólo una cualidad personal, en vez de una propiedad de un proceso bien diseñado.

Quien pregunta a los que saben tiene una ventaja competitiva enorme. Yo intento hacerlo y además, para poder volver a las conversaciones más adelante, las grabo (aquí mi amigo Arturo Pina les haría un chascarrillo sobre el tal Villarejo, pero él se llevó los talentos del humor y yo los ojos azules). El caso es que, de esas conversaciones, he podido sintetizar lo siguiente:

En el mundo de la creación de contenido se repite el mismo error: pensar que la diferencia está en la inspiración. Pero la consistencia no funciona así. La creatividad estable no es un estado, como dice la manida frase de Picasso.

Hablando con Fabienne Fourquet uno se da cuenta de que la creatividad también es un sistema, basado en:

  • generación de ideas
  • filtrado
  • estructuración
  • producción
  • publicación
  • feedback
  • y constancia, mucha constancia

La diferencia entre alguien que crea ocasionalmente y alguien que crea de forma sostenida rara vez es la imaginación. Es la ejecución de un proceso que no depende de la imaginación.

Subrayo ejecución, porque Jon Ander Carcedo lo dejó claro al hablar de ventas, donde ocurre algo similar. Desde fuera parece una disciplina humana, casi artística: persuasión, empatía o carisma.

Pero los buenos vendedores no dependen de estados emocionales. Dependen de estructura:

  • a quién contactar
  • cuándo y cómo hacerlo
  • cómo dar seguimiento
  • cómo gestionar objeciones
  • cómo cerrar
  • y hacerlo con constancia, mucha constancia

La venta deja de ser un arte interpersonal para convertirse en algo que podríamos debatir si es más frío, pero no si es más potente: un sistema que mide e incrementa la probabilidad de conversión.

¿Qué le voy a contar sobre la inversión? Sabe que somos unos verdaderos aficionados del proceso.

En inversión el papel del proceso debería ser aún más evidente, porque el mayor enemigo no es la falta de información. Acaso sea justo lo contrario. El verdadero peligro viene de la mente del propio inversor, muchas veces afectada por demasiada información. La sobreinformación nos invita a viajar: miedo; euforia; impaciencia; o sesgo de confirmación (por citar algunos destinos comunes).

Los inversores consistentes no eliminan estas emociones, pero suelen rodearlas con estructura:

  • reglas de entrada
  • criterios de valoración
  • gestión de riesgo
  • disciplina de salida
  • y constancia, mucha constancia

No deciden mejor porque piensan mejor. Deciden mejor porque ya tomaron la decisión y ahora sólo han de ejecutarla.

Aquí aparece la idea central: un proceso puede verse como pensamiento externalizado.

Es lo que ocurre cuando ya no se requiere nuestra mejor versión para obtener un buen resultado. Es el sistema quien hace el trabajo, por defecto, sin necesidad de darle de comer.

Permítame ponerme filosófico con esta reflexión, pues creo que tiene una implicación profunda: la inteligencia deja de ser un estado mental y se convierte en una propiedad del sistema.

Si se cree esto, quizás le guste esta otra derivada: con el tiempo, los procesos no solo producen resultados, producen identidad. Porque lo que uno hace de forma repetida acaba definiéndolo más de lo que podríamos pensar. No solemos ser lo que creemos, más bien somos lo que repetimos por sistema cuando nadie está mirando.

Y ahí, el truco del almendruco, el secreto que no encontrará en la masa: hay que hacer. Ejecutar, ejecutar, ejecutar y ejecutar y volver a ejecutar, que diría la versión de Luis Aragonés que necesita mi gabinete mental.

La mayoría de personas no carecen de procesos. De hecho habrá quien haya sido exitoso ejecutando inconscientemente un proceso que se siente como talento, y habrá quien coleccione procesos y no ejecute ninguno. En ambos casos la pregunta importante no es qué quiere usted conseguir. Sino: qué proceso está ejecutando realmente. Y si ya quiere sacarla del estadio, pregúntese si ese proceso funcionaría sin depender de su mejor día.

Los procesos tienen una serie de cualidades incómodas.

  • Son poco atractivos mientras se ejecutan
  • No generan narrativa inmediata
  • Al ver cada paso individualmente, no parecen sofisticados desde fuera

Pero tienen una propiedad decisiva: acumulan y no dependen de dar siempre el do de pecho. Es aquello de la tortuga y la liebre, o la vaga cigarra y la hormiga que acumula para el invierno.

Todo lo que acumula en el tiempo acaba dominando a lo que sólo brilla en el momento.

Por eso los sistemas suelen ganar a los talentos aislados.
Por eso la repetición bien diseñada supera a la inspiración.
Por eso la estructura suele acabar imponiéndose sobre la intención.

