Actualidad Semanal +D. Semana 21/2026

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En 1898, un escritor fracasado llamado Morgan Robertson publicó una novela sobre el barco más grande jamás construido, al que llamó Titán. Lo describió como insumergible. En sus páginas, el Titán zarpaba una noche de abril con muy pocos botes salvavidas, chocaba contra un iceberg en el Atlántico Norte y se hundía. Catorce años después, un barco real llamado Titanic replicó punto por punto la ficción de Robertson: las mismas dimensiones, la misma ruta, el mismo mes, la misma arrogancia. El novelista no predijo el futuro, simplemente conectó los puntos que nadie más había querido mirar.

El viernes pasado, mientras el S&P 500 cerraba su octava semana consecutiva al alza (la racha más larga desde 202e), un analista retirado llamado Walter Deemer compartió una historia que llevaba décadas guardada y que es digna de Iker Jiménez. En 1964 una empresa llamada National Video fabricó el primer tubo de rayos catódicos rectangular de veintitrés pulgadas. Se convirtió en el estándar absoluto de la industria. Todo el mundo, desde Motorola hasta Zenith, necesitaba sus tubos. La acción pasó de quince a ciento veinte dólares en menos de un año. Luego sus propios clientes aprendieron a fabricar lo que antes le compraban. En 1966 la acción cayó a cuarenta, en 1967 a quince y en 1968 National Video quebró. Su ticker en bolsa era NVD.A. Apenas un par de letras de diferencia con otro NVD.A que esta misma semana presentó los resultados más esperados del planeta, batió todas las estimaciones, anunció la mayor recompra de acciones de su historia, subió el dividendo un dos mil cuatrocientos por ciento… y vio cómo el mercado bostezaba.

En el nuevo episodio de Actualidad Semanal +D no te leo titulares, que de esos ya vas sobrado. Te cuento por qué la empresa más valiosa del mundo ha dejado de emocionar a nadie exactamente cuando sus números son más obscenos que nunca. Te cuento la fusión eléctrica de sesenta y seis mil millones de dólares que confirma que la inteligencia artificial no es una burbuja, sino un apagón programado que va a devorar más electricidad de la que nadie había calculado. Te cuento cómo el gobierno de Estados Unidos acaba de comprar participaciones en empresas de ordenadores cuánticos, que es poco menos que apostar a un caballo que todavía no ha nacido pero que, si gana el Derby, cambia las reglas de la física. Y te cuento la historia de los ochocientos millones de dólares en futuros de petróleo que alguien movió minutos antes de que el presidente de Estados Unidos anunciara por sus redes sociales que cancelaba un ataque militar contra Irán, porque tres líderes de Oriente Medio se lo habían pedido por favor.

No voy a revelarte las conclusiones. Lo interesante no es lo que pasó, eso lo tienes en quinientos portales antes de terminar el café, sino el hilo invisible que conecta una empresa de tubos de televisión que quebró en 1968 con la compañía más valiosa del planeta, una guerra que no termina de estallar, un mercado que no termina de caer y un inversor que, como tú, intenta distinguir la señal del ruido una semana más.

Actualidad Semanal +D. Porque entender los mercados nunca fue cuestión de tener más información, sino de tener mejor perspectiva.

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