¡A hombros de Gigantes!

El tiempo es limitado. Nuestras vidas son cortas, muy cortas. No encuentro mejor forma de alargar (o por lo menos de enriquecer) nuestra existencia que leer biografías y ensayos de quienes nos precedieron y mejoraron nuestro mundo. Cabalgar a hombros de gigantes es una excelente decisión. Aquí les dejo algunos de los míos y les animo a que cuando ustedes descubran uno de sus gigantes lo compartan con todos nosotros.

—Todos cometemos errores, es el precio que debemos pagar por nuestra libertad de elección y por tener un criterio propio. Estudia la Historia, desvela las ideas de los grandes hombres, cabalga a hombros de gigantes, gigantes como Jesús de Nazaret, Buda, Aristóteles, Sócrates, Séneca, Leonardo da Vinci, Michelangelo Buonarroti, Rafael Sanzio de Urbino, Nicolás Copérnico, Galileo Galilei, Isaac Newton, Diego Velázquez, Johannes S. Bach, Wolfgang A. Mozart, Mahatma Gandhi, Teresa de Calcuta, Louis Pasteur, Santiago Ramón y Cajal, Madame Curie, Ernest Shackleton, Hermann Hesse, Erich Fromm, Viktor Frankl, Stefan Zweig, Thomas A. Edison, Benjamin Franklin, Charles Darwin, Edward Jenner, Alfred Nobel, Walt Disney, Richard Feynman, Helen Keller, Ángel Sanz Briz, Oskar Schindler, Martin Luther King, Nelson Mandela, Andrew Carnegie, Henry Ford, Vicente Ferrer, Chun Ki—Won, Warren Buffett y decenas de miles de gigantes más, que ofrecieron su esfuerzo y excelencia para dejar un mundo mejor del que recibieron de sus padres. ¡Cabalgar a hombros de gigantes! —enfatizó Dale, a quien le encantaba la expresión— te evitará padecer, en tus propias carnes, errores que ya cometieron otros.

Viktor Frankl nació en Viena en 1905 en una familia de origen judío y murió en 1997. Fue neurólogo y psiquiatra. Internado en Auschwitz y Dachau entre 1942 y 1945, sobrevivió al genocidio nazi pero perdió a su esposa y a sus padres en los campos de concentración. Merece ser uno de esos gigantes por sobrevivir ayudando a los demás y contar al mundo lo ocurrido en su libro El hombre en busca de sentido. «El hombre puede ser desposeído de todo excepto de una cosa: la última de las libertades humanas, la libertad de escoger la actitud que uno adopta ante cualquier conjunto de circunstancias y de escoger su propio camino» (…) «Si logramos hallar algo por lo que merece la pena vivir, si logramos dar un sentido a nuestra vida, hasta el peor de los sufrimientos es soportable» . Ésas son admirables palabras suyas . Viktor Frankl se centró en la necesidad de que la vida tenga propósito y sentido, algo que la trascienda y saque a la luz nuestras mejores energías.

Dale hizo una prolongada y respetuosa pausa.

Hay que recordar a otra gigante, Elisabeth Kübler—Ross. Trabajó como psiquiatra, durante casi 40 años, ayudando a enfermos terminales a morir con dignidad. Nos enseñó que, en su lecho de muerte, las personas se lamentaban amargamente de dos cosas: no haberse reconciliado con algún familiar o amigo y no haber tenido la valentía de hacer más cosas. ¿Puede haber algo más triste que llegar al final de nuestra vida y encontrarnos cara a cara con la persona que siempre quisimos ser y en la cual pudimos habernos convertido? Nadie se lleva nada al otro mundo. Por eso, la gente suele arrepentirse más de lo que no ha dado que de lo que ha retenido. Cuando a alguien le comunican que, en unos pocos meses, se va a morir, se desmoronan sus viejos paradigmas, surgen a la superficie determinados valores dormidos y de repente las cosas materiales dejan de tener el valor que les conferíamos, por eso si recordáramos que nuestra vida es efímera y que no disponemos de tanto tiempo, actuaríamos concediendo más importancia a valores espirituales tales como la amistad y el amor.

Luis Allué Bellosta

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Es usted un gigante, don @Luis1

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