Quizá la forma más simple de decirlo sea esta: no podemos controlar los resultados, pero sí controlar los procesos.

Y como usted ha llegado hasta aquí le daré mi consejo: quienes cambian el foco del resultado al proceso, suelen tener medio camino hecho.

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Apreciado Dubweiser,

Me ha gustado mucho su descripción del proceso, yo destacaría de todo lo que comenta lo siguiente:

Para mi un proceso de inversión es un conjunto de reglas, márgenes de flexibilidad y límites que se ejecutan cuando llega el momento de una forma casi automática.

En mi caso es un proceso predominantemente en modo inactivo y puntualmente si se dan las circunstancias, se actúa siguiendo las pautas predeterminadas.

A modo de ejemplo:

No tener más de un % de RV superior a X, que un activo no pese más de Y, estar atento en periodos bajistas y de pánico de mercado de cara a comprar. No comprar salvo que se den una serie de circunstancias predefinidas.

Como bien comenta, separar temporalmente la decisión de la ejecución es clave.

El tema del foco en el proceso y no en el resultado, también es algo a mi parecer importantísimo. Yo lo veo así, el resultado está influenciado en gran parte en la aleatoriedad del mercado y eso es algo que no controlamos, el resultado será el que nos determine el destino.

Una vez oí una frase que me llamó la atención, “la RV es como una ruleta de un casino, pero trucada ligeramente a favor del cliente”, la aleatoriedad es muy grande, por tanto lo importante es saber jugar a la ruleta con eficiencia, poco a poco, con pequeñas cantidades, muchas veces, ignorando el resultado y concentrándose en el proceso.

Un saludo para todos Ustedes.

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Muchas gracias por pasarse por aquí y su comentario amable.

Me harto de subrayar esto entre los pocos amigos con los que hablo de inversión. Es como pescar o cazar, predominantemente aburrido (al menos desde fuera). El tiempo se dedica en realidad a otras cosas, pasear por el monte, hablar cuando se puede, merendar… pero lo que es pegar tiros, se pegan pocos, si se hace bien claro. Aunque por el otro lado, hay que evitar que a uno se le caduque la pólvora, por eso el proceso tiene que ajustarse a la realidad y tener momentos de actividad claros (e innegociables).

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De nada Budweiser, usted y su escrito no merecen menos.

Ya que saca el tema de la caza, para mi la inversión es una “caza a espera”, te pones en el lugar asignado y a esperar que pase la pieza, más que “caza al paso”, ir caminando detrás de la presa o yéndola a buscar.

Un saludo para todos ustedes.

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Gracias por su artículo pues me ha animado a comentar. Lo que no estoy tan seguro es si los lectores compartirán mi alborozo.

Como aquí hemos venido a jugar, dejo para otros el manifestar la calidad de su artículo, su excelente capacidad de síntesis, y ese rara avis que es el expresar algo que uno mayormente ya sabía, pero, qué casualidad, hasta que no lo leyó no se dio cuenta. No se lo pienso decir.

Lo que más me ha interesado a la hora de hacerle parecer en público no tan listo como yo, es la parte de la “repetibilidad”. Hay una cierta ironía en que llegue esto en la era del LLM. Pero a expensas de esta coincidencia histórica, quizá esté confundiendo las cosas, pero se me antoja que en muchas partes del conocimiento, quizá sobre todo según se van acercando al extremo afortunado en lo que Mauboussin llama el espectro suerte-talento, es un cierto desafío lo de la repetibilidad. O quizá sea aquello del Cynefin (no se si echarme la mano a la cartera) de entornos caóticos, complejos o complicados.

En resumidas cuentas y sin irme por las ramas, pienso que en muchos procesos, hay actividades que no se sujetan tanto al corsé que Vd. ha definido, y no se si constituye un poco de enmienda a la totalidad. ¿A Vds. qué les parece?

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Le daré la razón, más allá de por agradecer que se pase por aquí, y por la generosidad de dejar a otros la oportunidad de elogiar en público —aunque quizá esperen a que se publique la sesión sobre el famoso libro de Dale Carnegie, ya que ese es uno de sus consejos—.

Le daré la razón, no por el mero hecho de dársela y que no se vaya de vacío, sino porque la tiene.

Creo que el matiz está en qué entendemos por “repetibilidad”. No lo planteo como que un proceso deba producir el mismo resultado, ni siquiera que pueda ejecutarse de forma idéntica en entornos complejos o caóticos (ahí Michael Mauboussin y Cynefin tienen toda la razón). Y es posible que se hable de eso en otra sesión del Club que se está horneando.

Lo que intento defender es que un proceso puede ser repetible por estructura, no por su outcome. Es decir, que existan reglas, criterios o marcos que puedan activarse una y otra vez, aunque lo que salga al otro lado sea incierto o incluso distinto cada vez.

