En breve grabaremos una nueva Conversación +D en la que estaremos los tres comentando sobre lo humano y lo divino.
Les propondré a mis ilustres compinches que reflexionen sobre el arte de pensar. ¿Qué pasa cuando dedicamos demasiado tiempo a pensar y nos cuesta actuar? ¿Cuanto más se aprende del proceso de toma de decisiones, más incrementamos la posibilidad de acabar en rumiación?
Tomar decisiones con poca información, con demasiada, métodos para el análisis, qué nos funciona a cada uno etc..
Hoy en día, al menos en mi caso, el único momento que tengo para pensar es en los torneos de ajedrez. Y sí, hay un reloj indicando el tiempo que te queda, pero una partida puede durar varias horas y hay silencio a tu alrededor, nadie te molesta, nadie te habla y por supuesto no hay móviles ni pantallas cerca. Claro está, el tiempo para pensar en la próxima jugada, no en otras cosas.
Fuera de esto no es más que la vida pasando a toda velocidad por encima de ti.
Creo recordar un podcast distópico en plena pandemia en el que alguno de ustedes comentó algo sobre un amigo o compañero, un tanto punki, de la universidad, que decía algo así como que pensar demasiado era una mala idea, porque podía dar lugar a pensamientos de lo más oscuro. No recuerdo muy bien la anécdota, pero creo recordar que fue de Arturo. O quizás lo he escuchado en algún otro ambiente y lo estoy mezclando por aquí. Si la memoria no me falla y el comentario fue de Arturo, le pediría que profundizara un poco sobre lo comentado por su colega de universidad.
En cuanto a la reflexión que plantean para el podcast, yo ya he apostado definitivamente por la navaja de Ockham y el principio de Pareto. Será que me estoy aburguesando, o que he comprobado empíricamente que en la mayoría de las ocasiones que he dedicado un exceso de recursos para llevar algo a la práctica, o tomar una decisión, no me ha rentado lo suficiente. Al final, uno tiene la sensación de que siempre quedarán determinadas incertidumbres que no podremos descifrar por mucho que demos vueltas alrededor.