En ese sentido, un proceso no es tanto un corsé como una infraestructura de decisión. No elimina la complejidad, pero evita que cada vez empecemos desde cero o desde el estado de ánimo del día.

Por eso diría que incluso en los dominios más cercanos al “lado suerte” del espectro, lo repetible no es el resultado, sino:

  • cómo generas opciones
  • cómo las filtras
  • cómo decides abrazando la incertidumbre
  • cómo aprendes después de sufrir el abrazo de vuelta

Obviamente haya partes irreductibles como la intuición, el contexto, o el mismo azar. Por eso, recojo su comentario y lo elevo a evitar cualquier enmienda a la totalidad, por cualquiera de los lados. Ni abrazar el determinismo y dejarse hacer por dichas fuerzas, ni ser ingenuo y negarlas. Que existan me parece precisamente el motivo por el que merece la pena tener proceso alrededor.

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Por añadir otro poco al debate, mire que uno puede usar las herramientas según se le antoje.

Por ejemplo, nuestro tema fetiche. Resulta que lo mismo se puede considerar de muchas maneras distinta dependiendo de la perspectiva que se tome.

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1.-¿Formas de ganar dinero, especular/ invertir?. ¿Mejor SP/mercado Americano? ¿Mejor un producto Global? ¿En solo la mejor empresa? ¿En el mejor Gestor? ¿Procurar conocer y controlar riesgos y sesgos? ¿Conocer procesos/criterios y escoger el que se te adapta mejor?

¿Hay alguna empresa buena? ¿Que la hace y quien la considera buena?. ¿Bajo que parámetros? ¿Porqué cotiza y a quien le interesa que cotice?. ¿Y todas las demás? ¿Porqué el regulador las deja cotizar?. Si la inversión, con sus estructuras primarias, secundarias.. , fue una creación del hombre, ¿cuál fue su objeto callado?. ¿Crear y destruir “a lo Energía Nuclear”? ¿Unos ganan seguro y otros depende?. ¿Puesto que no todos pueden ganar, quién pierde seguro?. Y si estos no están capacitados, los si capacitados porqué no aseguran mínimo lo que depositan en sus manos?

Si es cuestión de tener un proceso. ¿Todos con el mismo, garantiza a todos lo mismo? Si es cuestión de tener un buenísimo criterio, ¿todos el mismo y solucionado? ¿Que hace que no estemos de acuerdo en tener un mismo proceso y un criterio? ¿Diferentes normas para según que inversor a quien perjudica?

¿En que escenario sobra proceso y criterio?. ¿En que escenarios son necesarios procesos y criterios?

Cuando se habla de lo sencillo, (siempre me da la impresión de que “no se baja” a la esencia de la cuestión), ¿es sencillo esperar?. Pagar por una empresa lo que no vale es un riesgo que se asume. ¿Nadie corrige este riesgo, cuando es “sencillo” de corregir y que corrige el “principal escenario” de manipulación de la realidad, inyectando todo tipo de riesgos?. ¿Será que quieren procesos y criterios?.

2.-¿Formas de ver el mercado? ¿Tantos como personas? Solo pensar que piensen que hay más de una, como que me da dentera. Si piensa: no se lo que voy a comprar (nunca), no se cuando venderé ¿significa que no tiene proceso ni criterio?.

No considero que tenga (ni haga falta) un proceso de inversión. Un criterio, pues si, claro.

Por añadir a su debate. S2.

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Justamente da en el clavo, yo soy de los que piensan que hay tantas formas de ver las cosas (en especial la inversión) como personas. Muchas se separan por detalles insignificantes, pero otras son de lo más dispares.

Sobre si no sabe lo que va a comprar ¿cómo lo puede ejecutar su broker? Entiendo que sí le dará una orden del tipo, compre X unidades de Y. Con ese Y siendo una cosa que usted ha elegido por algún motivo ese día concreto que da la orden.

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Mis preguntas van dirigidas a que/quien se abra a cuestionar e indagar. Alan Mathison Turing, tras descifrar Enigma, tuvo que utilizar un criterio para acortar la guerra sin ser detectado. Supo descubrir que proceso utilizaban los alemanes, después utilizo sabiamente un criterio para su objetivo. Usted cree en la aleatoriedad, ¿y en la intencionalidad?.

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Aquí he de reconocer que depende del sistema.

Si no les molesta, siguiendo sus preguntas, abro encuesta para los lectores.

¿Qué importancia le da al proceso de inversión?

  • Nula, es necesario reaccionar al entorno
  • Poca, ayuda pero no es indispensable
  • Mucha, es indispensable pero no suficiente
  • Total, no me desvío
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